A cien años de su nacimiento, Minerva Mirabal sigue revelando capas. La figura que el imaginario dominicano consagró como símbolo de resistencia antitrujillista tenía también manos de pintora y de escultora, una sensibilidad que transitó del impresionismo a la abstracción, y una vocación artística que ni el encarcelamiento logró apagar. Esa es la Minerva que el Centro Cultural Banreservas Santiago puso en el centro del debate esta semana, a través del conversatorio y la exposición "Un siglo: la dimensión artística de Minerva Mirabal", organizada junto a la Fundación Hermanas Mirabal.

Una artista formada desde los 12 años, en las aulas de la disidencia

Emelda Ramos Taveras, directora de la biblioteca del Museo Hermanas Mirabal y
representante de la Fundación de las Mariposas; Abil Peralta Agüero, consultor cultural; y Guadalupe Casasnovas, curadora y museógrafa; durante sus intervenciones en el conversatorio “Un Siglo: La Dimensión Artística de Minerva Mirabal”, celebrado en el Centro Cultural Banreservas Santiago.

El punto de partida es la escuela Ojo de Agua, en Salcedo, dirigida por religiosas de pensamiento liberal. Allí, con apenas doce años, Minerva comenzó a desarrollar sus habilidades en pintura y escultura, en un entorno pedagógico que, paradójicamente, ya sembraba en ella la semilla del pensamiento crítico que más tarde la llevaría a enfrentar a Trujillo.

Abil Peralta Agüero, consultor cultural y uno de los panelistas del conversatorio, junto a la curadora y museógrafa Guadalupe Casasnovas y Emelda Ramos Taveras, directora de la biblioteca del Museo Hermanas Mirabal, analizaron esa evolución creativa como un proceso coherente: no una afición marginal, sino una práctica sostenida que acompañó toda su vida adulta.

La muestra reúne dieciséis obras de autoría de Minerva —muchas de ellas inéditas hasta este año—, entre pinturas florales que los especialistas leen como metáforas de la permanencia de la vida, esculturas dedicadas a su amiga Altagracia Cabral (Sina) y a su hija Minou, y piezas inspiradas en figuras clásicas como Diana cazadora.

Del impresionismo a la abstracción: una trayectoria con conciencia

Lejos del retrato unidimensional de la heroína política, la exposición revela a una mujer que seguía de cerca las corrientes vanguardistas europeas de mediados del siglo XX. Sus obras transitan del paisaje y la escena costumbrista al retrato íntimo, con una evolución estilística que los curadores sitúan entre el impresionismo y la abstracción. Esa curiosidad intelectual por el arte contemporáneo de su época no es un dato menor: habla de una mujer conectada con el mundo en un país que Trujillo mantenía aislado y vigilado.

Crear desde la cárcel: el arte como acto de resistencia

Uno de los hallazgos más significativos que emergió del conversatorio es que Minerva no abandonó su compromiso creativo ni durante su reclusión en La 40, la temida cárcel del régimen trujillista. Los especialistas subrayaron que incluso en ese contexto de represión extrema, sus creaciones siguieron siendo un ejercicio de dignidad humana.

Es un dato que reencuadra la narrativa habitual: Minerva no solo resistió políticamente; resistió también desde la sensibilidad, desde la materia, desde la forma.

El único retrato pintado en vida y las cartas a Manolo

Entre las piezas más significativas de la muestra figura el único retrato realizado en vida de Minerva Mirabal, obra del artista Pedro Pascual. Su rareza lo convierte en un documento histórico tanto como en una pieza artística.

La exposición incluye además cartas personales dirigidas a su esposo, Manuel Tavárez Justo (Manolo), fundador junto a Minerva del Movimiento Clandestino 14 de Junio en 1959. Esas cartas, junto a documentos que evidencian su admiración por las vanguardias europeas, completan el retrato de una mujer cuya vida interior era tan rica como su acción política.

Vale recordar que una de sus pinturas, el Bodegón de 1949, tuvo un periplo propio: regalada a una amiga de infancia, viajó a Madrid y luego a Nueva York, regresó a Santiago durante la pandemia y fue adquirida y restaurada por Samuel Pereyra, presidente del Consejo de Administración de Refidomsa, quien la donó en febrero de 2026 al Museo Hermanas Mirabal en Ojo de Agua, Salcedo.

Una deuda histórica que el centenario empieza a saldar

La pregunta que sobrevuela la exposición es incómoda: ¿por qué tardó un siglo en exhibirse esta dimensión de Minerva Mirabal? La respuesta apunta a los mecanismos de la memoria colectiva: los países tienden a reducir a sus mártires a una sola función simbólica, y esa simplificación, aunque comprensible, empobrece el legado.

El centenario de su nacimiento —el 12 de marzo de 2026 se cumplieron cien años— ha abierto un ciclo de revisión más honesta. La exposición en el Centro Cultural Banreservas Santiago, instalado en el histórico edificio del antiguo Hotel Mercedes de Santiago de los Caballeros, es parte de ese proceso: no una celebración institucional más, sino un ejercicio de recuperación de una subjetividad que la historia oficial había dejado en segundo plano.

La muestra permanece abierta al público en Santiago.

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