Sono un poeta: una farfalla, un essere
Delicato, con ali.
Margherita Guidacci

En un formidable trabajo literario, Emilio Coco ha reunido veintisiete poetas italianas en su libro El Pájaro de Fuego, destacando entre sus páginas la obra de Silvia Bre. Descubrirla me acercó a una de las expresiones más sobrias, y, al mismo tiempo, más inquietantes de la poesía italiana contemporánea.

Nacida en Bergamo y residente en Roma, la autora ha desarrollado una trayectoria en la que la poesía y la traducción mantienen un diálogo constante. Su camino literario comenzó con I riposi (1990) y continuó con títulos como Le Barricate Misteriose (2001), Sempre perdendosi (20026), Marmo (2007), La fine di quest´arte (2015) y Le Campane (2022).

Algunos de sus libros han recibido importantes reconocimientos en la literatura italiana, entre los que se destacan los Montale y Viareggio. A estos se le suma su destacado trabajo como traductora de escritores de distintas generaciones, con una atención particular en Emely Dickinson.

Con esos antecedentes, su inclusión en esta obra colectiva no parece casual, pues la autora representa una escritura que ha hecho de la precisión y de la contención una forma de indagar en asuntos enormes, profundos, como la existencia, el tiempo, la conciencia de estar vivos y nuestra relación con las cosas que no alcanzamos a comprender.

El Pájaro de Fuego lo compré en uno de mis viajes a México, animada por un amigo, que siempre me insiste en practicar los idiomas que hablamos, para no perder la articulación y la elegancia de la correcta pronunciación. Estoy admirada con la poesía de Bre, particularmente con Todo el ser aquí, un poema breve, casi despojado, que concentra buena parte de su búsqueda sin pretender explicar lo que significa existir. Silvia parece preferir otra posibilidad, la de acercarse al misterio y detenerse antes de que se convierta en una respuesta.

TUTTO LÉSSERE QUI

non viene detto –
resta da solo in noi
già Benedetto
se solo lo si lascia respirare
vagamente
come un fiato continuo dentro un flauto
con noncuranza
come un verso un cielo non guardato.

En este texto hay pocas palabras y mucho espacio alrededor de ellas, esa economía verbal que no reduce el poema, lo agranda. Es mágico, las pausas importan, el silencio también participa de lo que se dice. Incluso, la respiración, el oxígeno evocado en los versos parece trasladarse a la página, leer este poema exige detenerse y tomar aire.

De sus trabajos destaca especialmente que el “yo” no ocupe el centro, pues la aparición del “nosotros” convierte la existencia en una experiencia compartida. El ser sucede en nosotros, pero sin pertenecernos completamente. Algo nos habita y al mismo tiempo nos supera.

El cielo y la noche terminan de abrir esa dimensión y, frente a su inmensidad, la vida humana parece frágil, pasajera. Quizá sea precisamente esa capacidad de llegar a lo esencial sin levantar la voz lo que hace tan especial a esta mujer. Terminé Todo el ser aquí sin una respuesta definitiva, pero con una conciencia preclara, más intensa de una acción que repetimos miles de veces sin pensarla: respirar. Y me parece que ahí es cuando ocurre algo profundamente poético, porque lo cotidiano vuelve a causarnos asombro.

Lizamavel Collado

Política

Lizamavel Collado es periodista, gestora empresarial, especialista en programación macroeconómica, ingeniería financiera, derivados, presupuesto y gestión pública. Presidenta del partido Poder Ciudadano.

Ver más