Una historia que no empieza en 1965
La Revolución de Abril de 1965 suele contarse desde las calles de Santo Domingo: los comandos, los tanques, la intervención extranjera. Pero esa historia, en realidad, comenzó mucho antes y en otros lugares.
En San Juan de la Maguana, lejos del foco capitalino, ya se había sembrado una cultura de resistencia bajo la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Una resistencia hecha de clandestinidad, miedo, solidaridad… y sangre.
Este artículo propone mirar esa continuidad: desde el asesinato del comunicador Alfredo Achecar, reconstruido a partir del testimonio del Dr. José Oscar Viñas Bonelly, hasta la participación activa de sanjuaneros en la insurrección constitucionalista de 1965.
Un crimen para sembrar el terror
El 27 de febrero de 2005, el Dr. José Oscar Viñas Bonelly relató un episodio que resume la lógica represiva del trujillismo en el interior del país.
Achecar, director de Radio San Juan, no era militante político. Pero cometió un “delito” imperdonable: permitir que su emisora sirviera de plataforma para ideas contrarias al régimen.
Un editorial crítico —escrito por Viñas Bonelly— encendió la ira del poder militar local. La respuesta no fue un desmentido ni una advertencia pública: fue una orden de muerte.
El objetivo era Viñas Bonelly. Pero quien cayó fue Achecar.
El sicario irrumpió en la emisora y descargó su arma: dieciocho disparos. No fue solo un asesinato. Fue un mensaje.
Un mensaje claro: nadie que apoyara, siquiera indirectamente, a la disidencia estaba a salvo.
San Juan: resistencia en silencio
Lejos de los grandes centros urbanos, la represión operaba con la misma intensidad, aunque con menos registro histórico.
En San Juan, grupos vinculados al Movimiento Revolucionario 14 de Junio comenzaban a organizarse. Jóvenes, profesionales, mujeres, comerciantes: una red diversa, unida por la convicción de que la dictadura debía terminar.
El propio Viñas Bonelly describe las tensiones internas dentro de la oposición, especialmente con sectores que no asumían los mismos riesgos. Esa fractura dio origen a núcleos más comprometidos, donde la militancia no era simbólica, sino existencial.
“No estábamos en un club social, sino enfrentando a una tiranía”, recuerda.
Vivir escondido, resistir de pie
Tras el asesinato de Achecar, la persecución se intensificó.
Viñas Bonelly tuvo que entrar en clandestinidad. Dormía cada noche en un lugar distinto. La muerte era una posibilidad cotidiana.
Ese aprendizaje —vivir bajo amenaza constante— marcó a toda una generación. No desapareció con la caída de Trujillo en 1961. Se transformó en experiencia política.
Y esa experiencia reaparecería pocos años después.
1965: cuando la provincia llegó a la guerra
Cuando estalló la Revolución de Abril, muchos de esos hombres y mujeres ya tenían un recorrido previo en la resistencia.
San Juan no se quedó al margen.
Decenas de sanjuaneros viajaron a Santo Domingo o ya se encontraban allí. Se integraron a comandos, unidades militares, redes logísticas.
No fue una participación simbólica. Fue activa, diversa y, en muchos casos, decisiva.
Del campo a los comandos
Entre los nombres que emergen en la reconstrucción histórica destacan figuras de distintos niveles:
- Malaquías Méndez Sánchez, oficial que asumió funciones clave en la estructura militar constitucionalista.
- Mario Peña Taveras, protagonista en los primeros momentos del levantamiento.
Pero también combatientes menos conocidos, cuya memoria sobrevive en fotografías y testimonios:
- Emmanuel “Emmy” Rodríguez Montes de Oca
- Raúl Felipe Lama Méndez
- Diego Polanco (“Mantequilla”)
Y miembros del emblemático cuerpo de Hombres Rana, unidad élite de la Marina:
- Andrés Dirosié Montás
- Manuel Terrero Méndez
- Simón Cruz Valenzuela (“Ranita”)
Cada uno representa una historia individual. Juntos, configuran una presencia colectiva que la historiografía tradicional ha minimizado.
Las mujeres que sostuvieron la lucha
La historia de Abril no se entiende sin las mujeres.
Sanjuaneras como Josefina Paniagua, Sonia Valenzuela, Margarita Vásquez y Dominica Montero Mora participaron en tareas esenciales: enfermería, abastecimiento, enlace.
Sin ellas, la resistencia no habría sido posible.
Y sin embargo, su papel sigue siendo uno de los más invisibilizados.
Memoria contra el olvido
El caso de Alfredo Achecar y la participación sanjuanera en 1965 no son historias aisladas. Son capítulos de una misma narrativa: la de un pueblo que resistió primero en silencio y luego en las calles.
Durante décadas, la historia dominicana ha sido contada desde la capital. Este enfoque ha dejado en segundo plano experiencias provinciales fundamentales.
Recuperar los nombres sanjuaneros no es solo un ejercicio académico. Es un acto de justicia.
Una deuda pendiente
Muchos de los protagonistas de estas historias murieron sin reconocimiento. Otros sobrevivieron en el anonimato.
Sus nombres siguen dispersos en archivos familiares, en fotografías olvidadas, en la memoria oral.
Este trabajo no pretende cerrar esa historia. Al contrario: abre una puerta.
Una invitación a investigar, documentar y reconocer.
Porque la historia también tiene geografía
La Revolución de Abril no fue solo de Santo Domingo.
La resistencia antitrujillista no fue solo de las élites urbanas.
En San Juan de la Maguana —como en tantas otras provincias— hubo hombres y mujeres que enfrentaron el miedo, desafiaron al poder y pagaron un precio alto por ello.
Recordarlos no es un gesto simbólico.
Es afirmar que la historia dominicana no está completa sin ellos.
Nota del autor
Este artículo forma parte de un esfuerzo por rescatar la memoria histórica sanjuanera y su contribución a los procesos democráticos del país. Cada testimonio recuperado es una pieza más en la reconstrucción de una historia que aún está incompleta.
Ike Méndez (José Enrique Méndez Díaz)
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