Estratopoesía, la escritura en capas. Poética de la lectura múltiple y del sentido no lineal.

«La estratopoesía se define como una forma de escritura estratificada en la que el sentido no se fragmenta, sino que se superpone, produciendo una lectura múltiple y no lineal»

En esta entrega continuamos abordando el tema de la lectura múltiple en el lenguaje poético. Debo confesar que ha sido sumamente difícil abarcar todos los elementos conceptuales y, al mismo tiempo, explicarlos con la precisión necesaria en pocas páginas. No obstante, intentaré ofrecer algunas definiciones, explicar la estructura de los poemas y presentar algunos textos del libro estratopoético «La geometría del regreso» Este libro, además de seguir el canon y la estructura de la estratopoesía, asume el principio de circularidad, ya que el último verso del poema final coincide con el primer verso del libro.

Toda técnica verdadera no nace del deseo de innovar, sino de una necesidad del sentido. Cuando una forma aparece, no lo hace para adornar la experiencia, sino para hacerla posible. La escritura poética en capas (tal como aquí se plantea) responde a una intuición profunda, la vida no se narra en una sola dirección y el lenguaje, si quiere ser fiel a esa complejidad, no puede avanzar como una línea recta sin traicionarse.

Este planteamiento no propone un poema con secreto, como la Criptopoesía, (planteada por el mismo autor) ni una destreza formal destinada al asombro inmediato. No hay en él trampa ni virtuosismo vacío. Su apuesta es que el sentido no está en una lectura, sino en la relación entre lecturas. El poema deja de ser un trayecto único para convertirse en un campo de fuerzas. La tradición lírica occidental, ha privilegiado la idea del poema como flujo, un comienzo, un desarrollo, un cierre. Incluso cuando ese cierre se niega, la lectura sigue siendo un avance. La técnica aquí ensayada rompe suavemente ese pacto, no detiene el movimiento, pero lo multiplica y en muchos casos induce a la ciclicidad poética.

Cada estrofa de cuatro versos funciona como unidad polifónica. Leída continua y horizontalmente, participa de una narración reconocible, una infancia, un nombre, un cruce, un trabajo, una pérdida, una escritura. Pero esa misma estrofa, leída verticalmente con intermitencia, se desprende de la secuencia y entra en otra lógica, la del origen, la del exilio, la del tiempo, la de la memoria escrita.

No hay contradicción entre estas lecturas, hay coexistencia. Como en la música, una voz no cancela a la otra; la tensa, la acompaña, la corrige.

Esta técnica asume algo que a menudo se olvida, leer no es solo recorrer un texto, sino montarlo. El lector deja de ser un viajero pasivo y se vuelve una suerte de editor silencioso. Decide direcciones, establece vínculos, compara resonancias. El poema no se entrega terminado, se activa y siempre queda por terminar. Así, el poema se parece menos a un relato y más a una memoria, fragmentaria, simultánea, nunca del todo ordenada.

La estratopoesía es una forma de escritura poética basada en la superposición consciente de capas de sentido autónomas, concebidas para ser leídas de manera simultánea, no jerárquica y no lineal. A diferencia de las poéticas fragmentarias, la estratopoesía no disuelve el significado, sino que lo estratifica, permitiendo que múltiples relatos, imágenes o tensiones semánticas coexistan en un mismo cuerpo textual.

Cada capa del poema posee coherencia interna y puede ser leída de forma independiente; sin embargo, ninguna agota el texto por sí sola. El sentido emerge del cruce, la interferencia y la resonancia entre capas, haciendo del acto de lectura una práctica activa, interpretativa y creativa.

El poema ya no es un mensaje cerrado, sino un lugar. Un espacio donde el lenguaje se reconoce insuficiente, pero insiste. Donde el lector no busca una verdad final, sino una experiencia de sentido compartido.

Ejemplo:

«Cuatro lecturas de una misma voz»

I

Nací en una casa junto al río,
la infancia tenía un olor a madera mojada,
aprendí temprano que partir también es quedarse,
y el tiempo no empezó a escribir su primera deuda.

II

El día que crucé la frontera del miedo,
dejé atrás nombres que aún me pronuncian,
la distancia no rompe lo que aprende a esperar,
sino aquello que nunca supo nombrarse.

III

Regresé con la edad tatuada en los pasos,
nadie vuelve intacto a la puerta inicial,
la memoria es un país que no pide pasaporte,
pero exige el precio exacto del recuerdo.

