La poesía se ha convertido en el pulso de mis venas, la respiración silenciosa bajo el ruido de la vida cotidiana. Escribiendo encontré una lente a través de la cual el mundo siempre brilla, cada sombra lleva un significado más profundo, cada resplandor de un verso cuenta una historia no contada. Vivir con sensibilidad poética ha suavizado los bordes duros del mundo, permitiéndome ver no solo con mis ojos sino también con los tuyos, y con mi corazón.
Krishnamurti, en sus reflexiones sobre la vida, ofreció esta idea: “Para comprender lo inmensurable, la mente debe estar extraordinariamente tranquila, quieta”. Y es que, en la sensibilidad poética, hay una atención serena que abre el corazón y la mente a la vasta e ilimitada naturaleza de la vida. La poesía, como la vida, es una práctica meditativa, que nos lleva a la quietud donde la esencia de las cosas se vuelve clara. Como si fuera emulando lo anterior, veamos este poema inédito del poeta Vegano José Miguel regalado:
No escuche la voz dicha de las aguas / y seguí del cauce su fondo. / Pude anclarme a hondos lodos, / a duras piedras, a fuertes vendavales. / Hice negrura a tope de tierra en las que tragué, / mordiendo los escombros de la muerte.
Cuando escribimos nos situamos en un estado elevado de conciencia en donde llegan los recuerdos de todas las vidas lo ordinario se infunde con lo extraordinario (entiéndase: se comunica el alma con un don o una gracia). Una brisa pasajera se convierte en un susurro de secretos antiguos, el susurro de las hojas en una conversación entre el tiempo y la tierra.
Escribir me enraíza en el momento, pero me ha permitido trascenderlo, dándome el don de la presencia y la sabiduría de la distancia, ambos a la vez.
La poesía me ha tallado en un recipiente en donde puedo contener la verdad y me ha hecho sensible a la experiencia humana, consciente de la interconexión de todas las cosas. La sublime belleza de las cosas simples.
“Quienes saben no hablan. Quienes hablan no saben”, es ahí donde el Tao Te Ching, de Lao Tzu nos recuerda la belleza de la simplicidad. Y el estilo de vida poético se hace eco de esta sabiduría, encontrando significado no siempre en las palabras, sino en el espacio entre ellas, en el silencio que permite que la vida hable por sí misma y vivir poéticamente es abrazar esta simplicidad, ver lo profundo en lo pequeño y lo infinito en la brevedad. Como lo diría la poeta Rosalina de la Cruz en un poema inédito:
Aquí en mis manos / oculto un puñado de palabras / y vuelve la ciudad, / el temblor / el silencio, / la flor. / Vuelve el verso.
A través de la poesía, he llegado a conocer las infinitas capas del espíritu humano y, en ese conocimiento, he encontrado una fuerza extraordinariamente tranquila y duradera como ya decía Krishnamurti.
Al contemplar la poesía como una forma de vida, ciertas palabras resuenan desde lo más profundo de los grandes pensadores. Paul Valéry dijo una vez: “Un poema nunca está terminado, sólo abandonado”. Esto refleja el interminable desarrollo de la existencia cuando se vive poéticamente. Como un poema, la vida misma es un proceso perpetuo de devenir, de refinamiento, de búsqueda de significado más profundo, nunca verdaderamente “terminado” sino siempre en movimiento, siempre fluyendo hacia nuevos horizontes.
Viéndolo desde la Comunidad Literaria Taocuántica estas perspectivas en conjunto sugieren que la poesía, como estilo de vida, no es meramente una búsqueda artística sino una forma más profunda de ser. Nos invita a permanecer abiertos, atentos, receptivos al fluir de la vida, a encontrar gracia en lo inacabado y sabiduría en los espacios tranquilos que habitamos. (Nueva vez me llega aquí la extraordinaria tranquilidad quieta de Krishnamurti…
Mi sombra se desprende de mi cuerpo. / Habito en lo más hondo, / en el fondo de un pozo y, sin nombre, entro en la noche. / Tomo mi sustancia, deshabitado, / sin recuerdos, y vivo como sombra, / convertido en niebla, / desaparezco con la luz. / (Fragmento del poema: Sombras, de Noe Zayas).
