(A Paola Torres)
En mi viaje a la India a fines de noviembre y principios de diciembre de 2025, me llevé varios libros sobre el tema: Vislumbres de la India, de Octavio Paz, Un bárbaro en Asia de Henri Michaux, La India literaria, una antología de la editorial Porrúa e Imagen de la India de Julián Marías. Y otros que extravié: de Alberto Moravia, Chantal Maillard, Ramón Panikkar, El pensamiento de la India de A. Schweitzer, V.S.Naipaul, Pasaje a la India de E.M. Forster (vi el film), Mircea Eliade, entre otros.
En Nueva Delhi evoqué la ciudad jardín y el árbol nim (planta medicinal parecida al fresno de México), donde Octavio Paz se casó, bajo su sombra, con Marie-José. (Decía el poeta que en la India había vuelto a nacer). Durante su estadía, mientras fue embajador de México, de 1962 a 1968, renunció cuando su gobierno, de Gustavo Díaz Ordaz, el 2 de octubre de 1968, cometió la llamada masacre de Tlatelolco, en la plaza de las tres culturas, hecho que empañó la celebración de los Juegos Olímpicos. En la India, Paz escribió buena parte de su obra literaria más lograda, robusta y luminosa, tanto poética como ensayística: Hacia el comienzo (1964-68), Viento entero (1965), Blanco (1966),Topoemas y Discos visuales (1968) y Ladera este (1962-68), en poesía; Cuadrivio (1965), Los signos en rotación (1965), Puerta al campo (1966), Corriente alterna (1967), Claude Levi-Strauss o el nuevo festín de Esopo (1967) y Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968). En esa etapa escribió muchas cartas, por lo que su correspondencia con amigos escritores, editores e intelectuales, fue muy productiva y notable. Se destacan: Memorias y palabras: cartas a Pere Gimferrer (1966-1997), Cartas cruzadas. Octavio Paz y Arnaldo Orfila (1965-1970), Cartas a Tomás Segovia (1957-1985), Jardines errantes. Cartas a J.C. Lambert (1952-1992), Al calor de la amistad. Correspondencia con José Luis Martínez (1950-1984) y El tráfago del mundo. Cartas a Jaime García Terrés (1952-1986). En la India, Paz no sólo se enamoró de su arquitectura, de tipo islámico (mezquitas, mausoleos y minaretes), sino también de su poesía, sus religiones, sus filosofías, su arte y su espiritualidad. Asimismo, de sus jardines, monumentos, ruinas, fauna, flora y religiosidad popular. En Ladera este, poemario de homenaje y celebración de su experiencia en la India, se vislumbra la presencia de símbolos y objetos, atravesado por la visión sagrada y circular del tiempo petrificado y simultáneo: el silencio, los pájaros, los árboles, el jardín, la fijeza, el movimiento, el espacio y el instante. El uso de la técnica del simultaneísmo y la superposición de planos temporales en el espacio de la página, como en los poemas de largo aliento, y de encabalgamientos como en Viento entero, Vrindaban, Lectura de John Cage o Carta a León Felipe. Juegos de palabras y de sentidos, juegos de silencios y de sonidos, juegos de tiempos y de espacios: en esta obras poéticas, los versos se aparean y se separan, buscando ritmos y sentidos. La poesía busca la música: ambas se hermanan y abrazan. El día, la hora y la noche se entrelazan en un mosaico de signos. El cuerpo y el ser, el yo poético y la otredad escuchan los ecos de las palabras, en un concierto sinestésico de los sentidos. Dice Paz:
Yo dibujo estas letras,
como el día dibuja sus imágenes
y sopla sobre ellas y no vuelve
En Ladera este leemos, poemas odas y elegías, como Tumba de Amir Khusrú, El mausoleo de Humayun, Himachal Pradesh, Udaipur, Golden Lotuses, Utacamud, Cochin, Madurai, Herat, Tangi-Garu. El poema breve y el poema extenso se nutren y alimentan de descripciones, miradas, sonidos, colores y silencios. La música sirve de teatro de fondo y la poesía de tiempo, que se instala en el presente y el instante.
