Mientras el Teatro Nacional Eduardo Brito ha logrado establecer un modelo ejemplar de conservación de sus pianos de concierto, gracias a la alianza entre el sector privado, la Fundación Eduardo León Jimenes, Fundación Sinfonía y el propio Teatro Nacional, el Gran Teatro del Cibao vive una realidad completamente distinta.

Su piano de concierto permanece hoy lejos de las condiciones técnicas y ambientales que exige un instrumento de esta categoría.

Y no estamos hablando de un piano cualquiera.

Se trata de un Steinway & Sons, una de las marcas de mayor prestigio en el mundo de los pianos de concierto. Un instrumento de estas características está concebido para interpretar el gran repertorio universal, recibir a pianistas de prestigio internacional y ofrecer a los artistas dominicanos un escenario a la altura de las grandes salas de conciertos.

El propio Gran Teatro del Cibao ha sido escenario de grandes recitales a piano solo y de presentaciones de importantes intérpretes nacionales e internacionales.

El problema es que ese instrumento, cuyo valor de reposición para un gran piano de concierto Steinway & Sons puede superar actualmente sobre los US$200,000, requiere una evaluación técnica especializada que determine con precisión su estado, las intervenciones necesarias y el costo de su recuperación.

No sería responsable establecer una cifra de reparación sin contar previamente con un diagnóstico y una cotización formal actualizada, preferiblemente emitida por Steinway & Sons de Nueva York o por técnicos autorizados por la casa fabricante.

Y aquí existe una experiencia que podría facilitar enormemente el camino.

Fundación Sinfonía y la Fundación Eduardo León Jimenes mantienen desde hace años una relación de trabajo con Steinway & Sons de Nueva York, a través de la cual se ha gestionado el mantenimiento especializado de los instrumentos Steinway del Teatro Nacional Eduardo Brito.

Esa relación constituye una plataforma natural para solicitar una evaluación profesional del piano del Gran Teatro del Cibao y determinar, con criterios técnicos, qué necesita realmente el instrumento para recuperar sus condiciones óptimas.

Porque reparar un piano de concierto de esta categoría siempre representa una inversión importante, pero antes de hablar de cifras debemos saber exactamente qué requiere el instrumento.

Lo correcto es evaluar primero, cotizar después y reparar conforme a las especificaciones del fabricante.

El mantenimiento no puede seguir siendo el último capítulo

El caso del piano del Gran Teatro del Cibao nos lleva a un problema mucho más profundo que un instrumento musical.

Durante las últimas gestiones del Ministerio de Cultura hemos visto una importante concentración de esfuerzos en la programación cultural, festivales, actividades, presentaciones, inauguraciones y otros proyectos.

Todo eso forma parte de la responsabilidad del Estado.

Pero existe otra responsabilidad, menos visible y mucho menos atractiva desde el punto de vista mediático: mantener aquello que ya tenemos.

Y ahí es donde seguimos teniendo una deuda institucional.

El mantenimiento de los teatros, museos, centros culturales, escuelas de arte, equipos técnicos, sistemas de iluminación y sonido, instrumentos musicales, aires acondicionados, instalaciones eléctricas, butacas, camerinos, talleres, equipos audiovisuales y demás recursos que permiten desarrollar la actividad cultural no puede depender de que algo se rompa para entonces buscar una solución.

El mantenimiento preventivo debe formar parte de la política cultural.

No es un gasto secundario.

Es una inversión en patrimonio público.

Y, sobre todo, es una obligación administrativa.

Un teatro sin mantenimiento se deteriora.

Un museo sin mantenimiento pone en riesgo sus colecciones.

Un centro cultural sin mantenimiento pierde capacidad operativa.

Un equipo técnico que no recibe servicio termina fuera de uso.

Un instrumento musical que no recibe atención especializada pierde valor y funcionalidad.

Y una infraestructura cultural que no recibe mantenimiento termina requiriendo, tarde o temprano, una inversión mucho mayor que la que habría sido necesaria para conservarla.

El problema es que el mantenimiento no produce titulares.

No genera inauguraciones.

No ofrece fotografías para promoverse en los medios.

No permite anunciar fácilmente una nueva temporada.

Pero es precisamente lo que garantiza que todo lo demás pueda funcionar.

Una cultura administrada para el presente

Una de las debilidades que han caracterizado buena parte de la gestión cultural pública dominicana es la tendencia a medir la acción del Ministerio por la cantidad de actividades realizadas, en lugar de medir también la capacidad del Estado para conservar, fortalecer y hacer sostenible la infraestructura cultural que ha construido durante décadas.

La cultura no puede reducirse a una agenda.

Una política cultural seria debe tener dos tiempos: crear y conservar.

Debe producir nuevas iniciativas, pero también mantener las existentes.

Debe abrir nuevos espacios, pero cuidar los que ya existen.

Debe llevar espectáculos al público, pero garantizar que los teatros tengan las condiciones técnicas para recibirlos.

Debe comprar equipos, pero establecer simultáneamente los recursos y protocolos necesarios para mantenerlos.

Debe invertir en infraestructura, pero presupuestar desde el primer día su conservación.

Eso es gestión cultural responsable.

Y esa perspectiva ha estado ausente, o al menos insuficientemente presente, en distintas etapas recientes de la administración cultural dominicana.

No se trata de señalar exclusivamente a una gestión.

El problema trasciende a un ministro.

Es una práctica institucional que debemos superar.

El piano es solamente el síntoma

Por eso el piano del Gran Teatro del Cibao merece nuestra atención.

No solamente por lo que representa para los músicos.

No solamente porque sea un Steinway & Sons.

