A propósito de la mal llamada «Primera Feria Regional del Libro y la Cultura 2026», que se realizará en Santiago del 20 al 26 de abril.
Si buscamos la tradición literaria en la región del Cibao, es necesario responder de forma sistemática a su realidad insular, porque históricamente ha sido compleja desde el punto de vista socioeconómico. En este sentido, nuestra región se caracteriza por ser la zona de mayor riqueza, lo que ha dado lugar a una de las burguesías más tradicionales del país. Además de tradicional, también es cerrada: son muchos los sectores que no han logrado penetrar su círculo hermético. Quizás la causa de esa impenetrabilidad sea que esas familias están arraigadas en la vida social de manera decisiva.
Otro elemento a destacar es que han convertido su comportamiento en una actitud económica: imponen un discurso que influye en todo lo que se hace, no solo por estos lares, sino en toda la nación. Por eso hemos abordado este aspecto para, después, introducirnos en el orden que nos interesa: apuntes sobre la tradición de nuestros escritores, grupos y talleres literarios en el Cibao. Los pueblos que integran la región han tenido y mantienen una tradición literaria. Por la amplitud del tema, nos vemos en la necesidad de escribir sobre los principales. Nuestros autores han realizado una labor trascendental en las letras nacionales; esto lo comprobaremos en la tradición que conserva cada provincia. El aporte procede de la llegada de los españoles en 1492.
Parte inicial
Nuestro paisaje inspiró a los españoles a crear sus obras, que en sus inicios fueron más históricas y descriptivas, como en el caso de fray Bartolomé de las Casas, quien, después de sus sermones, solía contemplar la naturaleza diciendo: «Toda la tierra del mundo, sin alguna proporción, cuanta pueda ser imaginada». «Los más graciosos, lindos, frescos y de las más suaves y delgadas aguas que creo haber en el mundo». Así escribió el fraile en su Historia de las Indias. Antes, Cristóbal Colón y Diego Álvarez Chanca describieron, con un estilo preciosista, el valle de La Vega. Estos ejemplos demuestran que las tierras de la región del Cibao inspiraron a los cronistas y escritores coloniales.
La Vega
La Vega tuvo importancia histórica y literaria desde entonces, pues reunió a intelectuales de la talla de fray Bartolomé de las Casas y fray Pedro de Córdoba. Ellos iniciaron un desarrollo cultural no solo en este valle, sino en todo el territorio; recuérdese que en La Vega se ofició la primera misa del Nuevo Mundo, en 1510.
Con la llegada de Federico García Godoy desde Cuba, La Vega elevó su tradición literaria. Según el crítico dominicano Bruno Rosario Candelier: «Con Federico García Godoy arranca la tradición literaria en La Vega. El autor de Guanuma había nacido en Santiago de Cuba el 25 de diciembre de 1857 y desde allí se trasladó a la ciudad olímpica, donde procreó una de las familias más ilustres que haya conocido la República».[2] Entre quienes contribuyeron al avance de la literatura vegana destacan Andrés Francisco Requena, Trina de Moya de Vásquez, Evangelina Rodríguez y Rubén Suro.
Un acontecimiento trascendental fue la publicación de las obras Camino real y La mañosa, dos libros que marcaron un nuevo estilo en la narrativa de la República Dominicana. Su autor, el profesor Juan Bosch, es considerado maestro de la cuentística contemporánea. Sus Apuntes sobre el arte de escribir cuentos siguen siendo un modelo para la construcción del cuento; constituyeron un aporte sin precedentes, no solo en el país, sino en América.
En La Vega, además de los ya mencionados, figuran Darío Suro; Mario Concepción; Van Elder Espinal; Mario Bobea Billini; Juan José Sánchez; Arturo Calventi; Juan Alberto Rincón; Frank Moya Pons; Juan José Ayuso; Luis Despradel y Virginia Roca. En la actualidad cuenta con Julio Adames, Ángela Hernández, Pedro Antonio Valdez, Pastor de Moya, Joe Santos, Melchor Rosario, entre otros.
Moca
Moca tiene también una tradición literaria excepcional. El ambiente cultural comenzó a finales de 1880; desde entonces surgió un activismo promovido por Agustín Brache, Manuel Perdomo, Gumersindo Belliard, Juana María Contín, Francisco Leonte, Francisco Leonor, Vicente de la Maza, José Antonio Guzmán, Francisco Rojas, Salustio Morilla, José María Michel, Ercilio Paulino Vásquez, Raúl Cabrera, Manuel María Sabina y Fernando de Lara.
