“…Se ha producido una transición
desde la ruptura estética
de la primera década del siglo xxi…”
Luis Bagué Quílez.
El nuevo milenio concitó una “«instapoesía» o «poesía millennial», “fenómeno caracterizado por su difusión en redes como Instagram y Twitter, su lenguaje directo y su temática centrada en amor, desamor, sexo y denuncia social.” Pérez-Ayala, Javier. (2025), divergente de la Generación Z, epicentro cultural de talleres y movimientos literarios de las décadas del setenta, ochenta y noventa. Muchos milenials conciben como poesía publicaciones en Instagram, Facebook y Twitter, donde la realidad aparece sin filtros que evidencien la intervención del artista; “desahogos liricoides, redacciones prolijas con temas de problemática adolescente, piezas sensibleras que a veces se escoran hacia algunos atrevimientos supuestamente rompedores” (Rivero Taravillo, 2019); de ahí su necesidad de fundamentos que les permitan conectar con la experiencia estética temas como el amor/desamor/sexo/muerte, etc. Dicho ambiente permea la literatura a nivel global y conmina a abrir los ojos hacia “…otra concepción y praxis de la escritura creativa.” Mármol, José, (2019). Es en este contexto que Valentín Amaro (Gaspar Hernández, Espaillat, 1969), saca al rodeo su noción estética: “…y la poesía un enredado temblor de luciérnagas…” (P.9).
- V. A. . es poeta, narrador, gestor cultural y educador; integrante de los talleres César Vallejo, el Aleph, el Ateneo Insular y miembro fundador del Taller de Narradores de Santo Domingo. Reconocido por su narrativa en varias ediciones de los Premios Juan Bosch, (FUNGLODE), Radio Santa María (2012), (2020); Premio Jaycees´72 (2008) y el 4to Certamen Literario de la Universidad Iberoamericana. Dirigió Talleres Literarios y la Feria Internacional del Libro y la Lectura de Santo Domingo, entre otros departamentos culturales. Ha publicado En el temblor de las visiones, (2006), Mariposas negras (2013), Charcos de furia (2014), El ave rasga su memoria (2014); Melba y otros cuentos (2026) y en la pasada FILSD: Desde mi carne–y otros poemas contra el insomnio (2026), poemario en el que conviven sus abuelos, padres, hija, esposa: “cuando el mundo era mi pequeña casa” (P.9), una amplísima lista de poetas concomitante con sus lecturas “…sus misterios e invasión de alas verdes” (P. 9) y amigos a los que como a él, le tiemblan las visiones.
Reflejar la realidad no implica mimetizarla como en una fotografía. La realidad poética y la extratextual son antagónicas: la poética emociona y obedece a la interpretación del bardo: “…con imágenes de fantasmas/abriéndose como lagartos…” (P.24); la extratextual anda en las calles, duerme y come contigo y muere de sentido común. La poesía quiere remontar la realidad, alzar vuelo entre el barro y las cenizas, pero volar: “…Entonces te despiertan voces humanas y sucedes…” (P. 81). Se pesca en lo efímero la trascendencia: “…uno que se deshace en el grito de las horas…” (P.113).
El panorama pudiera lucir desolador, pero pervive el optimismo. Como antes de la generación perdida en Estados Unidos, la belle époque francesa, la generación del Veintisiete en España o la sucesión de Vedrinismo, Postumismo, Poesía Sorprendida, Independientes del 40 y Generación del 48 en dominicana, la instapoesía/millennial al final de cuentas produce lectores, oro sin pulir, pero oro, y de ahí a una época dorada media la orfebrería de los vates. Las grandes revoluciones pasan desapercibidas para quienes no están empapados de su trasfondo histórico/teórico o las circunscriben al materialismo: “como ciertos muertos/que se pierden en la memoria”. (P.73).