IV

Hoy entiendo que toda historia es circular,
el río sigue ahí, pero ya no soy el mismo,
vivir fue aprender a leerme en otros,
y escribir para no desaparecer del todo.

Lecturas posibles.

Lectura completa

Un sujeto nace, parte, regresa y comprende el sentido del tiempo, la memoria y la escritura.

Historia A. Historia de origen, huida, retorno y comprensión. — Primeros versos

Nací en una casa junto al río.
El día que crucé la frontera del miedo.
Regresé con la edad tatuada en los pasos.
Hoy entiendo que toda historia es circular.

Historia B. Historia filosófica sobre la identidad y el exilio interior. — Terceros versos

aprendí temprano que partir también es quedarse,
la distancia no rompe lo que aprende a esperar,
la memoria es un país que no pide pasaporte,
vivir fue aprender a leerme en otros,

Historia C. Historia metapoética, el tiempo, la pérdida y la escritura como salvación. — Cuartos versos

el tiempo no empezó a escribir su primera deuda.
sino aquello que nunca supo nombrarse.
pero exige el precio exacto del recuerdo.
y escribir para no desaparecer del todo.

Clave técnica (explicación del desarrollo del proceso)

Cada verso debe ser autosuficiente y conectable verticalmente. Los versos 1, 3 y 4 funcionan como columnas narrativas. El verso 2 actúa como puente semántico, en algunos casos no necesita historia propia. El ritmo debe ser sobrio, no demasiado barroco, para sostener la arquitectura.

Así entendida, la escritura en capas no es una innovación formal, sino una forma de fidelidad, al tiempo que no pasa, al cuerpo que recuerda, al lenguaje que falla y, sin embargo, sigue diciendo.

Aunque el planteamiento de la Estratopoesía, se puede considerar original en su formulación concreta, dialoga con varias tradiciones, el barroco (Quevedo, Góngora), el poema constelacional (Mallarmé), el Oulipo, la poesía experimental latinoamericana (Lezama, Haroldo de Campos) y el palimpsesto como concepto cultural. Sin embargo, esta propuesta se distingue en un punto clave, no fragmenta el sentido, sino que lo estratifica. Cada historia es legible sin necesidad de la otra, pero ninguna agota el texto.

El vínculo con el barroco no reside únicamente en la complejidad formal, sino en una concepción compartida del lenguaje como espacio de condensación y pliegue. En Quevedo, el sentido no avanza de manera transparente, se comprime, se repliega sobre sí mismo, exige una lectura activa que desentrañe capas conceptuales superpuestas.

Cuando Quevedo escribe:

«Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos pero doctos libros juntos»

(Quevedo, 1648)

La escritura en capas propone una forma específica de no linealidad; una no linealidad organizada en la que la multiplicidad no surge del azar, sino de una ingeniería poética consciente. En este sentido, el texto se construye de manera que permita una lectura horizontal (lineal y narrativa), así como una o varias lecturas verticales de carácter temático, filosófico o temporal, generando además un punto de cruce donde el sentido emerge a partir de la superposición de estos niveles de lectura.

Este enfoque dialoga con teorías contemporáneas de la lectura que conciben al lector como coautor (Barthes, 1970) y al texto como un espacio de interacción, no como un contenedor cerrado de significado.

El primer verso asume el (eje narrativo A: origen), acontecimiento, acción. Es el verso que ancla, que sitúa. Su función no es explicar, sino activar una escena. Incluso cuando es abstracto, debe conservar un impulso inicial, algo comienza, ocurre o se recuerda. Sin este vector, la lectura horizontal se desarticula.

El segundo verso funciona como bisagra, respiración (aunque en algunos casos se convierte en otro eje). No avanza ni se repliega del todo, respira. Es el lugar del tránsito, del ritmo, del ajuste tonal. Su tarea es permitir que el poema no se fracture bajo el peso de sus capas. En términos técnicos, es el verso que más escucha a los otros, debe poder sostener la continuidad horizontal sin perder su capacidad de resonar verticalmente.

El tercer verso introduce el (eje narrativo B: reflexión), desplazamiento, identidad. Aquí el poema gira sobre sí mismo. Es el verso donde el yo se desdobla, duda, se desplaza o se piensa desde fuera. En la arquitectura del libro, este eje suele concentrar la experiencia del exilio, no solo geográfico, sino lingüístico y simbólico. Su riesgo principal es volverse explicativo; su desafío, pensar sin clausurar.

