Canon ex Única, uno de los textos más controvertidos de Manuel Rueda, constituye una de las manifestaciones más radicales de la experimentación verbal desarrollada en el marco del Pluralismo dominicano. Lejos de ser únicamente una sátira dirigida contra determinados críticos y escritores de la década de 1970, el poema despliega una compleja reflexión sobre el lenguaje, la autoridad cultural y los mecanismos de legitimación literaria. A través de procedimientos de deformación fonética, paronomasia, escatología verbal, autorreferencialidad y proliferación significante, Rueda transforma la escritura en un laboratorio donde la palabra se vuelve objeto de sí misma. Desde una perspectiva histórica y lacaniana, este ensayo propone una lectura que integra la dimensión polémica del texto con su profunda exploración de la autonomía del lenguaje.
Introducción
Dentro de Con el tambor de las islas (1975), obra emblemática del proyecto pluralista de Manuel Rueda, Canon ex Única ocupa un lugar singular. No se trata simplemente de una pieza experimental ni de una provocación circunstancial, sino de una intervención poética que cuestiona simultáneamente las formas tradicionales del lenguaje literario y las estructuras de poder que organizan el campo cultural dominicano.
La recepción del poema estuvo marcada por la controversia. Según ha documentado el investigador Miguel D. Mena, algunas páginas de la primera edición fueron objeto de censura material mediante cortes realizados en la imprenta, hecho excepcional en la historia literaria dominicana contemporánea. La reacción que provocó el texto evidencia que su blanco no era exclusivamente estético. El poema tocaba intereses, prestigios y mecanismos de autoridad profundamente arraigados en la vida intelectual del país.
Sin embargo, reducir la obra a un ajuste de cuentas personal significaría ignorar su dimensión más profunda. Canon ex Única constituye una crítica sistemática a los modelos normativos de lectura y a las jerarquías que pretendían definir qué debía entenderse por poesía en la República Dominicana de los años setenta.
El poema como sátira del campo intelectual
La dedicatoria a Zacarías Espinal orienta la lectura hacia el terreno de la polémica literaria. Desde sus primeros versos, Rueda transforma el discurso crítico en objeto de burla:
Mi mime mimética ma menor meé nos vaca crítica becerra satírica.
La crítica aparece degradada mediante asociaciones animales y deformaciones sonoras que recuerdan la tradición carnavalesca estudiada por Mijaíl Bajtín. El procedimiento se repite a lo largo del poema:
crítica el crítico gritica el grítico
o
analiza el ano liso
analiza la mona lisa
La operación consiste en desmontar el prestigio del lenguaje académico mediante la exhibición de sus automatismos. El análisis crítico deja de aparecer como una práctica de conocimiento para convertirse en una combinatoria verbal susceptible de ser ridiculizada.
Particularmente significativa es la parodia de los tecnicismos universitarios:
la mayusculación errónea
el minusculativo infortunado
o las falsas referencias eruditas:
Cf. cinta asmática
(Pequeño Larousse Ilustrado)
El aparato crítico se convierte así en objeto de sátira. La autoridad bibliográfica pierde solemnidad y revela su dimensión ritual y convencional.
El canon como principio generativo
La noción de canon constituye la clave estructural del poema. La referencia musical no es ornamental. En la tradición contrapuntística, el canon consiste en la repetición y transformación de una misma línea melódica por voces sucesivas.
Rueda traslada ese procedimiento al lenguaje. Una palabra genera otra; un sonido engendra nuevas asociaciones; una sílaba se transforma en cadena proliferante de significantes.
El poema funciona como una máquina verbal de variaciones continuas. No existe un centro estable. Las palabras se desplazan, se contaminan y producen nuevas configuraciones sonoras.
En este sentido, la obra convierte el lenguaje en un proceso antes que en un sistema cerrado de significados.
La autonomía del significante: una lectura lacaniana
Desde la perspectiva de Jacques Lacan, Canon ex Única puede entenderse como una puesta en escena del predominio del significante sobre el significado.
La cadena verbal avanza mediante desplazamientos continuos donde el sentido nunca alcanza una fijación definitiva. Cada palabra remite a otra en una secuencia potencialmente infinita.
