"Hágase la luz", y se hizo. Sin embargo, aún faltaba un poema por hacer. Un conjunto de versos  que acompañara la luminosidad del mundo, la fortaleza del viento y el constante parir de la memoria. Ahí nació la "Invención del día"; miles de años después. Para ser exactos, en 1989.

"[…] sabio es el viento que no tiene memoria. que solo cuando pasa es. que puede pasar iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo sabrá". ("Pensamiento"). Fragmento. Pág.286

Como parte de la antología poética "Donde todo triste ruido hace su habitación", Visor Libros, Colección Visor de Poesía, 2026, de nuestro Premio Nacional de Literatura 2013, José Mármol (Santo Domingo, 1960); "La invención del día", Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña, se presenta junto a otros doce libros como una nota más en la hermosa y compleja partitura completa, de la labor lírica de nuestro prestigioso poeta,  entre los años 1984-2019.

Como hacedor del buen decir, del buen escribir, Mármol engalana el universo, creado o no por manos divinas, como lo expresa o no, en palabras que habitan el pensamiento histórico y que él hace suyas con sobrada maestría:

"para mi vocación. lo importante no es discutir si fue dios o no quien creó este mundo. tampoco si existe o no existe dios. para mí. lo importante sigue siendo averiguar en qué pensaba dios -exista o no-. cuando quiso crear el mundo -lo haya creado o no-". ("El ultimo sofisma de Protágoras el mago). Pág.276

Don Jochy trasciende lo carnal, pero siendo carne. Se trasmuta a espíritu herido sin dejar la piel que lo viste. Su poesía es esa misma fiera que describe y que lo carcome y lo regurgita, como un rumiante precavido:

"[…] algunos pasos evocarán mis piernas para destejer el nudo de la muerte. cierta garra ferina arañará la carne de mis años por un hombro. algo con cuchillo de viento que corta viajando indetenible y sin partir jamás de la primera herida[…]" ("El asesinado de inocencia"). Fragmento. Pág.252

Dueño de virtudes y defectos, el hombre es definido por Mármol como un ente "sisifesco". Un luchador constante sin ninguna posibilidad de  victoria:

"inocuo y maligno. estúpido y sabio. que Inmortales los dioses lucharan en su eternidad. por lo mismo que los hombres. duraderos un día. luchan en su torpe finitud".("Noción alguna de la paradoja"). Pág.255.

Sin embargo, lo rescata de esa mortalidad inevitable. Lo eleva y lo siente a la derecha de un "olimpo" que sueña ser eterno. Pero que todos sabemos que físicamente no lo será. Sin embargo, esa energía inagotable de la memoria no sabe de finitud:

"[…] cada hombre inventa una magia pequeña que sin advertirlo le hace inmortal. antes de la muerte mi padre creó el tiempo. (pienso que fue un recurso para de algún modo estar). antes del instante había sido la música. habían sido las fotos de los hijos en la esfera. cada noche me cuenta la orfandad. el asomo resurge para regar las notas como en vida lo hizo con las plantas y las piedras. cada hombre inventa un milagro pequeño que sin advertirlo le hace Inmortal".("Nudo de la costumbre"). Fragmento. Pág.257

El viento, aquel que sopla desde el ulterior del tiempo. Que va y vuelve, templado, cálido, es el instrumento que el poeta abraza. Lo utiliza, cual artesano que embate las curvas de sus ondas, y  esculpe poemas que murmura al oído,  al oído del mismo viento que devuelve su recital:

"he retenido a través del olvido sus sus lentas piernas largas de caminos perdidos. la mirada de ámbar. su voz que nada suena cuando está en el aire. he visto su cuerpo estallar hecho de ausencia. similar a una cayena que no estaba. como una nostalgia resurgida. he vivido repetido después de su adiós y por mis huesos anda un viento frío[…]" ("Bolero del vencido") Fragmento. Pág.272

José Mármol interpreta el sonido que se origina en el tacto, lo absorbe y lo hace suyo como un eco prófugo de su voz:

"en más allá sin darnos cuenta creció tanto la hierba. hay en la memoria de sus dedos un constante viaje que aún no halla destino. ni  la sombra de dios me da descanso. ni su saber me inspira ceremonia o temor. cuando sueño alguien ha quedado durmiendo mi existir. cuando escribo alguien habrá escribiendo mientras pienso lo pensado[…]"("El delirio"). Fragmento. Pág.283

La memoria habita el fuego y nacen versos desde las cenizas. La memoria es la madre de todos los incendios:

"[…]el poema. oración de incertidumbre. el único despojo no incinerado. la sola derrota de la voluptuosa hoguera. el postrer el testimonio del conjurado ígneo en su vil crepúsculo de morado derroche[…]" ("Balada del uncida"). Fragmento. Pág.243

Mármol,  en su contrabando íntimo de las palabras, transporta sus gritos debajo de un vientre preñado por dioses inventados. Pero dioses al fin que venera en cada alijo de sus metáforas:

"cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto a la piedad. al amor. al tedio. un cosmos reunido en una breve mancha nacida para el aire. tímido latido del inmenso letargo celestial esa flor. un vajido tal vez de algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su forma y en el instante queda".("Otra vez un poema"). Pág.246.

Para el poeta y filólogo español Eduardo Moga (Barcelona, 1962), al referirse al libro "La invención del día" de nuestro poeta Premio Nacional de Literatura, afirma:  "El discurso de Mármol infringe las normas y crece gracias a esa infracción: palabras luxadas, que buscan una patria intransferible y, a la vez compartida; palabras que nos observan con ojos inversos, como animales airados y melancólicos. El lenguaje reconstruye el mundo, nos reconstruye, mediante la transgresión". Y  es esa dislocación del sentido del logos lo que hace de su poesía del pensar una apuesta segura al gusto inquisitivo del lector:

"voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando si no al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios voy a crear un himno para el viento y la memoria". ("Esquicio del vuelo"). Pág.247

Hoy,  a treinta y siete años de su publicación, "La invención del día" se reinventa. Mármol dijo: -¡Hágase el poema!- y se hizo, y vio don Jochy que era bueno y nosotros también.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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