A principios del siglo XX aparecieron escritores como Gabriel Morillo, Elías Jiménez, Juan Cristóstomo Estrella, José Dolores Alfonseca, Manuel de Jesús Viña, Rodrigo Cervantes, Onésimo Polanco, Pedro Ciprián del Rosario, José Bretón, Gabriel Guerrero, Ángel Morales, Rubén de Lara y Amado Guzmán.
En la década de 1930 destacó Octavio Guzmán Carretero; en la de 1940, José Dolores Alfonseca, Manuel de Jesús Viña, Rodrigo Cervantes, Onésimo Polanco, Pedro Ciprián del Rosario, José Bretón, Gabriel Guerrero, Ángel Morales, Rubén de Lara, Ramón Amado Guzmán, Aída Cartagena Portalatín y Manuel Valerio. En los años cincuenta figuran Julio Jaime Julia, Artagñán Pérez Méndez, Antonio Rosario, Darío Bencosme, Rubén Taveras, Argentina de Álvarez, Fermín Arias Belliard y José Olivares. En la década de 1970 surgieron Juan Alberto Peña Lebrón, José Rafael Lantigua, Bruno Rosario Candelier, Pedro Pompeyo Rosario, Santiago Estrella Veloz, Mario Cáceres, Rafaela Joaquín, Ángel Rosario, Emilio Montalvo y Antonio Manuel Brito.
Entre los escritores más contemporáneos están Basilio Belliard, Sally Rodríguez, Eugenio Camacho, Pedro Ovalles, Carmen Comprés, Iky Tejada, Persio Pérez, Antonio García, Milcíades Frías, Pedro Taveras, Juan Pablo Acosta, Yinette Santelises y Juana Elodia Peralta.
San Francisco de Macorís
Otra ciudad de acendrada tradición literaria es San Francisco de Macorís. Esta tradición comienza con Mercedes Mota y Alfredo Fernández Simó. Más tarde se dinamiza con el escritor Pelegrín Castillo y, en las décadas de 1940 y 1950, con autoras y autores como Melba Marrero de Munné, Eurídice Canaán e Hilma Contreras. Esta destacada escritora se convirtió en la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura en 2002 y además enfatizó la literatura desde la perspectiva de género.
Héctor Amarante, Orlando Morel, Manuel Mora Serrano, Francisco Nolasco Cordero, Ramón Antonio Ferreiras, Franklin Franco, Julio Plata y Ricardo Rojas son otras figuras relevantes. Actualmente cuenta con Pedro Conde Sturla, Luis Mena, Cayo Claudio Espinal, José Martín, Gustavo Olivo Peña, Jesús Castillo, Juan Gelabert, Noé Zayas, Víctor Saldaña, Ángel Concepción Lajara (Yeyé), Ramón Tejada Holguín, Ramón Antonio Jiménez, Daniel Albany, etc.
Santiago de los Caballeros
Una provincia de profunda raigambre literaria y cultural es Santiago de los Caballeros, cuya tradición data de 1694. El escritor Joaquín Balaguer presenta al primer escritor del siglo XVIII, en su libro Historia de la literatura dominicana: «Pedro Austín Morell de Santa Cruz nació en la ciudad de Santiago en 1694. Hizo sus estudios en la Universidad de Santo Tomás de Aquino, donde obtuvo el bachillerato y la licenciatura en cánones. En 1715, a la edad veintiún años , fue designado canónigo doctoral de la Catedral de Santo Domingo. […] Morell de Santa Cruz consagró a las letras el tiempo que le dejaron libres sus deberes como dignatario de la Iglesia».[3]