El cuarto verso activa el (eje narrativo C: tiempo), escritura, memoria. Es el verso de cierre de la estrofa, pero no de conclusión. Su función no es cerrar, sino dejar resto. Aquí aparece el tiempo como herida o como deuda, y la escritura como gesto que no repara, pero registra. En la lectura vertical, estos versos construyen una historia autónoma, la del propio acto de escribir y de recordar.

Lo que vuelve radical a esta técnica no es la división funcional, sino la triple o cuadruple condición que cada verso debe cumplir de manera simultánea.

En este otro poema se ha simplificado la arquitectura para que el mecanismo sea claramente visible, casi pedagógico, sin perder densidad poética.

«Lo que permanece»

I

Te quise antes de saber decirlo,
con la torpeza de quien aprende,
algo en mí se endureció al nombrarte,
pero seguí creyendo en el mañana.

II

Amar fue quedarme cuando dolía,
cuando huir parecía más fácil,
la herida aprendió a hablar con rabia,
y aun así dejé una puerta abierta.

III

Tu nombre fue casa y fue frontera,
lugar donde me encontré perdido,
el rencor ocupó el sitio del silencio,
hasta que el tiempo pidió otra respuesta.

IV

Hoy entiendo lo que no supimos cuidar,
sin absolver ni condenar del todo,
no todo odio nace de la nada,
y todavía espero algo distinto.

Lectura general (horizontal)

Leído de manera tradicional, el poema cuenta una historia afectiva completa, un amor inicial, ingenuo; la aparición del dolor y el conflicto; la transformación del amor en rencor; una comprensión final que no borra el pasado, pero abre la posibilidad de cambio

Es una historia realista, emocionalmente coherente, el amor no desaparece, se deforma, y desde esa deformación nace tanto el odio como la esperanza.

Primera capa: AMOR

(Lectura vertical de los primeros versos de cada estrofa)

Te quise antes de saber decirlo.
Amar fue quedarme cuando dolía.
Tu nombre fue casa y fue frontera.
Hoy entiendo lo que no supimos cuidar.

¿Qué historia cuenta esta capa?

Esta lectura construye una historia autónoma de amor: Amor previo al lenguaje, amor como decisión (quedarse), amor como espacio compartido, amor que madura hacia la comprensión

Clave didáctica.

Los primeros versos están escritos desde la afirmación afectiva. Incluso cuando aparece el conflicto, el amor sigue siendo el eje.

Segunda capa: ODIO

(Lectura vertical de los terceros versos de cada estrofa)

Algo en mí se endureció al nombrarte.
La herida aprendió a hablar con rabia.
El rencor ocupó el sitio del silencio.
No todo odio nace de la nada.

¿Qué historia cuenta esta capa?

Aquí aparece otra narrativa completa, más oscura. El amor empieza a tensarse, el dolor se convierte en rabia, el rencor reemplaza la comunicación, el odio es comprendido, no glorificado.

Clave didáctica.

El odio no aparece como sentimiento primario, sino como consecuencia del daño. Esta capa explica cómo se fabrica el odio.

Tercera capa: ESPERANZA

(Lectura vertical de los cuartos versos de cada estrofa)

Pero seguí creyendo en el mañana.
Y aun así dejé una puerta abierta.
Hasta que el tiempo pidió otra respuesta.
Y todavía espero algo distinto.

¿Qué historia cuenta esta capa?

Esta lectura narra una resistencia silenciosa, la esperanza existe incluso en el conflicto, no es ingenua, convive con el dolor, el tiempo se vuelve agente de cambio, la espera no es pasiva, es ética

Clave didáctica.

La esperanza no niega el odio ni idealiza el amor. Funciona como una tercera fuerza que impide el cierre definitivo.

Las capas interactúan de manera dinámica para construir una visión compleja del afecto humano, el amor inicia el vínculo, el odio explica su ruptura y la esperanza impide que esa ruptura sea absoluta. Ninguna de estas capas anula a las otras; por el contrario, al leerse de manera conjunta producen un entramado de significados donde los sentimientos no se sustituyen, sino que se superponen. De este modo, el poema demuestra que la escritura en capas permite representar emociones contradictorias sin reducirlas, refleja con mayor fidelidad la experiencia humana que una narración estrictamente lineal y convierte al lector en un descubridor del sentido, más que en un simple receptor del mensaje.

Principio rector del libro «La geometría del regreso» Texto fundacional de la Estratopoesía.

