«La belleza comienza en el momento en que decides ser tú misma». — Coco Chanel
“Noris se maquilla”, el más reciente cuento de Leibi Ng, publicado por la Impresora Soto Castillo en 2025, puede interpretarse como una representación del desarrollo emocional, la construcción de la identidad y el surgimiento de la autoestima durante la primera infancia.
El comportamiento de Noris refleja procesos propios del crecimiento psicológico entre los dos y cinco años, etapa en la que el niño comienza a diferenciarse de los demás y a afirmar su voluntad. Uno de los elementos más visibles en el relato es la reiteración de la negación: «¡No, no, no…!». Desde la psicología del desarrollo, esta conducta es característica del momento en que el niño descubre su autonomía. Decir “no” no constituye únicamente un gesto de rebeldía; es también una manera de afirmar la identidad.
En este periodo el niño comprende que posee deseos propios y que sus decisiones no siempre coinciden con lo que esperan los demás. El “no” de Noris representa, por tanto, el proceso de diferenciación del yo frente al entorno.
Noris rechaza todo lo que le ofrecen: frutas, avena y distintas alternativas. Esta actitud manifiesta una búsqueda interior de identidad. En esta etapa el niño comienza a experimentar con sus gustos, preferencias y su imagen personal. La insistente búsqueda del rojo bermellón simboliza el intento de hallar algo que represente quién quiere ser.
Noris buscaba un color
que no cabía en la cesta de frutas,
ni en las cerezas brillantes
ni en la pulpa dulce de las fresas.
«¡No, no, no!», decía,
como quien protege un secreto
que aún no sabe nombrar.
Mientras el mundo le ofrecía colores sencillos,
ella caminaba entre barro y hojas,
con las patas manchadas de tierra
y el corazón lleno de preguntas.
Porque a veces
el color que buscamos
no está en los frutos del árbol,
sino en la mirada
con la que aprendemos a mirarnos.
A lo largo del relato, Noris experimenta con distintos elementos de la naturaleza: frutas, arcilla, agua, tierra y hojas. Este comportamiento refleja una característica esencial del desarrollo infantil: el aprendizaje por exploración. Los niños no comprenden el mundo únicamente a través de explicaciones; necesitan manipular, probar y descubrir por sí mismos. Incluso el golpe que recibe al rodar por la colina forma parte de ese proceso natural de aprendizaje.
Los personajes que rodean a Noris —Leo, Lola y el abuelo— representan el entorno social del niño. Sus reacciones muestran cómo adultos y compañeros influyen en el desarrollo psicológico. Algunos se inquietan por su conducta, otros intentan ayudarla. Sin embargo, el relato sugiere una idea importante: los adultos suelen interpretar las acciones infantiles desde su propia perspectiva, sin comprender del todo el proceso interno que el niño atraviesa.
Uno de los momentos más significativos ocurre cuando Noris se mira en el espejo de agua. Este instante simboliza el surgimiento de la autoimagen. Durante la infancia temprana los niños comienzan a construir la percepción que tienen de sí mismos. El mensaje implícito de la naturaleza —«eres linda como eres»— representa la base de una autoestima saludable: la aceptación personal.
“Entonces el agua se queda con las miradas de la niña que crece y la corriente las desvanece como diciéndole: ‘Eres linda como eres’. ¡Plof! ¡Plof! ¡Plof!”.
Desde una lectura simbólica, los elementos del relato amplían su significado. El rojo bermellón no representa únicamente un color: metafóricamente simboliza un ideal personal, aquello que el individuo cree necesitar para sentirse completo. En muchas experiencias humanas existe la búsqueda constante de algo que parece otorgar plenitud —belleza, reconocimiento, éxito o aceptación—. El rojo encarna ese anhelo que todavía no comprendemos del todo.
Cuando Noris cava en la tierra y encuentra arcilla, aparece otro símbolo profundo. La arcilla, material moldeable, sugiere que la identidad humana también se forma y transforma a través de la experiencia. Al cubrirse con elementos de la naturaleza, la niña parece intentar reconstruirse a sí misma.
“Noris, de nuevo sobre sus patas, tritura hojas y ramas. Quiere una brillante sombra para los párpados. ¡Sin duda sabe hacerlo! ¡Hasta tiene su propio pilón!”.
El recorrido de Noris —salir de casa, explorar la naturaleza, ensuciarse, caer y levantarse— simboliza el viaje del crecimiento personal. Cada experiencia forma parte del proceso mediante el cual el individuo aprende quién es.
Filosóficamente, la negación cumple un papel fundamental en la formación del yo. Decir “no” implica delimitar la propia voluntad. El niño descubre que no es una extensión de los otros, sino una conciencia independiente.
En la boca de Noris
nació un pequeño huracán:
no a las frutas,
no a la avena,
no a aquello que otros consideraban suficiente.
Pero aquel “no”
no era rabia.
Era un brote nuevo
abriéndose paso en el alma.
Era la raíz del yo
que comenzaba a decir:
aquí empiezo yo,
aquí termina el mundo.
Desde esta perspectiva, la historia de Noris puede leerse como una metáfora del proceso humano de convertirse en uno mismo. La niña que busca un color perfecto termina descubriendo algo más valioso: que la identidad no se construye imitando modelos externos, sino reconociendo la propia mezcla de experiencias, emociones y aprendizajes.
Así, el relato recuerda que la infancia es un territorio de descubrimiento donde el ser humano inicia su primer diálogo con el mundo. En ese diálogo, lleno de negaciones, preguntas y exploraciones, comienza a formarse lentamente la conciencia.
La enseñanza final es profundamente humanista: la verdadera belleza y el valor de una persona surgen cuando logra aceptarse mientras aprende a conocerse.
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