Hace apenas unos días, el reconocido poeta, ensayista y crítico de arte Plinio Chahín, escribió y luego publicó dos significativas obras sobre la filosofía escritural de José Mármol, al cual, merecidamente, le ha sido dedicada La XVlll Feria Internacional del libro Santo Domingo 2026.
Ambas obras, como se ha de suponer, no podían ser mejores, ya que además de bien escritas, constituyen auténticos homenajes a la dilatada y fructífera trayectoria de José Mármol, gran poeta y filósofo de sólida formación cultural, cuyos sobrados méritos vienen dados por la impresionante calidad estética de sus obras, que, sin duda alguna, dan cuenta de su pensamiento novedoso y vivaz imaginación, reflejada en su profundo dominio del lenguaje y los relámpagos eidéticos e intuitivos de la autoconciencia, que, a pesar de las representaciones fugaces y los soplos efímeros de la ajenidad del “Yo”, mantiene, sin dobleces, el ser identitario más allá de la bifurcaciones de la razón ofuscada y extraña de sí.
Chahín ha leído una y otra vez las obras de Mármol.
Lo habría hecho alejado de la furia sórdida de la desmesura, la desesperación y la premura.
Ha habría disfrutado la escritura de Mármol con pasión, entusiasmo y, sobre todo, con parsimonia de cirujano.
De ahí que dijese con palabras certeras y no menos seductoras:
“Publicar este libro- se refiere al texto- josé Mármol: La escritura como destino- significa reconocer una trayectoria construida con paciencia, lejos de las estridencias y de las modas pasajeras. Significa destacar la importancia de una obra que ha sabido crecer desde el rigor, la honestidad y la fidelidad a la literatura. Pero también significa rendir un homenaje a un amigo con quien he compartido innumerables conversaciones sobre libros, autores e ideas, convencido siempre de que la literatura es una de las formas más alta del pensamiento”.
Para reforzar aún más lo anterior, Chahín escribe, no sin razón:
“Es un trabajador de la palabra. No concibe la escritura como un acto impulsivo, sino como una tarea que exige paciencia, rigor y perseverancia. Corrige una y otra vez, vuelve sobre una frase, cambia una palabra por otra, elimina aquello que considera innecesario y no da por terminado un texto hasta sentir que ha alcanzado el equilibrio que buscaba. Esa exigencia consigo mismo explica la solidez de su obra”.
Ahora bien, tal como se habría dicho, Mármol es gran trabajador de las palabras; las utilizas para expresar, con belleza impecable, los sentires, intuiciones, percepciones, pensamientos y creaciones literarias.
No pocos escritores juntan palabras de manera desordenadas.
Y lo peor: pretenden aparentar la sabiduría que nunca tendrían, al tiempo que simulan su ignorancia y pobreza de pensamiento.
Respecto a ello, Schopenhauer tiene motivos de sobra al decir:
“(…) son muchos los escritores que tratan de ocultar su pobreza de pensamientos propios con un aluvión de palabras. Hay que evitar, por consiguiente, toda redundancia y no intercalar en el discurso observaciones que no valen la pena ser leídas. El que escribe ha de ahorrar al lector tiempo, esfuerzo y paciencia, y de esta forma, ganará su confianza de que lo que se le ofrece merece una lectura atenta y recompensa su esfuerzo. Siempre es mejor omitir algo bueno que añadir una cosa que no dice nada”.
A sabiendas de que es así, Mármol procura la diafanidad de sus escritos. De manera tal, que sean interpretados y comprendidos en su justa dimensión.
Su lenguaje, límpido y conciso, encanta y seduce.
Es así, por su asombrosos conocimientos del lenguaje, sobre el cual Walter Benjamin habría hecho una afirmación que pareciese incuestionable:
“(…) cada comunicación de contenido espiritual e intelectuales es lenguaje y la comunicación por medio de la palabra constituye solo un caso particular del lenguaje humano, de su fundamento o de aquello que sobre él se funda (como la justicia y la poesía)”.
Ello, ciertamente, no podría ser de otro modo.
Justamente por eso, Mármol concibe el lenguaje como esencia vital de la escritura. Se escribe y se piensa desde el lenguaje, sin el cual, en efecto, no habría comunicación humana y en el mundo, por tanto, reinarían la mudez y el silencio.
Sobre el particular, Chahín afirma:
“ El lenguaje en José Mármol, no sólo su rigor o precisión es lo que cuenta; lo que quizás más cuenta es el hecho de mostrarse como lenguaje. Con el y no es poco el hallazgo, la lengua recobra sus poderes: sin caer en la transgresión, renovar continuamente la piel del lenguaje para así articular una nueva experiencia del mundo. La riqueza verbal de este poeta es ciertamente un universo sórdido. Pero esa riqueza no reside en la abundancia léxica, en la veracidad sustitutiva, o no reside solo en ellas. La preside un ideal de equilibrio: la intensidad que se vuelve proporción; fórmulas concisas, aun incisivas (…)”.
Sin el menor ápice de duda, dichas palabras gozan de mucha certitud.
Jean Paul Sartre, gran filósofo existencialista, acuñaría la incuestionable verdad de que la libertad, en su esencia pura, dependería, fundamentalmente, de la capacidad de elección de cada sujeto.
Significa, entonces, que cada cual es responsable de elegir la propia libertad.
Mármol habría elegido, para el buen vivir, la libertad de ser, filosofar, poetizar, soñar y tocar el infinito, con el vuelo de la imaginación y la poética del pensar.
Su voz poética y filosófica, se deja sentir, con fuerza vital, en el ámbito de la cultura plural, disciplinar, transdiciplinar y, por demás, bien fundamentada.
Por eso, diríase, que hace poesía pensando, toda vez que no haría sino pensar poetizando.
Ocurre así, porque poesía y pensamiento, están estrechamente compenetrados.
Chahín, en consecuencia, no falta a la verdad, al tiempo que subraya:
“Para Mármol, pensar y poetizar no son operaciones contradictorias. El pensamiento no destruye la poesía; puede convertirse e n su sustancia. La poesía puede ser intelectual sin dejar de ser sensible, filosófica sin convertirse en tratado, reflexiva sin abandonar la música”.
Por todo lo dicho, es deber categórico asistir a la Feria del libro, no solo para mirar y remirar decenas de títulos , sino para adquirir los libros del buen poeta Plinio Chahín sobre la escritura de Mármol, nuestro insigne poeta, cuyas obra deberían ser leídas y estudiadas, de manera atenta y reposada, en escuelas, liceos, Universidades y publico en general.
Ello, además de significativo y placentero, sería memorable e inolvidable.
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