"Desde hace muchos años, como ya se ha dicho aquí, he asumido la palabra como vehículo de transmisión de una actitud, de un sentimiento, de una disposición para querer contribuir al desarrollo de mi pueblo". Bruno Rosario Candelier (Palabras de agradecimiento al recibir el Premio Nacional De Literatura 2008)
En marzo de 1986, el destacado intelectual, Bruno Rosario Candelier (Moca, República Dominicana, 1941), Premio Nacional De Literatura 2008, publicó su emblemático libro "Ensayos Literarios", Biblioteca Nacional, impreso por Editorial Santo Domingo, esta magistral colección de ensayos y entrevistas, están, al día de hoy, directamente conectados con los acontecimientos literarios de la actualidad.
Entre sus páginas, el miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española, expone las problemáticas que en esos años afectaban a la sociedad y que ahora siguen afectando como en aquel tiempo.
Sus entrevistas, realizadas en aquellos años revelan la gran intuición humanista del maestro Rosario Candelier, ya que a los dos grandes escritores que entrevistó de forma espléndida, fueron ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura, años después de las importantes entrevistas. Gabriel García Márquez, en 1973 y el premio se le fue otorgado en 1982 y a Mario Vargas Llosa, entrevistado en el mismo año 1973 y a quien se le concedió el Nobel en el año 2010.
La conexión existente entre sus postulados y la realidad que impera en nuestros días, no solo es académica, sino social y antropológica. Su conocimiento de la psiquis del ser humano lo hace retratar, las verdades inherentes a nuestra sociedad. La literatura y el arte no han desaparecido, como lo defendía en aquellos años y afirmaba que la misma sociedad defendería, con uñas y dientes, las humanidades, a pesar de que siempre habrá, como en la actualidad, quienes proclamen su inutilidad:
"La misma sociedad ha hecho caso omiso de quienes han proclamado augurios apocalípticos sobre el final del arte y la literatura. La literatura ha sido y será siempre necesaria porque responde a un imperativo humano, cualesquiera sean sus formas e intenciones. Los testimonios optimistas sobre la pervivencia futura del arte y la literatura son tan válidos como el testimonio más contundente y fehaciente dado por los propios creadores, que avalan con su creación la necesidad del arte y la expresión literaria. Y más que la creación, es la aceptación y la búsqueda de obras artísticas por parte de una sociedad que responde a sus motivaciones. Cierto que los móviles son distintos -como distintas son las situaciones y las circunstancias- en las sociedades burguesas y socialistas, pero en una y otra encontramos su confirmación. Más aún en una sociedad socialista, el arte tiene una mayor tarea que cumplir, y una mayor audiencia a la que atender. Es el ideal eterno del arte como necesidad humana de complementación intelectual y afectiva". (Pág.83)
La educación es un tema recurrente en nuestro país, principalmente por sus resultados no satisfactorios, también fue abordado por el ilustre escritor y director de la Academia Dominicana de la Lengua, quien defendía la idea de que el estudiante y el docente tenían que tener una conexión, donde solo la comprensión podría demostrar el avance académico de los alumnos:
"El profesor competente, sin embargo, sabe suscitar esfuerzos espontáneos o adecuadamente motivados en sus alumnos. Las iniciativas estudiantiles deben tener el suficiente eco en la dirección sensata del profesor, siempre que aquellas respondan a los objetivos y los propósitos didácticos planificados oportunamente por la competencia profesional en la programación académica". (Pág. 52)
Y continúa:
"Y hemos llegado a este dilema, precisamente por la existencia de profesores cuya docencia está vacía de contenido auténticamente humanístico, sin un trasfondo filosófico que vertebre la sustancia literaria, sin una crítica que trate de inquirir qué significan los textos en la vida de la comunidad: el trabajo académico se convierte así en un juego neutral con un objeto desvitalizado, y el invocar sus valores espirituales o su decisiva función social no pasa de ser una mera retórica, hueca y sin trascendencia. Entonces el pedagogo no tiene otro camino que sensibilizar una resistencia perezosa frente a la presencia burguesa o mostrarse complaciente ante las demandas progresistas, y en tal oportunismo yerra por complicidad irresponsable.
