Hace más de cien años que Gólgota rosa se publicó. Su aparición generó escándalos (un Jesucristo sensual, enamorado de una mujer, y a punto de recibir una bofetada de un hombre celoso).

Su aparición trajo censuras. Pero no impidió lo que quiere quien escribe por amor al arte: que continuara siendo lectura.

El atrevido erotismo lejos de provocar indiferencia se convirtió en una especie de material de seducción.

El arte cuando carece de irreverencia –formales o temáticas- suele pasar desapercibido, tiende a ser un llover sobre mojado, porque el arte siempre funda, algo nuevo presenta.

La delicada osadía de Gólgota rosa curiosamente lo hace sentir romántico, modernista y posmoderno al mismo tiempo.

Vale preguntarnos si este texto que nos cuenta una historia marcadamente blasfema, despertaría la atención en pleno siglo veintiuno. Sería interesante descubrir si sus líneas se vuelven presente cuando las leemos o si son simplemente palabras que ya fallecieron.

De ahí que quisiéramos que fuera cada lector, sobre todo ese lector joven, quien responda. Este ejercicio abriría la posibilidad de una pequeña tesis, una tesis relajante, enemiga del estrés, sobre uno de los textos más irreverentes y eróticos de la literatura dominicana.

¿Quién se atreve a leerlo y a responder?

Gólgota rosa

Del cuello de la amada pende un Cristo,
joyel en oro de un buril genial,
y parece este Cristo en su agonía
dichoso de la vida al expirar.

Tienen sus dulces ojos moribundos
tal expresión de gozo mundanal,
que a veces pienso si el genial artista
dióle a su Cristo alma de don Juan.

Hay en la frente inclinación equívoca,
curiosidad astuta en el mirar,
y la intención del labio, si es de angustia,
al mismo tiempo es contracción sensual.

¡Oh, pequeño Jesús Crucificado!,
déjame a mí morir en tu lugar,
sobre la tentación de ese Calvario
hecho en las dos colinas de un rosal.

Dame tu puesto, o teme que mi mano
con impulso de arranque pasional,
la faz te vuelva contra el cielo y cambie
la oblicua dirección de tu mirar.

Ramón Peralta

Docente y escritor

Ramón Anselmo Peralta Domínguez. Santiago, 1965. Docente, escritor y editor. Licenciado en Educación mención Filosofía y Letras y Magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza de la Lengua. Ha ejercido como docente en diversos centros de educación secundaria y superior. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es autor de tres libros de poesía: Eternidades (1992), Dibujando lo fugaz (2012) y 21 ojos (2023). Ha publicado dos novelas: Olores del aula (2012) y Solamente saltar (2018). ramonperaltadominguez@gmail.com

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