Eugenio María de Hostos se auscultaba a sí mismo, como si el curso de su vida fuese un surco donde estuviera labrando su propia conciencia; formándose a sí mismo, sembrándose a sí mismo por dentro para luego, potenciado con esos recursos, hallarse en la condición germinal de poder sembrar algo útil en los demás.

Ese permanente estado embrionario de la conciencia es un elemento fundamental observado por Juan Bosch en la vida de Hostos y que, tal vez, fue un factor relevante que lo llevó a titular la biografía de este personaje Hostos el Sembrador.

En estos fragmentos de esa obra, Bosch observa a Hostos y nos permite observarlo en su dimensión interior, hacia adentro, tratando de auscultarse en su espíritu y carácter a fin de entender y tratar de influir en los acontecimientos externos que lo agobian:

«El año 65 encontró a Eugenio María debatiéndose entre penurias económicas y disimuladas luchas de conciencia. Lentamente, sin que apenas se notara, se iba creando en España un clima propicio a nuevas esperanzas. La juventud se agrupaba en torno a los hombres de la Universidad y del Ateneo.»

«Se estaba iniciando el mes de abril del 65. Hostos veía el ir y venir de los mozos como cosa juvenil, sin mayor trascendencia. A la postre, pasaría la ebullición y todo quedaba igual.

¿No habían tolerado el abuso del despido de Castelar solo porque dijo lo que le pareció bien? ¿No habían sufrido pacientemente el mayor de despojar de su cargo al Rector, por actuar según su conciencia?»

En otro segmento, Bosch ubica a Hostos años después, en un proceso de ahondamiento de su conciencia crítica:

«Va finando el año. Dentro de poco, el 1870 traerá su carga de ignorados acontecimientos. Al calor de los días, madurándose con su paso incesante, la vida de los hombres y de los pueblos se forja en oscuras entrañas. ¿Le tocará al nuevo año ver el fin de España en América? ¿Traerá acaso la temida anexión de Cuba a la Unión Americana?

Hostos medita. Bravo es el frío afuera, y esta habitación al patio apenas abriga. Cuba, Puerto Rico… Es triste que la emigración se haya ido rindiendo a las intrigas, a las pequeñeces provocadas por unos y por otros, mientras en el campo de batalla los combatientes luchan con sordo heroísmo por no dejar a medias la gran obra.»

Son muchas las preguntas de Hostos en ese proceso de definición de sí mismo y de su actitud ante los acontecimientos. En 1871, en Lima, vemos a un hombre agitado, perturbado, totalmente abstraído del medio exterior, que vive siempre «entre el dolor y las ideas» cuando piensa, lee, escribe y habla. «Cuando hago algo que corresponde a mi pensamiento…»

«Ayer y hoy han sido dos días de agitación. Siempre entre el dolor y las ideas. He escrito una revista en que siento claramente mi independencia del periódico. Cuando hago algo que corresponde a mi pensamiento, todo me parece perfectamente natural: me olvido de los hombres, sus intereses, sus hábitos, su frialdad para todo lo que puede oponerse a sus proyectos.» (Diarios, tomo II, miércoles, 5 de julio del 71).

Desde el inicio de sus años de estudios de Derecho y Filosofía y Letras en 1858, cuando ingresa en las Facultades de la Universidad Central de Madrid, el propósito de Hostos es fortalecerse intelectualmente, más que ser abogado, y para lograr su meta se propone alternar las tareas de cambiar de ambiente yéndose al campo («Sigo pensando en mi ida al campo») y cumplir un plan de trabajo con tres tipos de actividades: estudiar, realizar ejercicios físicos y alimentarse.

Sin embargo, de esas tareas, el estudio es la principal: su salvación intelectual.

«¡El estudio, el estudio! Esa es mi salvación, porque es el enfrenamiento de la fantasía; la perseverancia de la voluntad en un propósito; la tranquila lucidez del entendimiento. ¡Ah! ¡Si yo logro aprender a estudiar! Cuando, dirigida por la experiencia, rehace mi memoria lo pasado, ¡qué claramente descubro el origen de mis males! ¿No es posible, conociéndolos, curarlos? ¡Ah, voluntad, dame tu impulso!»