Por de pronto ese alumnado ignaro es inculpable"[…] (Pág.78)
Es su ensayo, "El arte y la cultura ante la crisis", el que más actualidad posee. La crisis es la misma en estos días, que la que describió el creador del "Interiorismo", en aquellos años. Insiste en que las dificultades existenciales se pueden apaliar con las manifestaciones artísticas:
"El arte capta, expresa y promueve la energía espiritual latente de la humanidad, energía que emana de la principal fuente del poder creador. Y afina y estimula la calidad humana, y entre las manifestaciones artísticas es tal vez la literaria la que ofrece la más persuasiva creaciones imaginarias, las ofertas más atractiva para paliar las dificultades existenciales o los contratiempos del camino". (Pág.194)
En estos tiempos convulsos, donde los extremismos imperan por doquier, y países que antes eran luminarias en prácticas democráticas, se han convertido en focos de represión, exhorta a los creadores a ser cultivadores de esperanzas:
"A veces, poderosas razones motivan a narradores y poetas a inventar mundos imaginarios, sobre todo cuando el desamor y la opresión se vuelven actos cotidianos. El arte es una respuesta a condiciones adversas una crítica aberraciones humanas, una revocación de actuaciones inadmisible. Entonces el intelectual se halla ante el ineludible dilema de identificarse con las apelaciones de su sociedad o volverse indiferente a sus reclamos". (Pág.195)
Ese humanismo proactivo es que, según su punto de vista, debe imperar en nuestra sociedad; no un humanismo pasivo que se haga de la vista gorda ante los embates de nacionalismos aberrantes:
"El nuevo humanismo que demanda esta humanidad sufriente es el sembrador de fraternidad solidaria, de convivencia compartida, de servicio en enalteciente que suplante la opresión y la burla, la explotación y el escarnio, la injusticia y la iniquidad. Es el humanismo que preconizaba Pedro Henríquez Ureña cuando hablaba del "ideal de justicia" -que anteponía al "ideal de cultura"-, de la unión <para la justicia, para sentar la organización de la sociedad sobre bases nuevas, que alejen del hombre a continua zozobra del hambre y la estéril impotencia de su nueva esclavitud…>".(Pág.195)
La poesía, tan atemporal como su obra, es vista en su tesis, con carácter crítico. Hace énfasis en que lo culto y lo popular debe ir de la mano para llegar hasta un público masivo. Sugiere a los nuevos poetas de esos años, los elementos que se deben tomar en cuenta para llegar a ese objetivo. Sin embargo, esos elementos aún hoy habría que tomarlos en cuenta para seguir acercándonos al pueblo llano:
"Para conseguir esta meta, los poetas deben trabajar más sus versos, estudiar con esta Mira a los poetas que han calado a las masas, conocer más y mejor su propio pueblo. Para llegar afectiva e intelectivamente al corazón del pueblo no basta auxiliarse de los medios comunicativos masivos, como la radio o la televisión; no bastan los aplausos de una muchedumbre un recital poético. El reto, como se ve, no es tentador. Lo cierto es que serán la literatura nacional, por un lado, y nuestro pueblo, por otro, quienes se beneficiarán del esfuerzo que hagamos por una literatura más auténtica". (Pág.319)
Apoya a que la actividad literaria, debe ir acompañada de un compromiso y una actitud responsable del creador ante la sociedad, una actitud que debe ser tomada en cuenta también en los tiempos actuales:
"[…] Con esto queremos decir que el hombre es un ente cuya vida está constantemente condicionada por las circunstancia de índole diversa que rodean su existir. Si se acepta este hecho como cierto, es preciso aceptar de igual modo que la actitud de compromiso que asuma el intelectual también estará condicionada por la situación histórica en la cual le toque actuar. En consecuencia el concepto de compromiso, tal como lo hemos definido, tiene una naturaleza relativa, cambiante en la medida en que varían las circunstancias históricas del hombre". (Pág.21)
Su conexión con el tiempo, hace de éste gran maestro de la literatura dominicana, una fuente inagotable de conocimiento para ser consultado por generaciones futuras. Su apego a las mejores prácticas en el uso del lenguaje lo llevó a escribir el contenido de esta importante obra durante los años 70 y principios de los 80 y su aplicación actual es inalterable:
“Por otra parte, se ha dicho y repetido, de diversas maneras, que el escritor debe escribir para su época; que el intelectual debe ser fiel al tiempo en que viva, a la realidad histórica que le circunda. Y a los temores expresados por algunos de que ese aferramiento a lo actual pueda disminuir el valor perenne de la creación literaria, se han opuestos poderosos argumentos que no es preciso repetir ahora en su totalidad. <Porque quien escribe con verdad e intensidad sobre su propio presente -ha dicho Guillermo de Torre- será siempre un escritor del presente para otras épocas>". (Pág.23)
Con justa razón, el notable intelectual dominicano Basilio Belliard, afirma, del doctor Rosario Candelier, lo siguiente: "Lo que el autor mocano hace con sus discípulos es inyectarles el valor de la sensibilidad y la sabiduría, que contienen las obras de la clasicidad grecolatina, bajo el imperativo estético de que sus valores son trascendentes, permanentes y paradigmáticos. Y de que la obra literaria no es razón ni técnica per se; tampoco sociología, filosofía o mero juego verbal, sino que tiene un sentido, un misterio y un contenido que la trasciende". (Bruno Rosario Candelier y la crítica literaria. El intelectual y el promotor literario) Acento, 11/07/2025. Y es que lo que hace grande a nuestro insigne crítico es la gigantesca sencillez que lo caracteriza, su sensibilidad ante el ser humano y su preocupación constante por mejorar nuestra sociedad a través de la palabra:
"[…]En esta dirección, consideramos como primera obligación del escritor la de abrir de par en par las puertas de su inquietud y su sensibilidad a los vientos de nuestra realidad social, de nuestros conflictos, anhelos, frustraciones y esperanzas comunes, sin que ello implique restricción para expresar otros valores íntimos de los cuales no podrá nunca renegar el hombre. Esa apertura hacia el exterior no debe ser interpretada en modo alguno como un simple contacto superficial con nuestro mundo, sino más bien como un afán de penetrar hasta lo más profundos extractos de todo lo que nos rodea: hombre, paisaje, ideas, creencias, mitos, injusticias, ignorancias, pasiones, debilidades y vicios, virtudes y heroísmos, iniquidades y protestas".(Pág.25)
En la voz de don Bruno Rosario Candelier, el hombre trasmuta a palabra y así como escribo hoy de esta importante obra, serán otros los que mañana se referirán a ella, haciendo palpable la realidad de que este libro, "Ensayos Literarios", nació para ser eterno.
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