La significación no precede al lenguaje; surge de manera provisional como efecto de sus desplazamientos.
El poema ilustra de forma extraordinaria una de las tesis fundamentales del pensamiento lacaniano: el sujeto no domina plenamente el lenguaje, sino que es producido por él.
En consecuencia, la voz poética deja de aparecer como origen soberano del discurso. Se convierte en un efecto fragmentario de la propia cadena significante.
El resto y la lógica del objeto a
Uno de los rasgos más notables del poema es la producción constante de excedentes lingüísticos.
Palabras deformadas, residuos fonéticos, asociaciones laterales y rupturas sintácticas generan elementos que parecen escapar a cualquier organización semántica estable.
Desde una lectura lacaniana, estos residuos pueden entenderse como manifestaciones de lo que Lacan denomina objeto a: un resto irreductible que nunca logra integrarse completamente al sentido.
Lejos de constituir errores o desviaciones accidentales, estos sobrantes actúan como el motor mismo de la escritura.
El poema avanza precisamente porque produce continuamente aquello que no puede terminar de significar.
Autorreflexividad y metapoesía
Otro aspecto fundamental de Canon ex Única es su dimensión metapoética.
El texto observa sus propios procedimientos, comenta sus mecanismos y reflexiona sobre sus errores aparentes. La escritura se convierte en objeto de sí misma.
No obstante, esta vigilancia crítica no conduce al control del discurso. Por el contrario, lo intensifica.
Cada intento de explicación queda absorbido por nuevas asociaciones verbales.
El poema se contempla a sí mismo mientras se escribe.
Esta autorreferencialidad constituye una de las expresiones más complejas de la metapoesía dominicana contemporánea.
Goce del lenguaje y exceso verbal
La ironía de Canon ex Única no funciona únicamente como crítica. También expresa un intenso goce del lenguaje.
Las palabras dejan de ser simples vehículos de significado para convertirse en materia sonora, rítmica y corporal.
Expresiones como:
cucaramacaracha
o
gluglublando debajo de vosotros
ponen de manifiesto una escritura que disfruta de su propia materialidad fonética.
La poesía ya no comunica únicamente ideas; explora las posibilidades acústicas y corporales del lenguaje.
En consecuencia, el sentido se fragmenta y se multiplica hasta convertirse en una experiencia de proliferación verbal.
Descomposición del sujeto
La crisis del lenguaje implica también una crisis del sujeto.
El yo no aparece como centro organizador de la experiencia poética.
La identidad se dispersa entre voces, juegos fonéticos y desplazamientos significantes.
Desde esta perspectiva, el sujeto de Canon ex Única coincide con el sujeto dividido descrito por Lacan: una instancia escindida por el lenguaje que la constituye.
El poema muestra que el yo no habla el lenguaje; es hablado por él.
El cierre y la metáfora de la cuerda única
Los versos finales condensan la clave simbólica de toda la obra:
y éste señores es el fin
del canon que he tocado por gusto
en la ex única cuerda de un violín
La imagen resulta profundamente irónica.
Mientras el canon musical supone multiplicidad de voces, aquí todo ocurre sobre una sola cuerda.
La metáfora sugiere una crítica encerrada en sí misma, monocorde, incapaz de escuchar la pluralidad.
Frente a esa reducción, el poema reivindica la multiplicación de voces, sentidos y perspectivas que constituye el núcleo estético del Pluralismo.
Conclusión
Canon ex Única es simultáneamente sátira, manifiesto, experimento verbal y reflexión metapoética. Su importancia no radica únicamente en las polémicas que provocó ni en las alusiones a figuras concretas del campo intelectual dominicano, sino en la radicalidad con que explora los límites del lenguaje.
A través de una escritura basada en la proliferación significante, la autorreflexividad y la descomposición de las jerarquías discursivas, Manuel Rueda transforma la poesía en un espacio donde la palabra deja de representar el mundo para examinarse a sí misma.
La obra demuestra que el lenguaje no es un instrumento transparente al servicio del significado. Es una fuerza autónoma que produce sentidos, excedentes, fisuras y desplazamientos.
En ese gesto extremo, la poesía alcanza una de sus posibilidades más profundas: convertirse en el lugar donde el lenguaje, finalmente, se contempla a sí mismo.
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