"No nos deslumbre el poder ajeno: el poder es siempre efímero" (P.H.U.)
Pedro Henríquez Ureña era profesor de secundaria cuando el 11 de mayo de 1946 le sorprendió la muerte mientras viajaba en tren desde Buenos Aires a La Plata. Iba a bordo de un vagón camino a la docencia en el "Colegio Nacional de La Plata". El ferrocarril hubo de continuar su trayecto hasta la próxima estación con el cuerpo sin vida del dominicano.
A pesar de tratarse de un deceso por causas naturales, fue trágico suceso para su familia y para una amplia red de amistades continentales, unidas en duelo por la inesperada partida de inmenso intelectual y modesto ser humano.
Su imagen acompaña a diario a los dominicanos en el billete de quinientos pesos; sin embargo, la celebración, el próximo lunes, del octogésimo aniversario luctuoso de ese viaje de enseñanza, metafóricamente infinito, tendrá corta recepción local.
En este mayo sus compatriotas centran su atención en el proceso judicial que conoce en fase de instrucción la tragedia del Jet Set. El hecho ocurrido en 2025 ha sido un duro golpe contra la dignidad colectiva, por el hecho negligente en sí mismo. La actitud posterior de los responsables y la ordenanza de una pericia por el juez de instrucción profundizan el estado de confusión.
La cátedra de don Pedro configura una unidad de valores superiores al conocimiento técnico. Muchos escolares conocen el poema "Mi Pedro", escrito por su madre Salomé Ureña de Henríquez (1850-1897), de los textos de la educación primaria. Pocos conocen su periplo vital, esto es, cómo el pequeño en los versos de la madre se convirtió en el gran humanista americano.
El tablero magisterial de Henríquez Ureña emancipa de la sensación de asfixia moral a personas y a grupos sociales. Con esa expresión calificó el propio Pedro la causa de la muerte del puertorriqueño Eugenio María de Hostos en 1903, ocurrida en nuestro suelo, cuando era el primero un joven, desde entonces interesado en la condición humana.
Tanto tiempo después, este juicio de instrucción enrarece el ambiente. A causa del manejo poco civilizado de un negocio privado, 236 personas perdieron sus vidas, más de un centenar recibieron lesiones y aproximadamente 130 niños resultaron huérfanos, de uno o ambos padres.
El testimonio de pasado empleado del Jet Set Gregory Adames, los videos y notas de voz obtenidos y calificados mediante minuciosa edición por la periodista Camila García, y el estoico testimonio de los sobrevivientes, a criterio del ciudadano promedio, señalan las causas inequívocas del irreparable daño. Aun así, el juez de la instrucción ordenó pesquisas para investigar un presunto sabotaje. Su duda dejó sin oxígeno a la comunidad nacional.
El tren de pensamiento humanístico de don Pedro por la historia americana nunca se ha detenido, gracias al tesonero esfuerzo de estudiosos de su impronta, centinelas de su legado. A pesar de eso, el dominicano común ha quedado distanciado de las enseñanzas de esa figura simbólica que resguarda nuestras finanzas personales, en un delicado simbolismo, en el billete de quinientos pesos.
Las personas retratadas en ese papel moneda imponen una emoción abstracta. Representan lo más excelso de la sociedad civil dominicana. Su honorabilidad se impone contra toda barbarie (incluidas las graves faltas en la administración de un comercio). Desde la niñez hasta ese día en plena travesía de instrucción, persiguió saberes universales para abonar su utopía.
Era egresado como abogado de la Escuela de Jurisprudencia, hoy Universidad Nacional de México (UNAM). Pensador integral, atendió a otro llamado: dedicarse a la enseñanza básica de filosofía, letras y otras disciplinas humanísticas para ser mentor de autores, maestros, profesores, escolares, universitarios y obreros.
La brutalidad del caso Jet Set, entre otras circunstancias presentes, reclama el arribo de la locomotora de don Pedro a nuestros liceos, escuelas, hogares, talleres politécnicos y barrios. Su ideario de la dominicanidad racional y sensible es una estación de alta e indestructible cúpula moral.
Con todo, la elegante decisión adoptada por el Banco Central de la República Dominicana, al colocar su retrato en el papel moneda, conforme las recomendaciones del intelectual y apreciado maestro universitario de sociología de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), José Alcántara Almánzar, suele acompañarse de una admisible curiosidad de personas comunes:
¿Por qué ese señor tan sabio y tan bueno estaba tan lejos y no era maestro en un liceo de Santo Domingo?
El temperamento indómito de las víctimas del Jet Set y sus parientes demuestra, una vez más, que la verdadera patria dominicana tiene sede en las casas de la familia. Sin embargo, el desconocimiento nos separa de la enseñanza del educador continental.
Para vencer esa distancia hace quince años subí al vagón de los estudios pedristas leyéndole. Tan alta ha sido la motivación de su espíritu, que el 80.º aniversario del fallecimiento de don Pedro encuentra a Poncho Morado Films, nuestra casa productora familiar, persiguiendo la estela de humo blanco.
Bajo la dirección de quien escribe, este mes nos encuentra en estación de rodaje del primer largometraje sobre la vida y obra de Pedro Henríquez Ureña, intitulado "Mi Pedro". En el billete de quinientos pesos, don Pedro aparece junto a su madre, Salomé Ureña de Henríquez, autora del poema homónimo de la película en producción y su mentora en la lucha por la justicia social.
Mientras concluimos el proceso compartiremos un fichero en las redes sociales de Poncho Morado Podcast, con obras de don Pedro y de estudiosos pedristas publicadas por Editora Cielonaranja, el Ministerio de Cultura, el Banco Central de la República Dominicana, la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), el Fondo de Cultura Económica de México, entre otras fuentes, para principiantes.
El hombre de la papeleta verde proclamó: "El ideal de justicia está antes que el ideal de cultura: es superior el hombre apasionado por la justicia al que solo aspira su propia reflexión intelectual" (P.H.U., "La utopía de América", 1922).
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