Luego surge una pléyade de escritores e intelectuales, entre ellos Gaspar de Arredondo de Pichardo (1777-?), Leonardo del Monte y Medrano (f. c. 1820), Tomás de Portes e Infante (1777-1858), Andrés López de Medrano (1780-1835), Antonio del Monte y Tejada (1783-1861), Esteban Pichardo y Tapía (1799-1879), Francisco Muñoz del Monte (1800-1868), Ulises Francisco Espaillat (1823-1878), Pedro Francisco Bonó (1828-1906), Manuel de Jesús Peña y Reinoso (1834-1915), Isaís Franco (1848-1914), Eliseo Grullón Bidó (1857-1945), Augusto Branco Bidó (1857-1927), Eugenio Deschamps Peña (1861-1919), Pedro María Archambault (1862-1944), José María Jiménez (1868-1929), Federico Velázquez Hernández (1868-1935), Nicanor Jiménez (1869-1965), Pablo Francisco Bidó (1871-1944), Enrique Deschamps y Peña (1872-1933), Luis María Camejo (1872-1946), Rosa Smester Marrero (1874-1945), Amado Franco Bidó (1877-1932), Juan Batista Pérez Rancier (1883-1968), Vicente Telentino Rojas (1883-1953), Virgilio Martínez Reyna (1885-1930), Ramón Emilio Jiménez (1886-1970), Ercilia Pepín (1886-1939), José Antonio Hungría (1887-1972), Arturo Bueno (1888-1979), M. Germán Soriano Corcino (1889-1958), J. Furcy Pichardo (1891-1973), Rafael Vidal Torres (1892-1992), Ramón Antonio Jorge Rivas (1896-1986) y Julio Vega Batlle (1899-1973). Estos autores iniciaron nuestra tradición literaria desde 1694 hasta fines del siglo XIX; hemos registrado este amplio período porque su presencia en la literatura ha sido poco documentada.[4]
Continúa en el siglo XX, que, aunque mantiene una literatura de raigambre tradicional, aprende de ella para luego producir una ruptura e iniciar una renovación; varios autores asumieron las primeras vanguardias contemporáneas de dicha centuria, entre ellos Tomás Hernández Franco (1904-1958), Joaquín Balaguer (1906-2002), destacado en la crítica y la historia de la literatura dominicana; Manuel del Cabral (1907-1999) y Virgilio Díaz Grullón (1924-2001), quien fue el escritor que más modernizó la cuentística nacional al introducir la urbanidad y los aspectos psicológicos en los personajes. Otro poeta vivo que considero muy importante en nuestras letras es José Enrique García (1948).
En Santiago existieron dos elementos que fortalecieron la tradición literaria y cultural durante el auge de las décadas centrales del siglo XX: «La Colina Sacra» de Domingo Moreno Jimenes, creador y padre de uno de los movimientos de poesía vanguardista más significativos —el postumismo—, junto a Andrés Avelino, entre otros; y la casa de Yoryi Morel y Tomás Morel, donde se reunían escritores e intelectuales de la época. Entre los invitados se contaban Juan Bosch, Pedro Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña, Emilio Rodríguez Demorizi y Guzmán Carretero. Sus conversaciones versaban principalmente sobre los maestros de la literatura local y universal.
Otros escritores de inicios de esa centuria son Julio Alberto Hernández (1900–1999), Miguel Ángel Pérez Jiménez (1901–1980), José Enrique Aybar (1901–1965), Ana Virginia de Peña de Bordas (1904–1948), José Ulises Franco (1909–1997), Luperón Flores Rodríguez (1909–?), Arturo Bisonó Fernández (1909–?), Ramón Suárez Vásquez (1910–1954). Mercedes Agredo Barruecos (1911–?), Pedro María Cruz (1912–?), Luis Francisco Thomén Candelario (1912–1967), Tomás Morel (1913–1992), Margarita Vallejo de Paredes (1913–2013), Salomón Jorge (1913–2012), Alberto Aníbal Campagna García (1913–?), José Patxot (1913–?), Rafael Núñez Rufino (1914–?), Domingo Antonio Peña Castillo (1915–?). Joaquín R. Priego (1918–?), Margarita Luna (1921–2016), Pericles Franco Ornes (1921–?), María Luisa Sánchez de Vicioso (1922–2010), Julio Genaro Campillo Pérez (1922–2000), Poncio R. Pou Saleta (1922–2010), Francisca Otilia Domínguez (c. 1923–?), y Ramón Lorenzo Perelló Núñez (1924–2016).
