"El carbonero de los idilios callejeros" es un relato novelado de Enrique Alberto Cabrera Vásquez (Mellizo), contiene diagramación y diseño de la portada de Yahaira Fernández Vásquez. Fue ilustrado por Efraín Silva Mercedes e impreso por Editorial Santuario, Santo Domingo, República Dominicana (2026).
En su organización temática, contiene 26 capítulos y cierra con unos versos del fenecido humorista dominicano Freddy Beras Goico (1940-2010), bajo el título de "El carbonero", los cuales fueron interpretados, a ritmo de merengue, por nuestro Johnny Ventura (1940-2021).
Estamos ante una obra narrativa que, por su estructuración narrativa, puede ser catalogada como una secuencia de relatos novelados, en los que se narran las hazañas mundanas de Yarel Green, mejor conocido como "Yarel el Carbonero", y su conducta mundana, desenfrenada, de "macho cabrío".
Desde estos relatos se desprende el erotismo, desde la imagen del deseo y la fascinación por la transgresión de normas, el escándalo social y la permanente acción chocante con la moral social de las clases dominantes.
Hay aquí una imagen directa de las tensiones culturales entre la sexualidad, las religiones y las costumbres en nuestra sociedad.
Las aventuras del protagonista aquí aparecen como fenómenos que trascienden las satisfacciones individuales, para convertirse en objetos de reconocimiento y de sentido en estas narraciones.
El deseo, la seducción, la pasión, la infidelidad y las transgresiones de las normas sociales son asumidas por el sujeto autor para justificar los motivos de construir personajes, generar los conflictos, desarrollar situaciones a veces cargadas de humor y cuestionar los valores dominantes de nuestra sociedad.
Desde esta perspectiva, en "El carbonero de los idilios callejeros", de Enrique Alberto Cabrera Vásquez (Mellizo), hay un espacio que, desde su discurso narrativo, nos convoca a reflexionar sobre las complejas relaciones entre el erotismo, la morbosidad y la moral popular que aquí aparecen como centro de estas narraciones.
El erotismo, en relación con la conducta del protagonista, queda representado en el maridaje descomunal entre Yarel "el carbonero" y las innumerables "mujeres de la calle", acción que provocó que su fiel esposa, Estaulina Ambrosio, abandonara su hogar conyugal.
El machismo intransigente de Yarel, "el carbonero", lo arrastra a la conducta incorregible de llenar su vacío espiritual con la búsqueda del sexo callejero, el placer sexual y la conquista permanente de amores de paso entre las mujeres del barrio "Piedramar", presumiendo imponer su masculinidad.
Desde la lectura de esta obra entrevemos de qué manera el narrador omnisciente se comporta como un ente que conoce las vivencias de Yarel y Miriam, "la caliente", o las acciones de Yarel con la enfermera lasciva o sus andanzas con la vieja chola, porque se comporta como parte del convivir de ese personaje y su conducta de perdido machista intransigente.
El espacio comunitario, donde las experiencias se convierten en relatos, desde "Piedramar", queda plasmado como sello imborrable en la conciencia de aquellos cristianos y aquellas cristianas que repudian la conducta transgresora de Yarel al violentar la moralidad institucional fijada desde el poder dominante en nuestra sociedad.
La morbosidad, como fascinación por lo prohibido, en estos relatos novelados hace de Yarel un sujeto empedernido, criticado y rechazado, aunque alabado y deseado por mujeres insatisfechas que reclaman satisfacción sexual.
Aquí, la morbosidad puede verse como la fascinación que producen los comportamientos considerados escandalosos, asumidos por Yarel, y su conducta transgresora.
La morbosidad se manifiesta en dos niveles. El primer nivel corresponde al interés por la transgresión: aquello que despierta curiosidad porque contradice las expectativas de fidelidad, decoro o responsabilidad.
El segundo nivel queda manifiesto en el desenfreno de Yarel por hacer saber sus fechorías de hombre mujeriego.
El cortejo y la búsqueda de placer son, ante Yarel, dos escudos que ampliaban su orgullo de hombre solicitado por "mujeres insatisfechas".
La morbosidad es tratada aquí como un fenómeno que trasciende el accionar de Yarel, para situarse en los ribetes rechazables del pecado. Las aventuras sexuales de Yarel y sus vínculos con prostitutas y mujeres insatisfechas lo convierten en el personaje central de estos relatos novelados.
El erotismo y la morbosidad en "El carbonero de los idilios callejeros" nos permiten plantear una interpretación particular de la sexualidad como un fenómeno que vincula a este individuo con su entorno social, en este caso, desde la especulación y la burla.
La morbosidad, por las transgresiones de la norma social vigente y por la conducta de Yarel, marca un punto referencial en estos relatos novelados, convirtiendo al protagonista en un referente impúdico ante la moral vigente y en símbolo apetecible ante los sueños sexuales de las féminas de "Piedramar" y sus contornos.
Desde estos relatos novelados vemos cómo Yarel, "el carbonero", andaba orgulloso y viril, con su "falo en ristre", saciando mujeres sexualmente insatisfechas, amargadas, cogiéndolas en bosques y ruinas abandonadas.
(Ver págs. 12/13, obra citada).
Al final de este relato novelado, Yarel cae muerto, como "cansado buey de carretero" (…), después de satisfacer a Miriam "la caliente", convirtiendo esta novela en un narrar sobre un hombre de "bragueta abierta y ligera"… que encuentra su gozo y su muerte "haciendo el amor". "Porque hay sexo de muerte, y muerte por sexo".
(Ver pág. 143, obra citada).
El trasfondo de este relato, el humor y la sátira, transcurren de manera subyacente en todo el proceso narrativo de esta novela.
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