En Hostos forjarse una personalidad era una preocupación constante y tras esa meta no había momentos en que él no tratara de conocerse a sí mismo en la relación entre estudio, lenguaje y pensamiento.

En su vaivén en esa tríada, he aquí la síntesis del proceso de la formación de su conciencia: «¿Por qué me ha de faltar para leer pensando, y desarrollar mi espíritu estudiando?»

En su angustiante búsqueda del fortalecimiento intelectual, de una conciencia forjada a través de los estudios y la reflexión, vale la pena destacar el recurso de la lectura y la escritura de máximas, las cuales Hostos llama «estímulos»:

«ESTÍMULOS. — Estímulos es el nombre genérico que he dado a las máximas que voy a copiar. De la fuerza que tengan no es buen indicio el olvido en que las dejo caer; pero como precisamente para tenerlas siempre delante de los ojos exteriores las escribí, confío en que sus efectos serán más seguros que la enervante predicación secreta de la facultad de donde emanan.» (octubre 2, 12¼ h noche).

Una máxima es un pensamiento fuerte encerrado, comprimido, en una proposición simple o compuesta.

He aquí desgranadas las principales máximas:

—Sé económico para ser digno.
—Lo infinitamente pequeño es lo infinitamente grande.
—Si aceptas el mundo, tienes obligación de ser hombre de mundo.
—La madre de ese hombre es la voluntad.
—La voluntad es todo el hombre social.
—Si no tienes voluntad, no serás nada, aunque tengas alma de Dios.
—Elige entre tu voluntad y una pistola.
—El suicidio es una debilidad; pero es un crimen el no ser hombre útil.

Hostos es un analista y un intérprete de las máximas que lee y copia y un orfebre de su reelaboración. Su arte abarca esos dos planos, ordenando y jerarquizando las máximas a través del trabajo de alineación del lenguaje y el pensamiento.

En la reflexión sobre sí mismo a través de la máxima, vemos en obra el operar de su conciencia: «Estos seis pensamientos son manifestación de esta idea: Tengo que ser hombre en el mundo y para ello necesito voluntad. Tres de ellos forman un silogismo perfecto, cuya consecuencia me dice terminantemente que la fuerza que busco es la voluntad. Las otras tres máximas son corolarios exactos. La quinta y la sexta expresan compendiosamente mi pensamiento, mis vacilaciones y mis congojas de muchas horas, de muchos días, de muchos años de lucha sorda.»

En el orden de su discurrir, destaca cuatro máximas:

Cumple con todos tus deberes y gozarás de todos tus derechos.

Tu primer deber es ser hombre: no lo cumplas, y llevarás contigo tu muerte.

Tu primer derecho es el de gozar de la armonía de tu ser con todo lo que existe.

Perfecciónate, es decir, sométete al deber, y la armonía será.

Luego, reinterpreta inquiriendo, preguntando sobre los sentidos y las formas de las máximas:

«El octavo pensamiento es un estímulo efectivo que al paso que me demuestra [destruido] la habitual de mi pensamiento, me denuncia el vacío que separa mi realidad de mi ideal. La máxima novena manifiesta mi aspiración y mi convicción constante: el hombre doblegando lo rígido, lo áspero, lo malo de sí mismo, elevándose, perfeccionándose, ese es mi objetivo. La muerte del sentimiento, de la acción, de la facultad intelectiva, ese es el castigo que me impongo.

La máxima novena es fórmula del porvenir que me auguro, con que sueño si llego al desenvolvimiento completo de mi espíritu. Que perfección no es otra cosa que cumplimiento del deber y que este es la armonía, dice la máxima décima, fotografiando mi pensamiento que hace ya mucho tiempo que se ha detenido en ese imponente juicio de la vida humana.

Al copiar estas máximas y hallarlas tan conformes con mis creencias, mis sentimientos y mis deseos, me pregunto confundido estas dos cosas. Primera: ¿Cómo es que quien tan altamente ha colocado su ser moral, camina tan despacio? Segunda: ¿No me equivoqué anoche al decir que estos pensamientos eran producto de un acto de imaginación cuando tan exactos reflectores son de mi alma toda?»