Los escritores más contemporáneos son Rafael Castillo, Apolinar Núñez, Franklin Gutiérrez, Orlando Alba, Hergit Penzo Llenas, Domingo de la Cruz, Andrés M. Meatro, Hugo Gil, Víctor Antonio Estrella, Dionisio López Cabral, Cabral de la Torre, Francisco Gerónimo. Rei Berroa, Rosa Julia Vargas, Pedro José Gris, Carmen Pérez Valerio, Rafael P. Rodríguez, Nelson Cerda, Virgilio Hernández, Juan Bartolo García, Luis R. Santos, Leonardo Fernández, Fernando Cabrera, José D’ Laura, Abersio Núñez, Andrés Acevedo, Jim Ferdinand, Máximo Vega, José Acosta, Ramón Peralta, Pablo Marte, José Adolfo Pichardo, Puro Tejada, Enegildo Peña, Rosa Silverio, Edwin Espinal, Rafael N. Férnández, Ramón Álvarez Vargas, Ubaldo Rosario Taveras, Cristóbal Rodríguez.
Entre una camada autores más jóvenes que hoy figuran en el parnaso literario: Daniela Cruz, Luis Córdoba, Sandra Tavárez, Yaniris Espinal, Jhovanny Marte Rosario, José Almonte Batista, Gregorio Espinal, Evelyn del Carmen Taveras, Johanna Díaz, Arelis Díaz, Carlos Arroyo, Arly Desire Abréu, Noel Rodríguez, Faustino Medina, Manuel Ureña, Cristal Pérez, Juana García, Ryan Santos, Elena Ramos Grullón, etc.
Puerto Plata
Una provincia que no podemos ignorar es Puerto Plata. Esta ciudad, conocida como la «Novia del Atlántico», contó con el prócer y autor de la estatura histórica de Gregorio Luperón —distinguido como la Espada de la Restauración de la República Dominicana—. Hay que resaltar como escritores Francisco Carlos Ortega y Juan Isidro Ortega. Un hecho importante de esa provincia —una de las catorce que conforman la región Norte— fue el nacimiento del creador de nuestro Himno Nacional, el poeta Emilio Prud’Homme, lo que lo consagra en la historia de la tradición literaria del país.
La tradición continuó con Juan Alberto Lebrón, Carmen Imbert Brugal, Danilo de los Santos, Myrna Santos, Ángel Lockward, José María Padilla, Amable López Meléndez, Manuel Llibre Otero y Guillermo Pérez Castillo; así como Johanna Goede, Ana Josefina Pérez, Omar Messón, Ramón Gil, Juan Luis Castaños, Ángel Rivera Juliao, Manuel Llibre Otero, entre otros.
Un hecho trascendente para esta comunidad fue la fundación de la Sociedad Renovación en 1928, la cual trataremos en la segunda entrega de este trabajo; cabe destacar su aporte al desarrollo literario de la nación, especialmente mediante su concurso literario en diferentes categorías.
Conclusión
Como puede verse, son muchísimos los escritores que integran la historia literaria de las provincias mencionadas; estos apuntes preliminares revelan la sólida tradición que hemos tenido a través del tiempo. En La Vega contamos con el cuentista más grande de nuestras letras nacionales y con uno de los más excelsos intelectuales: Juan Bosch, junto a Federico García Godoy.
Moca aportó autoras y autores fundamentales: Aída Cartagena Portalatín, renovadora de la poesía femenina en la República Dominicana, autora del poema Una mujer está sola y de la novela experimental Escalera para Electra; y Juan Alberto Peña Lebrón, uno de los fundadores de la Generación del 48, figura clave para la vida literaria y cultural de Moca. Deben destacarse también los aportes de José Rafael Lantigua, escritor de prosa elegante y muy conceptual, ávido lector y gestor cultural. Fundó la Feria Internacional del Libro del país, trayendo a ella a figuras trascendentales de la literatura hispanoamericana. Del mismo modo, fue creador de las ferias provinciales y regionales desde 1997. La primera se realizó en Santiago, con la participación de las 14 provincias de la región cibaeña. En ella participamos y obtuvimos su máximo galardón: Gregorio Luperón, a quien estaba dedicada. Con su obra en siete volúmenes Espacios y resonancias (2015) obtuvo el Premio Feria del Libro Eduardo León Jimenes en 2016, premio que él mismo había creado. Falleció el año pasado de manera inesperada, sin recibir el Premio Nacional de Literatura que —según muchos— merecía. Julio Jaime Julia fue un escritor e historiador literario y cultural trascendental para la literatura mocana y de la región; asimismo, fue maestro para todos los que querían aprender a escribir. Sus obras, en diversos renglones, son fundamentales para conocer su literatura y su historia.
