En esta historia el cuentista, novelista y crítico de cine, Armando Almánzar, emplea un estilo poético de contar, a través de los cinco sentidos, permitiendo así distintas lecturas.
Al principio del relato, se puede pensar que el protagonista se trata de un ser vivo cualquiera, que se mueve bajo la lluvia, pero, al seguir leyendo, caemos en cuenta de que éste es un niño al que comúnmente llamamos limpiavidrios[1]. A él, como a las mariposas, no le gustaba la lluvia.
El autor nos habla de Chago, un jovencito de delgadas piernas y señales de desnutrición, quien disfrutaba correr, rodeado de “mariposas que flotaban en silencio, temblorosas de sol y color en primavera”. Éste vivía con su familia, en extrema pobreza. En su narrativa, la realidad humana es palpable, como cuando describe el rancho en que el niño vivía antes de llegar a la ciudad: "un sitio con el piso de tierra, siempre duro y seco, y el viento, el frío y la lluvia no se colaban a través de las paredes de palma y el techo de cana[2]". Éste era tan diferente al actual que, desde que caía agua del cielo, se llenaba de lodo y suciedad.
Un día lluvioso de mayo, había salido sin comer, y con pocas esperanzas de conseguir unas monedas, limpiando los vidrios de los carros. Cuando el aguacero cesó, se dirigió a su casa, para reunirse con su familia. Pero Chago no encontró el lugar de su vivienda como de costumbre: Junto a la suya, desaparecieron todas las demás casas.
Este relato, fuera de lo común, se caracteriza por una crudeza sin tapujos y, al mismo tiempo, por los toques de poesía de los que el autor se vale para intentar “embellecer” la tragedia.
Esta visión social, nos hace recordar historias como La vendedora de fósforos, de Hans Christian Andersen y Un niño, de Juan Bosch, cuentos de distintos tiempos y latitudes, sin embargo, todos conectados por la necesidad humana de leer y decir su realidad.
Al final, el pequeño Chago, pudo ver las mariposas en el sendero, olvidarse de su estado, y salir corriendo a “una casa”, donde no hubiera frío, ni lluvia, ni piso de tierra, fuera ésta seca o mojada. Un lugar donde sus sueños al fin se hicieran realidad.
Y esta es la belleza de la literatura que Almánzar nos muestra, donde el contar nos permite ver las cosas, por duras que parezcan, ya sea en la pálida luz de una pequeña llama, el cristal de una ventana, el aleteo de mariposas de colores o en los ojos de un niño, un día de mayo, frente a un semáforo cualquiera.
De vuelta a las mariposas. Almánzar, Armando. 1979. Santo Domingo
Antologado: Cuentos Dominicanos para Niños. 2000. Impresiones Editora Corripio. Santo Domingo
[1] Limpiavidrios: Persona que en las calles, se dedica a limpiar vidrios de automóviles, por una propina de los conductores.
[2] Cana: Tipo de palma nativa de La Española.
Compartir esta nota