Hostos es pertinaz en dar al razonamiento tomado de otro un perfil propio y aplicable a su situación a fin de perfeccionar su carácter:

«Sé pequeño para ser grande; lento para ser rápido; diligente para serlo todo. Sé ordenado para ser exacto; metódico para gozar del tiempo; económico para ser digno. Estos consejos atacan directamente muchos vicios de mi carácter. Si conocerse es perfeccionarse, no desmayemos, ¡yo puedo ser!»

Es sumamente interesante este consejo de escribir y pensar cotidianamente en tres tipos de registros:

«Confiésate tres veces por la noche: una en el diario de tus sentimientos y tus actos; otra, en el resumen de tu trabajo intelectual; otra, en tu libro de cuentas.»

En esta expresión se resume también la relación entre lenguaje y pensamiento, por ser un modo de vida que adopta y aplica en su comportamiento diario. Ejercicio al que se somete; que Hostos lleva a cabo hasta el mes de noviembre de ese año 1866 en Madrid, hasta que muda a Barcelona:

«DIARIO. — Vengo del Ateneo y mucho más tranquilo de lo que debiera. Después de mi lectura habitual, entré en la Sala azul. Mis amigos, los que, si yo supiera, lo serían verdaderos, extrañaron la visita.»

«RESUMEN. — 12 de la noche. El consejo que tomé de punto de partida a esta división de trabajo que comienzo hoy, es uno de los movimientos intelectuales que he hecho en estos días.»

«CUENTAS. — ¡Cuentas, cuentas! ¡Cuánto desarreglo, cuánto desorden vais a ponerme frente a frente!» (octubre 1.º de 1866, 11½ h noche).

Así se expresa también la relación vida, lengua y pensamiento en esa obra.

¿Cuáles operaciones implican esas actividades? Una narrativa con un diario, monólogo interior, reflexiones, anotaciones, evaluaciones y síntesis; balance en dos lenguajes: palabras y números.

El lenguaje —la palabra oportuna y reservada— bien administrado es una potencia. En cambio, es una debilidad cuando se expone demasiado:

«Vuelve a ser reservado. En la amonestación decimotercera, el hombre de dentro se prepara a salir. El precepto decimocuarto es una experiencia pesimista. Un espíritu reflexivo, por tanto, concentrado, salió de sí, se desbordó, y el desbordamiento le hizo daño. Si logra recogerse, sabrá ser franco sin ser duro, sincero sin ser comunicativo. Aprende a hablar, y habla a tiempo. No pierdas ni un momento en conversaciones, ni con hombres frívolos. De león te convertirás en jumento. Es decir: la palabra oportuna es una potencia; pero no la prodigues porque perdería su fuerza, y de enérgico te harías débil.»

El examen de conciencia es un proceso ininterrumpido en Hostos, pero no en estado puro. Él es a la vez un hombre de acción para cuyo fortalecimiento intelectual se apoya en el trabajo.

La hormiga, no la avispa, es su modelo, porque representa el trabajo.

«Trabajo es fuerza: la hormiga es más poderosa que la avispa. Trabajar es fortalecerse, vengo de experimentarlo… y al dejar el libro que leía, me he sentido fuerte.»

Hostos se refiere al trabajo moral e intelectual del día, acaso esbozo de un libro o el bosquejo de una idea. Se muestra a menudo, como en ese texto, en situación de éxtasis en los asuntos relacionados con el lenguaje y el pensamiento.

Y es que aquí no estamos ante una personalidad, un escritor o un pensador razonablemente frío, calculador y mucho menos frívolo. Todo lo contrario.

Hostos es, irracionalmente, furiosamente, un apasionado cultivador del lenguaje de la razón y de la razón del lenguaje en la trama de la mala conciencia sobre sí mismo y sobre el agonizante deber nunca satisfecho que mantiene su vida en ascuas.

Insatisfecho, sobre todo, del primer deber, según la máxima: «Tu primer deber es ser hombre: no lo cumplas, y llevarás contigo tu muerte.»

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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