Sin embargo, los libros Vuelta (1969-1975) y El mono gramático (1970), pese a no ser escritos durante su estadía diplomática en la India, poseen el aliento, la magia, el hechizo, la impronta y las imágenes de su experiencia sensorial y sensible de la cultura india. Es decir, del pensamiento, la estética, las creencias y las religiones de la civilización india: la influencia del budismo, el tantrismo, el hinduismo. Paz bebió de esas fuentes mágicas del pensamiento indio, del que abrevó para articular su discurso poético y filosófico. A las plantas y árboles, Paz vuelve y regresa en su obra poética posterior: al nim, a la magnolia, al fresno, a la higuera. Así, su poesía está poblada de árboles: de bosques y de jardines.
En su residencia en Delhi, Paz recibió notables amigos como a Julio Cortázar (allí Cortázar corrigió las primeras pruebas de Paradiso de Lezama Lima), a Henri Michaux, a Rufino Tamayo o a Teodoro González de León. Desde la India, Paz realizó viajes a otras regiones y países como Ceilán (hoy Siri Lanka), Pakistán, Afganistán, Camboya o Nepal, que aparecen en poemas y cartas como materia de inspiración: en descripciones, estampas, postales o en notas en Ladera este y otros libros, de su estadía en tierras de Oriente y en recreaciones poéticas posteriores. Lo vemos hacer pinceladas líricas en viajes en trenes, en buses, en coches, a pie, en aviones, o en lugares como bares, hoteles, cafés o restaurantes. Lo hacía con admirable precisión, sutileza y gracia verbal, con trazos intensos, instantáneos y vívidos. En la India, Paz estuvo más fascinado por su silencio, sus jardines, su arte, su filosofía y sus creencias, que por sus gentes. Su esposa, Marie-José, desde su descubrimiento y nupcias, en la India, se convirtió en el centro de gravedad de su vida amorosa: sirvió de inspiración como materia de creación poética. De ahí que la llame “Esplendor”, en El mono gramático, y que esté presente desde Viento entero hasta Árbol adentro (que abarca poemas de 1976 a 1988). Desde 1964 hasta su muerte, en 1998, Paz y Marie José no se separaron nunca: fueron amor y erotismo. En 1993, Paz escribe su libro La llama doble. Amor y erotismo, y en 1995, Vislumbres de la India: dos obras que son el origen y la consagración del amor hacia su mujer. Amor y pasión que nacieron en la India, y de ahí que representen una suerte de homenaje y celebración a su amor-pasión por el amor de su vida madura y de su amor otoñal. Marie José no está aún en Ladera este, pero sí aparece en Hacia el comienzo, en Blanco y en El mono gramático, donde ocupa un espacio constante, central y protagónico. Por eso la cita, nombra, evoca, invoca, contempla, viajan, ríen y hacen el amor.
La obra oriental de Paz es un diálogo con el misticismo y la metafísica orientales, un reflejo de su deslumbramiento y su contemplación de la vida social, religiosa y natural. Fascinado por los jardines de la India, como centro del misticismo sufí, en Paz es experiencia contemplativa, que nutrió su obra poética: su experiencia sagrada, estética y espiritual. Por eso, uno de sus últimos libros de poesía se titula Árbol adentro. Paz solo creía en el presente como origen de todo lo existente, pues el pasado y el futuro no existen en su imaginario. Y lo expresa en su verso que es el leit motiv del poema Viento entera, y que reza: “El presente es perpetuo”. Con el presente, el poeta niega el tiempo y la historia, es decir, niega el tiempo histórico. Para Paz, el presente es una experiencia del estado de contemplación del tiempo, una experiencia en sí misma, que pone en crisis el trabajo y la acción, no así el juego. El tiempo es así una fuente acuática de inspiración poética y una interpretación del tiempo de la historia. En efecto, el tiempo depara en una metáfora espiritual contra la utopía, que dominó la era moderna del futuro como morada de la revolución socialista. Es decir, contra la idea de la utopía de la transformación revolucionaria de la sociedad, contra el mito de una nueva sociedad más justa y sin clases sociales y también contra el mito del pensamiento judeo-cristiano de la vida eterna y del Juicio Final.