Cada poema está compuesto por estrofas de cuatro versos y el libro admite diversos modos de lectura que articulan su estructura estratificada. Puede leerse de manera horizontal continua, recorriendo cada poema completo para revelar la historia visible; o mediante lecturas verticales intermitentes que organizan otros niveles de sentido, los primeros versos reconstruyen la historia del origen; los segundos exploran la vida cotidiana y el cuerpo; los terceros se relacionan con el exilio y el pensamiento; y los cuartos con la escritura y el tiempo. De este modo, cada poema representa una etapa vital que avanza dentro del conjunto, aunque ninguno se cierra de forma definitiva, manteniendo abierta la continuidad del sentido. 

Poema I — La casa

I
La casa nació antes que mi nombre,
con un patio de tierra tibia y lenta,
yo aprendí a estar mirando las hormigas,
y el tiempo me rozó sin hacer ruido.

II
El patio era un cuerpo que respiraba,
la siesta se acostaba en las baldosas,
nadie me explicó qué era el silencio,
pero dejó su marca en cada muro.

III
Mi madre hablaba al agua de los platos,
la sombra se movía por costumbre,
así entendí que el mundo no responde,
y algo empezó a irse mientras quedaba.

IV
La tarde se cerraba como un párpado,
el polvo regresaba a su lugar,
yo crecía sin darme cuenta aún,
la casa me miraba desde el futuro.

Lectura horizontal continua poema completo → historia visible

El poema «La casa» enfoca el origen silencioso de la identidad, donde la infancia se forma antes del lenguaje a través del habitar doméstico, y el tiempo, sin anunciarse, deja sus primeras huellas mientras la casa se convierte en memoria viva que antecede y sobrevive al sujeto.

Lecturas verticales

Lectura vertical intermitente A — Origen (primeros versos)

Historia del nacimiento simbólico

La casa nació antes que mi nombre,
el patio era un cuerpo que respiraba,
mi madre hablaba al agua de los platos,
la tarde se cerraba como un párpado.

Lectura de génesis: la casa como matriz viva, anterior al yo.

Lectura vertical intermitente B — Vida cotidiana / cuerpo (segundos versos)

Historia del habitar

con un patio de tierra tibia y lenta,
la siesta se acostaba en las baldosas,
la sombra se movía por costumbre,
el polvo regresaba a su lugar.

Lectura del ritmo doméstico: el mundo como repetición corporal.

Lectura vertical intermitente C — Exilio / pensamiento (terceros versos)

Historia del aprendizaje inconsciente

yo aprendí a estar mirando las hormigas,
nadie me explicó qué era el silencio,
así entendí que el mundo no responde,
yo crecía sin darme cuenta aún.

Lectura del pensamiento: saber sin lenguaje, crecer sin mapa.

Lectura vertical intermitente D — Escritura / tiempo (cuartos versos)

Historia de la primera herida temporal

y el tiempo me rozó sin hacer ruido.
pero dejó su marca en cada muro.
y algo empezó a irse mientras quedaba.
la casa me miraba desde el futuro.

Lectura del tiempo: la herida inaugural que funda la escritura.

Poema II — El nombre

I
Mi nombre llegó tarde a mi cuerpo,
lo dijeron con un acento ajeno,
aprendí a repetirlo como un muro,
y el tiempo lo gastó sin preguntarme.

II
El apellido pesaba en la boca,
cada letra marcaba una frontera,
escribía para no desaparecer,
mientras la voz buscaba su lugar.

III
Yo era otro según quien me llamara,
la lengua me partía en dos orillas,
dejé signos para volver a mí,
y algo de mí quedó fuera del sonido.

IV
Un día firmé sin reconocerme,
mi idioma temblaba al pronunciarme,
la página fue un gesto de defensa,
el nombre siguió mudándose en el tiempo.

Lectura horizontal continua poema completo → historia visible

El poema «El nombre» tiene como esencia en su lectura continua, la identidad como construcción inestable, marcada por el lenguaje, el acento y el tiempo, donde el nombre no fija al sujeto, sino que lo desplaza, obligándolo a escribir como acto de defensa frente a la fragmentación y el desarraigo.

Lecturas verticales

Lectura vertical intermitente A — Construcción del «yo» (primeros versos)

Mi nombre llegó tarde a mi cuerpo,
El apellido pesaba en la boca,
Yo era otro según quien me llamara,
Un día firmé sin reconocerme.

Historia del yo: identidad como proceso inestable, siempre posterior al cuerpo.

Lectura vertical intermitente B — Lenguaje como frontera (segundos versos)

lo dijeron con un acento ajeno,
cada letra marcaba una frontera,
la lengua me partía en dos orillas,
mi idioma temblaba al pronunciarme.

Historia del idioma: la lengua separa tanto como nombra.