Bruno Rosario Candelier es otro promotor literario que ha dedicado su vida a la crítica y a la promoción de las letras. En la década de 1990 creó la corriente literaria denominada Interiorismo, inspirada en la tradición de la poesía mística y mitopética y orientada a la búsqueda de la realidad, misión de toda poesía auténtica. En los inicios de este movimiento jugaron papeles fundadores poetas y escritores como Pedro José Gris, Julio Adames y Pedro Antonio Valdez. Bruno Rosario Candelier obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 2008 y es director de la Academia Dominicana de la Lengua desde 2002. Una de las últimas promociones literarias que se ha destacado es el ensayista y académico Basilio Belliard.
San Francisco de Macorís, con Hilma Contreras, alcanzó notoriedad: ella fue la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura (2002) y además destacó por abordar la literatura desde la perspectiva de género. Héctor Amarante fue otra figura importante de la comunidad; ganó el Premio Nacional de Novela con Ritos (1981).
Manuel Mora Serrano —uno de los escritores más emblemáticos— dedicó toda su vida a la difusión y promoción de la literatura en la región del Cibao. Fue el mayor conocedor del movimiento postumista de Domingo Moreno Jimenes. Su novela Goéza, que recupera el mito de la ciguapa, obtuvo el Premio Siboney en 1979 y, por su trascendencia, mereció el Premio Nacional de Literatura en 2021.
Cayo Claudio Espinal también ganó el Premio Siboney con Banquetes de aflicción (1979), consolidándose como uno de los poetas más valorados de la región; su obra procede de la vanguardia experimentalista del siglo XX y del Pluralismo de Manuel Rueda. Esos afanes formales lo llevaron a impulsar el movimiento conocido como Contextualismo, que, como el Vedrinismo, tuvo pocos adherentes; algunos autores incluso alteraron sus textos para parecer pertenecer a dicho movimiento literario.
Santiago de los Caballeros, con Pedro Austín Morell de Santa Cruz, registra al primer escritor netamente dominicano; Morell desarrolló su peregrinaje religioso y escritural en Cuba, como otros autores que, por diversas razones, emigraron a ese país u otros. Andrés López de Medrano escribió el primer tratado de lógica en el país. Nuestro primer gran historiador fue Antonio del Monte y Tejada. Esteban Pichardo y Tapia, humanista y erudito, dominó disciplinas como geografía, bibliografía, filología, lexicografía, ciencias naturales, abogacía e historia; su Miscelánea poética es considerada la primera obra publicada en el país en ese género. Pedro Francisco Bonó fue escritor y el primer sociólogo dominicano, autor de la notable obra El Montero. Ramón Emilio Jiménez es reconocido como el primer poeta didáctico de la literatura infantil.
Con Julio Vega Batlle aparece la primera novela gastronómica —Anadel—, así como la poemática Los Imbeles. Con Tomás Hernández Franco y Manuel del Cabral accedimos a la modernización de la poesía dominicana del siglo XX. También contamos con la última escritora indigenista, Virginia de Peña de Bordas, autora de la novela Toeya.
Con Joaquín Balaguer retornamos al humanismo clásico y a la crítica e historia de nuestra literatura. Virgilio Díaz Grullón renovó el cuento dominicano, introduciendo la urbanidad y los matices psicológicos en los personajes. José Enrique García es, para muchos, el poeta más relevante de las generaciones posteriores: desde los años setenta cultivó una poesía distinta y renovadora, asumiendo el lenguaje como recurso fundante del hecho poético y reconstruyéndolo desde lo formal y estructural. Orlando Alba, tenemos a uno de los lingüistas más trascendentales del país; no son muchos los que se han dedicado toda su vida al estudio científico de nuestra lengua. Sus aportes están publicados en alrededor de una decena de obras; es, por demás, un meritorio académico en Estados Unidos. Otra que reside allá es Franklin Gutiérrez; es el mayor estudioso de literatura dominicana, después de Joaquín Balaguer, con una decena de libros publicados de alto valor para la bibliografía de la República Dominicana, como por ejemplo, Gran diccionario de la literatura dominicana. Biobibliográfico y terminológico (2023), con 1087 páginas diagramadas en doble línea. Es el único escritor que tiene varios libros dedicados a los escritores que están sepultados en diferentes cementerios, algo raras veces visto en la bibliografía nacional. En la década de 1990 destacó José Acosta, uno de los escritores más premiados a nivel local e internacional en poesía, cuento y novela.