La Comunidad Literaria Taocuántica se erige como una fuerza única en el mundo de las letras, porque necesitamos tener un nombre, un movimiento en donde situarnos, un nombre encarnando una filosofía de expresión creativa que está profundamente entrelazada con lo espiritual y lo estético (Eso es lo que somos): una filosofía de expresión creativa que está profundamente entrelazada con lo espiritual y lo estético.
Partiendo de las raíces del taoísmo, el movimiento enfatiza el flujo de las energías de la vida -lo que Lao Tzu llamó el “Tao”- y lo fusiona con una visión claramente poética, donde lo sagrado y lo mundano coexisten en un equilibrio armonioso en esta tranquilidad quieta de Krishna…
Los Taocuánticos se caracterizan por su compromiso de explorar las profundidades silenciosas de la existencia, al igual que el Tao mismo, que opera silenciosamente pero profundamente. En su fortaleza, los escritores taocuánticos a menudo abordan el lenguaje como una herramienta y un medio de transformación, utilizando palabras no solo para describir sino para evocar, para invitarnos a nosotros mismos a una experiencia participativa en una trilogía: del ser humano, del poeta y del espíritu. Bien podemos tomar como ejemplo un fragmento de poema inédito de: José Miguel García.
Como quisiera que mi destino fuera el mar. / Como quisiera reducirme a un grano de arena, / al polen de las algas, al zumbido de las olas. / Escupirme al mar como un tragaluz, / una fuerza siniestra, un verso de Valery / y zozobrar hasta la inmanencia, /hasta el caos de la libertad en todo su orbe.
Y es que con la poesía podemos capturar las verdades subyacentes de la existencia de una manera que trasciende la compresión intelectual. A través de esta lente, la poesía se convierte en una practica espiritual, una forma de alinearse con el Tao al intentar expresar los espacios entre las palabras tratando de alinear la paradoja, el vacío y el silencio.
La fuerza de la Comunidad Literaria Taocuántica se encuentra en este gozoso esfuerzo colectivo por unir lo visible y lo invisible, lo hablado y lo no hablado, a través del arte.
En sus escritos los taocuánticos se involucran con la paradoja, y en un lenguaje arquitectónico con el minimalismo y un sentido de fluidez en sus narrativas y poesía, recordando al mundo que la literatura no tiene por qué estar limitada por una forma o estructura rígidas. En cambio, fluye como el agua: adaptable, persistente, pero suave, y aquí volvemos al Tao, reflejando el ideal taoísta de naturalidad (ziran).
La mecánica del tiempo / Amenaza la noche que crece en mis ojos infinitos. / Mi sombra camina en un reducido espacio / mientras estático / espero el mensaje que viaja en el silencio. / Releo las desgastadas palabras / que nacieron en el fondo de un silencioso pasillo.
(Fragmento del poema inédito: 5 minutos, de Emmanuelle Taveras).
Esta comunidad donde todos somos tan iguales y distintos, prospera gracias a la interconexión de ideas, el equilibrio de opuestos y la forma en que la literatura puede tanto abrazar como disolver dualidades, ya que la vida y el arte, la poesía y el ser, son inseparables. Como admiraba Schopenhauer la capacidad de la poesía para evocar emociones e ideas lo que permitía expresar la vida interior de los seres humanos y la esencia de las cosas.
Dicho esto, en la poesía, la experiencia individual se convierte en una ventana hacia algo más amplio y esencial sobre la vida, convirtiéndola en una forma de conocimiento sobre el mundo.
Como Comunidad hemos alentado un regreso a la simplicidad, a la esencia de las cosas, y al hacerlo, hemos creado un espacio en las letras contemporáneas que habla tanto al intelecto como al alma y es que los poetas establecen conexiones entre elementos que parecen no interconectarse, creando una red de significados que (como el entrelazamiento cuántico) desafía la comprensión ordinaria de la distancia y la separación. Dicho de otra manera, la Comunidad Literaria Taocuántica, con sus raíces profundas y su fluida creatividad, es un testimonio del poder perdurable de las palabras para dar forma y revelar la naturaleza de la realidad.
La ciudad es un acontecer sonoro. / Llueve, / y bajo estos aleros / te pienso. (Poema de: Ramón Ant. Jiménez)
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