La presencia de la India en Paz fue persistente. Su estancia fue parte de su educación sentimental y espiritual. De su periodo indio, aprende a fusionar el yo y la naturaleza, el instante y lo temporal, ya alejado de las influencias desbordantes y desmesuradas del surrealismo de La estación violenta (1948-1957) o de ¿Águila o sol? (1949-50). Se hace más sobrio, seco, breve, mesurado y calculado, ante los experimentos anteriores con el sueño, el azar, el caos, las fantasías oníricas y las ensoñaciones de la conciencia, heredadas del surrealismo y de su estancia en Francia. Abandona la búsqueda de fantasías en el pasado y en el futuro: se afinca en el presente perpetuo y fijo, y asume la idea de la fijeza como movimiento momentáneo, como lo expresa en El mono gramático. La India seduce a Paz, pese a su caos, su silencio y su misterio: cae rendido ante la tentación espiritual de la India. Amor y poesía van a confluir como corrientes luminosas. Conjunciones y disyunciones, la India milenaria, mágica y misteriosa irradia espiritualidad, erotismo y misticismo. La India representó una revelación espiritual que alimentó su poesía y su pensamiento estético. Significó, además, una “búsqueda del presente” y un descubrimiento del movimiento temporal del cosmos oriental y del infinito indio. Es decir, un latir poético que reverbera como nervio óptico de su obra poética posterior a los años sesenta.
En el pensamiento paciano sobre Oriente y la India, hay una renunciación al yo y una pérdida de identidad, pues el yo se desprende como experiencia espiritual para alcanzar la liberación (moksha). En el tantrismo budista y tibetano, que asume y metaboliza, se persigue la iluminación, en que se ve a Dios como un concepto o idea, o una identidad del “que hay que desprenderse para acceder a un estado superior de la experiencia espiritual”. En el pensamiento tantrista del budismo no hay pues un yo ni un tú, o sea: ni un Dios ni una acción de amor. Solo hay una búsqueda de sabiduría a través de la contemplación, la compasión y la meditación transcendental. Es decir, no hay sujeto ni acción ni objeto, ya que los tres son una misma cosa, a lo llaman vacío (o Sunyata). Todo es vacuidad, incluso la conciencia misma.
En el poema Viento entero y en Vislumbres de la India, Paz menciona, en varias ocasiones, a Shiva (el dios destructor y protector) y a Parvati (esposa de Shiva), que habitan en el Monte Kailash de los Himalayas, lugar sagrado para budistas, hinduistas y jaimistas. Tanto el misticismo como el tantrismo son filosofías paganas o religiones sin dios y sin dioses. Del tantrismo, Paz extrae su componente erótico, y de ahí que su poética se lee como una erótica del lenguaje; es decir: un ejercicio espiritual que busca la autorrealización antes que el placer puramente carnal. De esa experiencia, Paz, en Hacia el comienzo, incluye un poema titulado Maithuna, que es la unión sexual tántrica y sagrada. Así pues, el erotismo, en el poeta y ensayista mexicano, se transforma en una práctica poética y en una experiencia estética, incluso en las relaciones eróticas con su pareja Marie José. El tantrismo, por tanto, deviene en poética erótica del lenguaje.
A mi juicio, la India le dio a Paz una nueva visión del mundo: supuso una transformación espiritual, y sobre todo, una concepción circular y cíclica del tiempo. Vivir en la India fue para él apropiarse de un universo espiritual, filosófico y estético, que representó la asunción de un estado de felicidad supremo, pues encontró el amor de su vida, el amor buscado y encontrado, que alimentó su obra literaria y revitalizó su imaginación. Descubrió así un no nuevo laberinto de la soledad, sino la comunión con el lado sagrado y espiritual del erotismo y de la vida. Así pues, halló la pareja divina como imagen de la felicidad terrenal y de la condición humana. La india, por otro lado, transformó su concepción de la idea de progreso occidental como cambio positivo y ascenso espiritual. En la India descubrió otra verdad, que vio en su arte y en su cultura. Transformó su visión antropológica y su conciencia ontológica, su mirada sobre lo humano y lo universal, su percepción sobre los dogmas, la realidad material y carnal. En suma, la india enriqueció su existencia y su conciencia: nunca la abandonó, ni él a ella. La India lo persiguió desde Blanco y Hasta el comienzo pasando por Vuelta hasta consumarse en Árbol adentro. La sombra y la luz de Shiva, Vishu, Kali y Parvati siempre lo acompañaron.
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