“El concepto de habitus resulta especialmente productivo para analizar cómo las condiciones materiales de existencia de millennials y Gen Z (precariedad laboral, imposibilidad de emancipación, incertidumbre sobre el futuro) se interiorizan y se expresan en formas poéticas específicas.” Pérez-Ayala, Javier. (2025), concepto que V. A. analiza instintivamente, bajo la confiable adaptación del más apto, perdón Darwin (1809-1882): “Hoy sigue/este lento rodar como Santo Domingo/que encanta a los desprevenidos/en asombro y abismo” (P.85), deconstruye la instapoesía/millennial para interrogarla desde sus preocupaciones bio/sico/sociales: “grito de tardes que anudan su lengua/como la haitiana pedigüeña, gris, descalza/sin nada ni nadie…” (P.81); diseccionando el instante y exprimiendo su paleta de semantemas: “un pintor loco olvida sus cuadros bajo la lluvia.” (P.65), salvando sus vivencias: “Otra vez/el hombre vuelve a Gadara/donde le esperan los cerdos/los hemisferios verdes/la sequedad/el insomnio/la huida”. (P. 84). El resultado es una cadencia de imágenes polivalentes que rememoran cuanto merece permanencia: “la recuerda/con su rostro marcado por los años/despidiéndose de nadie”. (P.94); aspectos integrales servidos de un lenguaje eclético, maduro y fresco: “…como una hoja amarilla bien llovida.” (P.28).
Desde mi carne…permea la existencia venas adentro: “¿Quién acerca nuestros pies al barro y aprieta nuestras gargantas?” (P.37); en él subyacen calles atisbadas de fonemas, la Patria crecida hacia el verso y una teleología que se resiste a la debacle: “patria de la que nunca ha logrado escapar” (P.38). Sin sentencias de vida. Ontología a ras de piel que transmigra las sílabas: “En tus ojos reposa un ángel” (P.58); te mira por dentro y por fuera, consciente del espacio/tiempo como una aventura infinita y humana a la vez: “Estas aquí en la infinitud de tus ojos” (P.62).
La poesía dominicana merece esta revalorización en el espejo de sus circunstancias, perdón Ortega y Gasset (1883-1955): “y eternizo el instante en que muero./Sin vacíos/y detenida la aurora/juro que ya no tendrás/que tejer otros sueños” (P.64); enhestar el humanismo: “tienes a tus hijos gritando en tu vientre/Anacaona despedazada por los perros/Montesinos gritando su último sermón/Lemba huyendo de las manos asesinas./Una niña ciega y un anciano/llora tu locura/y tu insomnio.” (P.65); Lucerna desnuda sobre los desesperanzados: “¿Soy redimible de este dolor a cuestas?” (P.62).
Las referencias son conmovedoras, pese a desligarse del panfleto, la loa está ahí. Eso no se aprende en Instagram y Facebook, no lo verás en Twitter, quizás en un blog especializado; koinonía de poesía y vitalismo; máxime en aquellos poemas donde no alude nominalmente al homenajeado, el ritmo y espiritualidad lo celebran, invocando lo que Nabokov, (1899-1977) denominó: el escalofrío estético en la columna vertebral del lector con sentido artístico.
X
¿Qué si el ángel no quiere hablar de su caída
De la estrecha morada que lo habita
Los presagios que le acompañan
Todos los días de su muerte?
¿Qué si después de su caída
El ángel sale a la Ciudad
Y tristemente vuelve a danzar
Bajo los aleros?
Lejos de insinuar similitudes poéticas entre la Generación Z y Milenials, o sugerir el descenso del gasparhernandeño a niveles más accesibles, resalto la plasticidad de su Poesía en el ámbito de la “«instapoesía» o «poesía millennial» equivalente a retratar Nenúfares en un estanque cristalino, perdón Monet (1840–1926). Desde mi carne…, superpone familiaridad; héroes, campo; ciudad, historia y contemporaneidad a la fugacidad del instante: “Reclamo el espanto en las noches de octubre/el retozo de los cocuyos/el vuelo de Isabel entre los árboles/la risa inocente de los carboneros.” (P.9). En síntesis, tamiza los temas de esta generación y construye un puente en el que convergen inquietudes particulares y universales gracias a su paleta multívoca y polivalente: “Padre,/a veces sorprende/el desdén de los ojos/la mano sin temblor/y esta columna a pesar del polvo” (P.71). Gracias por leerme.
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