Treinta años han pasado desde que la Fundación Eduardo León Jimenes, en 1995, encendiera su primer fuego de impulso cultural. Ocho años después, abrió al público su obra más emblemática, el Centro León, que se alzó como faro de arte, educación e identidad nacional. Hoy, más que un centro de artes, es un vigía de memoria y creatividad, un corazón que late con fuerza y proyecta su luz sobre toda la República Dominicana.
Hablar de la Fundación y del Centro León es recorrer un territorio donde la nación se contempla en su historia y dibuja su futuro. No es solo un edificio ni una colección: es un aliento que se expande, un pulso que recorre la tierra. Allí conviven el barro antiguo y la pintura contemporánea, la voz popular y el gesto académico, la raíz y la proyección, en relatos que enseñan que la dominicanidad es mezcla de historia, paisaje, memoria social y deseo de porvenir. Cada exposición es un diálogo con el tiempo: lo que fuimos, lo que somos y lo que aspiramos a ser como país.
El Centro León late con vocación educativa. Niños, jóvenes, artistas, investigadores y familias encuentran allí un espacio donde la cultura no excluye, sino que abraza, invita y convoca. Talleres, visitas guiadas, conferencias, conciertos y programas comunitarios transforman el arte en experiencia viva, chispa de imaginación, semilla de pensamiento y puente entre generaciones. Son muchos los artistas y jóvenes que han transitado por sus salas y programas y que hoy triunfan no solo en nuestro país, sino también en el mundo; ejemplos tenemos muchos, y ese es el fruto más tangible y la mayor satisfacción de la visión que inspira la Fundación.
Pero ninguna luz brilla sin quien la cuide. En ese sendero, la Dra. María Amalia León ha sido custodio y guía. Sostiene la misión como quien protege una llama en medio del viento, la alimenta sin que se extinga, la deja crecer sin que se desborde, y la proyecta hacia nuevos horizontes sin apagar la memoria. Su liderazgo es suave y firme al mismo tiempo: se percibe en cada decisión, en cada gesto, en la formación de un equipo donde museógrafos, educadores, investigadores y gestores transforman la institución en organismo vivo, un cuerpo que respira al ritmo del país.
Que esta llama siga encendida, que continúe iluminando la cultura y la identidad de nuestro país, y que inspire a nuevas generaciones de artistas, soñadores y ciudadanos
Nada de esto sería posible sin el mecenazgo que sostiene al Centro León a través de la Fundación. No es solo financiamiento: es filosofía hecha acción. Es entender que la empresa puede dialogar con la sociedad desde la ética, la educación y la responsabilidad simbólica. La visión de José León Asensio marcó el camino, y hoy María Amalia León lo prolonga: traduce la historia en presente, la memoria en proyecto, la tradición en poesía viva.
Dentro de esta visión destaca el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, una de las iniciativas privadas más relevantes del Caribe, que ha impulsado generaciones de artistas, encendido la investigación, la experimentación y el pensamiento crítico, tanto en las artes visuales como en la literatura.
Al llegar a los 30 años, la Fundación no solo celebra tiempo: celebra sentido. Treinta años de amor por la identidad, de compromiso con la cultura y de pensamiento social profundo. Es una conmemoración de la luz que no se apaga, del fuego que se transmite de mano en mano, de la historia que se protege para que el futuro pueda seguir soñando.
La Fundación se afirma como conciencia cultural del país. Celebra junto a la nación una obra que ya forma parte de su patrimonio moral e intelectual, un espacio donde la memoria despierta y el futuro se ensaya.
Y mientras la Fundación cumple tres décadas, su Centro León se expande como llama buscando su primer fuego. Pronto llegará a la Ciudad Colonial, al origen de nuestra historia, para dialogar la memoria fundacional con la creación contemporánea, unir la primera piedra con la imaginación del presente y encender la cultura desde la raíz hacia el horizonte.
Porque allí, en cada sala, en cada gesto y en cada mirada, la llama que encendió la memoria sigue iluminando al país. Y María Amalia León, como guardiana de esa luz, nos recuerda que la cultura no solo se conserva: se comparte, se proyecta, se siente en el corazón y nos define, con todo su fulgor, como nación.
Hoy, al celebrar estos 30 años de luz, de memoria y de creación, felicito de corazón a la Fundación Eduardo León Jimenes, al Centro León y a todas las manos y corazones que los han hecho posible, especialmente a la Dra. María Amalia León, por su visión, sensibilidad y liderazgo. Que esta llama siga encendida, que continúe iluminando la cultura y la identidad de nuestro país, y que inspire a nuevas generaciones de artistas, soñadores y ciudadanos a seguir caminando con pasión, creatividad y amor por la patria. ¡Felicidades por tres décadas de historia viva, de memoria que no duerme y de futuro que se ensaya!
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