Una leyenda apasionada que data de los primeros años del siglo XIII y que fue motivo de inspiración de grandes autores como Tirso de Molina, Juan Eugenio Hartzenbusch, Andrés Rey de Artieda y Tomás Bretón, es recreada en un ambiente con personajes y entornos diferentes. Se trata de la novela “Estrella” de William Mejía. Esta leyenda apta para obras dramáticas y operáticas forma parte del pensamiento cultural de Europa y del mundo, debido a que encierra una historia de amor, donde los personajes eternizan sentimientos que de una u otra manera tocan la sensibilidad humana por las fuerzas de las pasiones que subyacen en la misma.
Teruel es la ciudad de Juan Diego de Marcilla e Isabel Segura, los cuales estaban unidos con un vínculo de amor que sobrepasaba los estereotipos sociales de entonces. Rechazado por la familia de Isabel, debido a que carecía de bienes, Juan Diego consiguió un plazo de 5 años para enriquecerse. Así, pues, partió a la guerra y regresó a Teruel cuando expiró el plazo. Para entonces, Isabel ya era esposa de un hermano del señor de Albarracín. Pese a tal hecho, Juan Diego consiguió entrevistarse con Isabel en su casa y le pidió un beso; ella se lo negó y el joven muere de dolor. Al día siguiente se celebraron los funerales del joven en San Pedro; entonces, una mujer enlutada se acercó al féretro: era Isabel, que quería dar al difunto el beso que le negó en vida. La joven posó sus labios sobre los del muerto y repentinamente cayó muerta junto a él.
Hasta aquí un resumen de una de las versiones de la leyenda de “Los amantes de Teruel”. En la novela “Estrella”, el autor, tomando un tema cuasi universal y utilizando recursos literarios, trae la leyenda por medio de la narrativa, cosa que resulta una novedad para los lectores de Hispanoamérica. Se sitúa en la primera década del siglo XX y toma como escenario la República Dominicana, por supuesto, el que le es más familiar, por el manejo de los espacios históricos, políticos, sociales y culturales. Utiliza una fuerza del lenguaje dramático y nos revuelca con sus personajes, con los movimientos de los mismos, con sus salidas y con sus entradas, como si de una olla saltaran rosetas de maíz.
Pero, ¿por qué el autor recrea esta leyenda? ¿Cuáles fueron los motivos para asumir un tema del medioevo y traerlo a un mundo donde la realidad fantástica no deja de encandilar? Lamento no poder inferir sobre el tema, ya que caería en el terreno de la total especulación. Pero no quiero quedarme sin “hacer cosquillas”, por lo menos. Una abstracción que asalta lo sería ese hilo común de los seres humanos por el amor, por ese sentimiento que hace perenne nuestra razón de existir, que nos mueve y que “nos zampa”, para utilizar un verbo nerudiano. Creo que esa puede ser una razón, o que el autor abandona las temáticas latinoamericanistas, caribeñas, insulares para conectar con un tema europeo y ampliar su cosmovisión temática en toda su obra. No olvidemos que el escritor debe ser capaz de tratar todos los temas, de todas las culturas, de todas las épocas y de toda concepción ideológica, cultural y social. Ya Mejía, con muchos años en el mundo literario, ha sabido tomar hechos y rasgos de la historia dominicana y los ha tratado no solo en las novelas, sino en las obras dramáticas, donde tiene una gran experiencia y ha acumulado importantes éxitos en la República Dominicana.
Pero dejemos a un lado el mundo especulativo y las abstracciones para aproximarnos, un tanto desde afuera, a ese espacio narrativo que se llama “Estrella” y auscultar los valores que, a mi juicio, sobresalen en la propuesta literaria de William Mejía.
La materia prima para contar historias es el manejo del lenguaje. Eso es lo que encontramos en “Estrella”, esa capacidad para abstraer y comunicar, donde a ratos nos parece que nos vamos por un “agujero negro”. El autor desmenuza la historia para definir los matices y conectar con hilos internos del discurso que a veces hacíamos perdidos en el interior del relato que cada narrador desarrolla. No debemos olvidar que es común en el autor narrar a varias voces, como lo hace en sus novelas, “Naufragio” y “Una rosa en el quinto infierno”. Esa forma de narrar donde mezcla el testamento, el género epistolar y los recursos discursivos propios de la dramaturgia forma parte del estilo de Mejía. Es así que aprovecha y se pone en consonancia con propuestas estructurales utilizadas por importantes escritores de la actualidad. En “Estrella”, las descripciones son escasas; es un recurso trascendido por los contenidos de los diálogos internos y las narraciones de los hechos. Lo importante es la leyenda, aproximarse a una recreación que a ratos parece diluirse en el texto porque se privilegian otros hechos y situaciones propias de los matices de los personajes, pero que reaparece con fuerza expresiva como si los personajes se vistieran los trajes de la leyenda misma.