Lectura vertical intermitente C — Escritura como defensa (terceros versos)

aprendí a repetirlo como un muro,
escribía para no desaparecer,
dejé signos para volver a mí,
la página fue un gesto de defensa.

Historia de la escritura: escribir para sostener la existencia.

Lectura vertical intermitente D — Tiempo / desplazamiento (cuartos versos)

y el tiempo lo gastó sin preguntarme.
mientras la voz buscaba su lugar.
y algo de mí quedó fuera del sonido.
el nombre siguió mudándose en el tiempo.

Historia del tiempo: el nombre no fija, se erosiona y se desplaza.

A modo de conclusión, la Estratopoesía propone una concepción del poema basada en la superposición de capas de sentido y no en la fragmentación ni en la progresión lineal única. En esta perspectiva, el poema deja de entenderse como un mensaje cerrado para convertirse en un campo dinámico de fuerzas semánticas que se activa en el acto de la lectura. Cada capa posee autonomía relativa, pero ninguna agota por sí sola el significado total del texto; es en su interacción donde emerge la complejidad del sentido.

Esta propuesta estructural se sostiene en la lectura múltiple, horizontal y vertical, como principio constitutivo del poema. La estrofa de cuatro versos funciona como matriz mínima de organización, permitiendo que cada verso cumpla simultáneamente funciones de autosuficiencia, coherencia horizontal y conexión vertical con los demás niveles del texto. De este modo, la técnica exige una notable economía del lenguaje, fundada en la precisión expresiva y en la renuncia a lo superfluo, mientras que la no linealidad que plantea no es caótica ni aleatoria, sino cuidadosamente organizada.

Asimismo, la escritura en capas reproduce de alguna manera el funcionamiento de la memoria humana, caracterizada por asociaciones, retornos y superposiciones de experiencia. En este marco, el lector deja de ser un receptor pasivo para convertirse en un lector activo, casi un coeditor del sentido, cuya participación resulta esencial para que el poema despliegue todas sus posibilidades interpretativas. Sin embargo, la propuesta mantiene una hospitalidad lectora que garantiza la legibilidad de una lectura lineal, permitiendo que el texto sea accesible sin renunciar a su complejidad.

Finalmente, la Estratopoesía establece un diálogo con la tradición literaria sin negarla, operando como una suerte de palimpsesto activo en el que distintas herencias se rearticulan. La técnica no persigue el hermetismo, sino una complejidad legible y compartible, sustentada en una ética de la coexistencia de sentidos frente a la clausura del significado único. Por ello, el poema estratificado está concebido para la relectura permanente, de modo que cada regreso del lector reactive nuevas capas de interpretación sin cerrar definitivamente el texto.

En la tercera y ultima entrega estaremos presentando un análisis comparativo de las características similares y diferenciadoras del Pruralismo y la Estratopoesía.

Referencias

Alcántara Almánzar, J. (2025). Manuel Rueda: de las noches a las metamorfosis de Makandal [Conferencia]. Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), Santo Domingo, República Dominicana.

Campos, H. de. (1987). Metalinguagem e outras metas. São Paulo: Perspectiva.

Genette, G. (1989). Palimpsestos: La literatura en segundo grado (C. Manzano, Trad.). Madrid: Taurus. (Trabajo original publicado en 1982).

Góngora, L. de. (2009). Soledades; Carta en respuesta (A. Carreira, Ed.). Madrid: Cátedra. (Obras originales publicadas en 1613).

Lezama Lima, J. (2012). La expresión americana. México: Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1957).

Mallarmé, S. (2008). Un golpe de dados jamás abolirá el azar (R. Silva-Santisteban, Trad.). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. (Trabajo original publicado en 1897).

Perec, G. (2009). La desaparición (H. Vogel, Trad.). Barcelona: Anagrama. (Trabajo original publicado en 1969).

Quevedo, F. de. (2011). Poesía completa (J. M. Blecua, Ed.). Madrid: Castalia. (Obras originales publicadas en 1648).

Rueda, M. (1975). Con el tambor de las islas. Santo Domingo, R. D.: Editora Taller.

Esteban Tiburcio Gómez

Investigador y educador

El Dr. Esteban Tiburcio Gómez es miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Licenciado en Educación Mención Ciencias Sociales, con maestría en educación superior. Fue rector del Instituto Tecnológico del Cibao Oriental (ITECO), Doctor en Psicopedagogía en la Universidad del País Vasco (UPV), España. Doctor en Historia del Caribe en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), entre otras especializaciones académicas.

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