El piano es importante porque constituye un ejemplo concreto de una deficiencia mayor: la falta de una política sistemática de conservación de los activos culturales del Estado.

¿Cuántos equipos de sonido permanecen fuera de servicio?

¿Cuántas luces teatrales necesitan reparación?

¿Cuántos sistemas de climatización funcionan deficientemente?

¿Cuántos instrumentos musicales esperan mantenimiento?

¿Cuántas salas necesitan reparación?

¿Cuántos equipos audiovisuales han quedado obsoletos o dañados?

¿Cuántos espacios culturales requieren intervenciones que se han ido posponiendo?

No tenemos un inventario público y actualizado que nos permita responder con precisión a estas preguntas.

Y ese es precisamente otro de los problemas.

El Ministerio debería saber qué posee, dónde está, cuál es su estado, cuánto vale, cuánto cuesta mantenerlo y cuánto costaría reemplazarlo.

Lo que no se inventaría, no se puede administrar correctamente.

Un inventario nacional de activos culturales

Propongo, por ello, algo mucho más amplio que recuperar el piano del Gran Teatro del Cibao.

El Ministerio de Cultura debería realizar un Inventario Nacional de Activos Culturales bajo custodia del Estado.

Ese inventario debería incluir teatros, museos, centros culturales, escuelas, archivos, bibliotecas, instrumentos musicales, equipos de sonido, iluminación, equipos audiovisuales, mobiliario especializado, sistemas de climatización y demás bienes indispensables para el funcionamiento de nuestras instituciones culturales.

Cada activo debería tener una ficha técnica:

Marca. Modelo. Año de adquisición. Valor de adquisición. Valor actual. Estado de conservación. Historial de mantenimiento. Vida útil estimada. Costo anual de mantenimiento.

Y, cuando corresponda, costo de reparación o sustitución.

A partir de ese inventario debería elaborarse un Plan Nacional de Mantenimiento Preventivo de Infraestructura y Equipamiento Cultural.

Así podríamos dejar atrás una cultura administrativa basada en la reparación de emergencia, inmediatismo, ceguera y avanzar hacia una política de conservación preventiva.

El piano puede convertirse en un símbolo

En el caso específico del Gran Teatro del Cibao, la solución puede convertirse incluso en un modelo.

Cada año, Fundación Sinfonía coordina el mantenimiento especializado de los grandes pianos del Teatro Nacional Eduardo Brito con técnicos especializados.

Sería perfectamente posible estudiar un acuerdo para que, aprovechando la presencia de estos especialistas en la República Dominicana, el piano del Gran Teatro del Cibao sea incorporado al calendario anual de mantenimiento.

Pero primero habría que realizar la evaluación técnica correspondiente y conocer exactamente qué necesita el instrumento.

A partir de ese diagnóstico podría establecerse un presupuesto real, una ruta de recuperación y, posteriormente, un programa permanente de conservación.

Pero hay algo más.

De poco serviría recuperar el piano si después vuelve a permanecer en un espacio inadecuado.

El Gran Teatro del Cibao necesita disponer de un espacio exclusivo, seguro y climatizado para su conservación, con condiciones ambientales estables y apropiadas para un instrumento de esta categoría.

La reparación sin mantenimiento sería solamente una solución temporal.

Santiago puede encontrar un mecenas

Santiago posee una larga tradición de compromiso con la cultura.

Empresas, fundaciones, familias y ciudadanos han demostrado históricamente su disposición a respaldar proyectos de alto valor para la comunidad.

No sería difícil imaginar que pueda surgir un mecenas dispuesto a contribuir con la recuperación y conservación permanente del instrumento.

Pero el patrocinio privado no debe sustituir la responsabilidad del Estado.

Puede complementarla.

Un empresario, una fundación o una institución privada podría contribuir con la recuperación inicial o asumir el mantenimiento anual, mientras el Estado garantiza la infraestructura, la custodia y la incorporación del instrumento a una política nacional de conservación.

No sería simplemente una donación.

Sería una inversión en el patrimonio musical de la República Dominicana.

Y podría convertirse incluso en un modelo de colaboración público-privada aplicable a otros bienes culturales.

La cultura también se conserva

El Ministerio de Cultura tiene que recuperar una idea elemental: administrar cultura no significa solamente producir cultura.

Significa también conservarla, protegerla, mantenerla y garantizar su sostenibilidad.

La política cultural del Estado no puede estar construida exclusivamente alrededor del próximo festival, la próxima temporada, el próximo espectáculo o la próxima inauguración.

También debe preguntarse:

¿Qué tenemos?

¿En qué condiciones está?

¿Qué necesita?

¿Cuánto cuesta conservarlo?

¿Y qué ocurrirá si no lo hacemos?

Los países que respetan su patrimonio no esperan a que sus bienes se deterioren para actuar.

Los preservan antes de que el tiempo los destruya.

Por eso, el piano del Gran Teatro del Cibao debería dejar de ser un instrumento olvidado.

Su recuperación podría ser el punto de partida de una política mucho más ambiciosa.

Una política que comprenda que mantener un teatro también es hacer cultura; mantener un museo también es hacer cultura; mantener un instrumento también es hacer cultura; mantener un equipo técnico también es hacer cultura.

Porque un gran teatro no se dignifica únicamente por la belleza de su arquitectura, sus salas o sus escenarios.

Se dignifica también por el estado de los instrumentos, equipos e instalaciones que hacen posible que el arte ocurra.

Y proteger un gran piano es, en definitiva, proteger también una parte esencial de la memoria musical y del patrimonio cultural de la nación.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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