Los lectores se encuentran en el discurso de “Estrella” con los hilos interiores que penden de cada uno de los personajes. Cada quien cuenta la historia; lo que le falta a uno, lo completa el otro; a veces se entrecruzan, pero no se repiten. Cada narrador sabe para dónde va y se respetan los espacios discursivos. Con esta técnica es difícil lograr una armonía con los tiempos, como plataforma de los hechos, sin que los cruces no descontrolen el discurso novelístico, pero que Mejía la utiliza con facilidad.
En “Estrella” existe la sensación de que es una novela donde el tema no avanza, que anda sobre vericuetos, pica y se extiende la narración del conjunto de hechos y situaciones que la conforman.
A pesar de que la obra se basa en una historia de amor, no se puede catalogar como una novela de amor; es una novela de tragedia, es el mito moderno como “Los amantes de Teruel”, pero con otra dimensión. Juan Diego muere de dolor y Jairo muere de un balazo; Isabel le da un beso y cae muerta y Estrella da un beso y se muere, porque ella misma, antes de morir, recrea en la mente la leyenda. Estrella, en el discurso forzó el mito:
“Yo le manifesté que ahora no desearía casarme con nadie; pues había muerto aquí también mi afán por hacer en realidad ‘Los amantes de Teruel', porque, con amor tan falso como ese de Luís, ¿qué estrella iba a soñar con parecerse a Isabel?” (pág. 82).
En el discurso, los elementos poéticos hacen acto de presencia, no solo en el interior de la narración, sino también en los títulos de los capítulos. Por ejemplo:
“Mi armario, por dentro, cuece ahora tan sombrío como mi corazón…”, “En ninguna parte del mundo puede estar más oscuro que acá” (pág. 132). “Estamos en la primavera de por aquí, época de aire sosegado, como de santo; y, consecuentemente, de hojas verdes adheridas a las ramas como niñas colgadas de los senos de sus madres y, sin embargo, los de Feraz son hoy vientos extraños, vientos de muerte si alguien los quiere descifrar; porque la muerte ronda, y ronda jineteando sobre el viento” (pág. 142).
En la novela “Estrella”, el autor se preocupa por el discurso narrativo, por el hecho, por la recreación y adaptación de una historia, ya veraz, ya imaginativa. El elemento poético no es su fuerte, aunque se trata de una trama que envuelve un tema amoroso; mas, como dije antes, no es una historia de amor por sí misma. Esto no pasa en la novela del mismo autor, “Una rosa en el quinto infierno”, en donde existen altos niveles de plasticidad en el discurso narrativo y nos pone en contacto con otra dimensión de planos estéticos-narrativos.
Existe una tendencia en la obra “Estrella” a lograr una presentación arquitectónica del discurso y de la trama. Si analizamos las importantes obras del Nobel Camilo José Cela, también vemos esta misma preocupación, ya que ese autor español en la mayoría de sus presentaciones narrativas daba la impresión de que estaba escribiendo una tesis doctoral, porque lograba grandes niveles de perfeccionamiento en las matrices del tema, de los discursos, de los personajes, de los planos del tiempo y el espacio. Este tipo de trabajo arquitectónico en la narrativa es producto de la madurez en cuanto al manejo de la lengua y el lenguaje, del discurso y la temática. Sin embargo, no siempre sale bien debido al intríngulis que presenta el razonamiento frente al gusto del lector (conociendo la versatilidad de los lectores).
Existen obras literarias extraordinariamente bien elaboradas, desde el punto de vista de la trama, del discurso, de los caminos por donde anda y fluye la historia; de la importancia histórica, social, política y humana del tema, que no llegan a calar en los lectores como otras historias con menos rigurosidad técnica. Casos, por ejemplo, algunas de las novelas de Mario Vargas Llosa y del mismo Camilo José Cela.
