Es una verdad universalmente reconocida, una constante que existe desde los tiempos de Adán y Eva y que acompaña desde la infancia hasta el final de los días. Una realidad que atraviesa tanto los países llamados avanzados como aquellos que todavía luchan por garantizar derechos fundamentales. Cambian las épocas, los lugares y las formas en que se manifiesta, pero para las mujeres permanece una misma exigencia, la de conquistar la libertad y ejercer el derecho a decidir sobre la propia vida.

Esta cuestión ha sido objeto de reflexión desde tiempos inmemoriales y la literatura ha desempeñado un papel fundamental en su representación. En este contexto, el teatro resulta especialmente eficaz, ya que no se limita a narrar una situación, sino que la hace visible mediante personajes, diálogos y espacios concretos. El espectador puede observar directamente las relaciones de poder y los conflictos que determinan la vida de los personajes.

Tres ejemplos significativos son La escuela de los maridos, de Molière, estrenada en 1661, El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín, publicada en 1806, y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, escrita en 1936. A pesar de la distancia temporal entre estas obras, las tres presentan, desde perspectivas diferentes, una sociedad en la que las mujeres se enfrentan a distintas formas de control y en la que su libertad se ve condicionada por las normas sociales, familiares y, en algunos casos, por la autoridad masculina.

En El sí de las niñas, Moratín critica los matrimonios concertados y la falta de libertad de las jóvenes. Doña Paquita debe casarse con Don Diego, un hombre mucho mayor que ella, por decisión de su madre, Doña Irene, aunque está enamorada de Don Carlos. Su silencio no constituye una verdadera elección, sino el resultado de una educación que le ha enseñado a obedecer. El «sí» de la joven puede parecer una manifestación de voluntad, cuando en realidad es el resultado de una imposición social y familiar.

Molière aborda una problemática semejante en La escuela de los maridos mediante la oposición entre dos hermanos, Don Gregorio y Don Manuel. Mientras Don Gregorio pretende controlar completamente la educación y el comportamiento de doña Rosa, su hermano adopta una actitud menos restrictiva con su esposa. A través de esta oposición, Molière cuestiona una educación basada en los celos, la desconfianza y la posesión, y muestra que doña Leonor, a traves de su rebeliones tiene sus propios deseos y es capaz de tomar decisiones.

El teatro aborda esta misma problemática en la trilogía de tragedias rurales de Federico García Lorca, formada por Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Estas obras muestran, desde distintas perspectivas, las limitaciones impuestas a las mujeres por la sociedad de su época. En La casa de Bernarda Alba, Bernarda impone a sus cinco hijas un luto de ocho años y controla estrictamente su comportamiento, sus relaciones y sus deseos. La casa se convierte así en un espacio de represión en el que las mujeres deben someterse a las normas familiares y sociales. Sin embargo, Adela, la hija menor, se rebela contra esta autoridad y reivindica su derecho a decidir sobre su propia vida. Cuando afirma «¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece!», rechaza la posibilidad de ser un simple simulacro, una figura que se mueve siguiendo los hilos de una sociedad que pretende decidir por ella. Su afirmación va más allá de la palabra, ya que reivindica su presencia y, sobre todo, su  cuerpo como carne, como una realidad física que siente, desea y actúa. Al llevar la carne femenina al centro de la escena, Lorca hace visible aquello que la sociedad de su tiempo pretendía mantener oculto y convierte el cuerpo de Adela en el espacio mismo de su rebelión.

A través de la lectura de estas obras y de la realidad que nos rodea, surge una cuestión que trasciende sus respectivos contextos históricos: ¿puede existir una verdadera libertad cuando la educación prepara a una mujer para obedecer antes que para decidir? Y, sobre todo, ¿hasta qué punto seguimos percibiendo hoy que la libertad de las mujeres está condicionada por la aprobación o la autoridad de un hombre?

Esta cuestión encuentra en las palabras de Moratín una respuesta especialmente significativa, ya que su crítica de la educación revela cómo la obediencia puede llegar a confundirse con una virtud.

«Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña; enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación […] y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.»

En este sentido, la asociación entre el silencio y la condición de esclavo resulta especialmente significativa; al denunciar una educación basada en el temor, la ocultación y la sumisión, Moratín pone de manifiesto la necesidad de romper con ese modelo. Frente al silencio impuesto, se plantea así la importancia de expresar los propios deseos, defender las propias ideas y participar activamente en las decisiones que afectan a la propia vida. No permanecer calladas se convierte, por tanto, en una forma de recuperar la propia voz y afirmar la autonomía.

Desde esta perspectiva, la educación puede convertirse en una herramienta de emancipación. No consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en proporcionar las herramientas necesarias para conocer los propios derechos, desarrollar un pensamiento crítico y tomar decisiones sobre el propio futuro. Educar significa, en este sentido, crear las condiciones para que una mujer pueda pasar de aceptar las decisiones de los demás a participar plenamente en la construcción su propia vida.

Bibliografía

Leandro Fernández de Moratín, El sí de las niñas, Elejandría, 1806.

Molière, La escuela de los maridos, Elejandría, 1661.

Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba, Elejandría, 1936.

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Angelica Ambrosini es estudiante de Lenguas y Literaturas Extranjeras en la Universidad de Bérgamo, Italia. Actualmente está de intercambio en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde está completando su trayectoria académica y profundizando en el estudio de la lengua y la literatura hispanoamericana y norteamericana. Su mayor pasión ha sido siempre la lectura, aunque últimamente está descubriendo el valor de ponerse al otro lado de la página y tomar la pluma para dar forma a sus propias ideas y encontrar su voz a través de la escritura.  ambroangi@gmail.com

Angelica Ambrosini

Estudiante

Angelica Ambrosini es estudiante de Lenguas y Literaturas Extranjeras en la Universidad de Bérgamo, Italia. Actualmente está de intercambio en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde está completando su trayectoria académica y profundizando en el estudio de la lengua y la literatura hispanoamericana y norteamericana. Su mayor pasión ha sido siempre la lectura, aunque últimamente está descubriendo el valor de ponerse al otro lado de la página y tomar la pluma para dar forma a sus propias ideas y encontrar su voz a través de la escritura. ambroangi@gmail.com

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