Puerto Plata: aunque Gregorio Luperón es distinguido más como héroe que como escritor, dejó —pese a ser autodidacta, estratega militar y hasta presidente provisional— una serie de documentos y cartas históricas de su autoría que sirven como testimonio de su escritura. El poeta Emilio Prud’Homme fue trascendental por escribir el Himno Nacional de la República Dominicana. Carmen Imbert Brugal, reconocida abogada, escritora, ensayista, novelista y poeta, también ejerce el periodismo. Danilo de los Santos, aunque residió la mayor parte de su vida en Santiago y dedicó su actividad al magisterio académico, fue una de las mejores plumas de la crítica pictórica; escribió libros de historia, fue pintor (conocido por sus famosas mariposas) y un gestor cultural entregado. Esta provincia cuenta además con un grupo de escritores contemporáneos destacados a nivel nacional: Ángel Rivera Julia, Omar Messón, Ramón Gil, Juan Luis Castaños, Manuel Llibre Otero, entre otros.
Un rasgo común en la tradición literaria de esta vasta región es que muchos escritores se vieron obligados a emigrar a otras ciudades o pueblos distintos a los de su origen, e incluso a otros países. Este fenómeno no es exclusivo de la República Dominicana; ocurre también en el ámbito literario universal por motivos que varían según las circunstancias personales de cada autor.
Reflexión final
San Francisco de Macorís
Otro periodista que se ha distinguido en su trabajo profesional en prestigiosos periódicos, revistas y medios de comunicación en general es Gustavo Olivo Peña. También ha sido reconocido como escritor desde la publicación de su primer libro, Un hombre discreto y otras historias; en 2022 obtuvo el Premio Nacional de Cuento José Ramón López, otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana. El año pasado publicó. Desde un costado de la (des)memoria. Con ambas obras, el autor demuestra la entereza que siempre tuvo por la literatura, pero que el diarismo le había impedido desarrollar para continuar su carrera en el mágico mundo de la creación literaria. Este año se retiró formalmente de los medios, sobre todo del influyente periódico digital «Acento», que fundó junto a su colega Fausto Rosario Adames.
Moca
Hay dos poetas que, en la poesía trascendente, no pueden ser ignorados, aunque algunos mezquinos todavía persistan en ello. La primera es Sally Rodríguez, cuya obra poética está por encima de muchas de las que se consideran panaceas de las letras dominicanas. Sally es una poeta natural, precisa en el tono y en la expresión; no hace malabarismos de ningún tipo ni se sobreexpone para ser aclamada: su única exhibición verdadera es su propia poesía transparente, serena y sublime.
La otra, a quien Moca y el país deberían resarcir, es Carmen Comprés; lleva décadas residiendo en Santiago y tampoco le gusta el exhibicionismo periodístico ni farandulero. Ella habla por medio de su poesía sentenciosa, alucinada, precisa, estremecida y entrelíneada. Quien más ha valorado su trabajo ha sido la poeta y ensayista Carmen Pérez Valerio, que conoce a profundidad los entresijos de sus versos. Comprés tuvo como guía al maestro Juan Peña Lebrón, uno de los ilustres poetas dominicanos y de los más lúcidos de la llamada Generación del 48, quien decidió asumir a Moca como su territorio de vida y muerte, pese a que nació en Estero Hondo, un distrito municipal de Luperón, provincia de Puerto Plata.
Bibliografía:
- 1. Peña, Enegildo: En la palabra. Obras, 2000, p.p 109-114.
- 2. Rosario Candelier, Bruno: Tradición literaria en La Vega. Coloquio, suplemento Cultural del periódico El siglo, Santo Domingo, 4 de agosto de 1989, p.p. 2-3.
3.Balaguer, Joaquín: Historia de la literatura dominicana (1992), p.p 69-70.
- 4. Véase nuestro libro Historia de la literatura en Santiago de los Caballeros (2020). Volumen I, 1694-1899.
[1] Peña, Enegildo. Obras: En la palabra, 2000, p.p 109-114.
[2] Rosario Candelier, Bruno: Tradición literaria en La Vega. Coloquio, suplemento Cultural del periódico El siglo, Santo Domingo, 4 de agosto de 1989, p.p 2-3.
[3] Balaguer, Joaquín: Historia de la literatura dominicana (1992), p.p 69-70.
[4] Véase nuestro libro Historia de la literatura en Santiago de los Caballeros (2020). Volumen I, 1694-1899.
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