En la novela “Estrella”, repito, aparece esa preocupación del logro de planos perfeccionistas del discurso narrativo, y a veces el lector, como fue mi caso, se encuentra dentro de una caja sin oportunidades para vuelos imaginativos, deducciones; sino que uno se desliza por la historia, exactamente como lo quiere el autor.
Como en una gran mayoría de las novelas y cuentos hispanoamericanos, en la obra “Estrella” también se distinguen los párrafos sobre violencia:
“El hombre exclamó satisfecho: ‘¡Para que no te vuelvas a meter conmigo, condenada!' Y mi amigo se metió entonces a carnicero, y, agarrando el cuchillo de cortar la carne, le dijo al matador de su madre: "¡Te voy a descuartizar, maldito asesino!", y le dejó al homicida el cuerpo entero hecho jirones” (pág. 11).
Como se aprecia, el arma que aparece descrita en este párrafo es el cuchillo. Veamos ahora este otro párrafo:
“Pero el hombre empezó a temblar y le dio el puñal a don Manuel. Y qué va, este no acabo de cogerlo. El agresor le dijo entonces que se mataría él mismo…, y que, así, un secreto grande iba a morir con él… Se hundió el puñal en la barriga; y yo ahí, mirando azorado; y don Manuel ahí, más tieso que antes; y Rogelio, ahí mismo, bañado en ese charco rojo…” (pág. 71).
En este caso el arma es un puñal. La violencia expresada por medio de un cuchillo tiene carácter distinto a la expresada por medio de balas. Tiende a tener más saña, por el contacto físico que conlleva; más frialdad por parte del agresor. En la novela y el cuento latinoamericano, el uso del puñal, cuchillo o machete en actos de violencia ha sido tratado por diversos autores. Sin embargo, al inicio de la novela “Estrella”, Jairo, uno de los principales personajes (ya que en esta novela no existen necesariamente personajes principales), se debate entre la vida y la muerte producto de una balacera: “…donde fui baleado en un desgraciado tiroteo que, para mí, terminaría en un desastre; pues no se ha podido mover para llevarme a la capital, y la muerte viene sin demora” (pág. 7).
En otro párrafo aparece el revólver como instrumento del acto violento:
“Cuando Griselda Reyes se hizo fuerte, conmigo encañonada por su revólver, obligó a arrodillarse a Luís, con la idea de que este le suplicara por mí. Pero, en el instante que intentaba cumplir con la exigencia, apareció de improviso papá por detrás de la enfermera y, con su revólver en manos, le dio esta orden a la intrusa. “¡No muevas ni una pestaña, bandolera, o se muere! (pág. 132)
Y donde aparece la bala: “La idea era ponerle una bala en la cabeza en cualquier lugar donde la confusión de la ventisca me lo permitiera” (pág. 16).
El elemento superstición también sale en la novela. Tenemos el ejemplo de que, si el novio ve a su futura esposa vestida de novia antes de la boda, eso trae mala suerte para la pareja. Lo mismo pasa con el caso de ver a un gato negro:
“En el gato negro de la historia debe estar pensando Jairo cuando habla de la mala suerte y del diablo; pues, con el paso del tiempo, el famoso animal ha seguido aterrorizando a Feraz” (pág. 88).
O veamos este otro párrafo donde alude al gato:
“El miedo de Jairo por el marido de su hija ante aquel gato negro que se le ha hecho una obsesión; hasta el punto de creer que cuando cumple años —de muerto—, el felino pone su señal sobre algunos de sus relacionados” (pág. 122).
En ese sentido, el elemento superstición sale en el discurso de la novela. Ahora bien, todos sabemos el origen europeo de la leyenda “Los amantes de Teruel”. Existe un hilo común entre esta superstición, ya que, tanto en Europa como en América, el gato tiene esos estigmas diabólicos y de mala suerte. O sea, que no fue difícil para el autor tomar un elemento común de estas culturas para ponerlo como telón de fondo, o como elemento influyente en los personajes de la historia contada.
Esta recreación de la leyenda “Los amantes de Teruel”, adaptada a un hecho acaecido en una comunidad dominicana, nos pone de relieve la tendencia a temas universalistas que tiene el autor, sin olvidar los escenarios locales.
(Texto sin publicación previa. Leído en un congreso donde se analizaba la obra de William Mejía)
22 de febrero del 2026
Publicación para Acento No. 177
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