Una vez más llega noviembre y, con él, las efemérides escolares. Desfilan nombres importantes, muchos merecedores de reconocimiento. Sin embargo, cuesta entender que, entre ellos, continúe faltando una mujer, cuya vida resume, como pocas, el valor de la perseverancia, el estudio y la rebeldía, frente a la injusticia.
Cómo no pensar en aquella muchacha prieta, de moño malo, nacida lejos de los privilegios. La que tuvo que vender dulces para ayudar en casa. La que soñó más allá de la pobreza. Más allá del prejuicio. Más allá de un destino que otros creían decidido para ella.
Aquella niña se convirtió en la primera médica, doctora, Andrea Evangelina Rodríguez Perozo.
No fue un camino fácil. Tuvo que abrirse paso en una sociedad que imponía límites severos a las mujeres y reservaba la educación superior para unos pocos. Aún así, avanzó. Estudió. Persistió. Y terminó escribiendo una de las páginas más notables de la historia dominicana.
Por eso sorprende que su nombre siga ocupando un espacio, tan reducido en la memoria pública. Sus huellas deberían iluminar los pasos de miles de niñas que cada día enfrentan obstáculos parecidos a los que ella venció.
¿Por qué se habla tan poco de la primera médica dominicana?
La pregunta sigue vigente.
¿Por qué conocemos tan poco de los méritos y aportes de la primera mujer dominicana graduada en Medicina? ¿Por qué apenas se mencionan sus propuestas sobre medicina familiar, higiene, prevención y educación sanitaria, en una época dominada por mitos, tabúes y profundas limitaciones científicas?
Andrea Evangelina entendió, antes que muchos, que la salud no dependía únicamente de hospitales y tratamientos. Comprendió la importancia de la prevención, de la educación y de la dignidad humana. Defendió una visión integral de la medicina, cuando ese lenguaje aún resultaba extraño, para buena parte de la sociedad.
Sus ideas fueron adelantadas a su tiempo. Tan adelantadas que no siempre encontraron comprensión, ni apoyo. Y, sin embargo, ahí permanece una pregunta difícil de responder: ¿por qué una figura de semejante dimensión histórica continúa ausente de las efemérides de noviembre?
Una figura que transformó más que la medicina
Evangelina Rodríguez fue mucho más que una médica pionera. Fue maestra normalista: en ella latía y se vestía la sensibilidad de su pueblo. En su aula palpitaba la miseria, y, ella, como quien sostiene una vela, alumbraba y encendía la esperanza, hasta consumirse. La vocación magisterial la consagró a la abnegación; y, desde esa misma entrega, se hizo escritora y reformadora social.
Impulsó la educación sexual, la atención materna, la protección de la infancia y la planificación familiar, cuando pocos se atrevían a plantear esos temas públicamente. A través de La Gota de Leche, ayudó a madres de escasos recursos y promovió mejores condiciones para la salud infantil. Organizó servicios de atención prenatal y posnatal; respaldó la formación de comadronas y defendió la protección de la maternidad, como una responsabilidad social.
Pero entendió algo más profundo: La salud también se construye en la escuela. Por ser maestra, por creer en la educación, como raíz de toda emancipación, el Ministerio de Educación, debe considerarla y honrarla como ninguna otra figura de nuestra historia pedagógica.
Ella conocía las limitaciones económicas y las dificultades para trabajar y estudiar; por eso promovió escuelas nocturnas para obreros y mujeres trabajadoras, y defendió la educación, como herramienta de emancipación. Comprendió algo que todavía sigue siendo cierto: Sin educación, prevención y bienestar familiar, no existe desarrollo humano duradero.
Una deuda pendiente
Es válido preguntarse si el lugar que ocupa Andrea Evangelina Rodríguez en la memoria nacional, guarda relación con la magnitud de su legado.
No se trata de restar méritos a otras figuras reconocidas. Se trata, simplemente, de reconocer una ausencia difícil de justificar. Su historia reúne sacrificio, excelencia académica, compromiso social y servicio público. Representa un ejemplo extraordinario para las nuevas generaciones y un capítulo fundamental de la historia de la medicina y de los derechos de la mujer, en la República Dominicana.
Noviembre y la memoria
Noviembre ofrece una oportunidad natural para corregir esa ausencia. Nacida el 10 de noviembre de 1879, Andrea Evangelina Rodríguez, merece ocupar un lugar más visible en las efemérides nacionales.
Reconocer a noviembre, como el mes dedicado a su memoria, no sería un simple gesto conmemorativo. Sería una decisión educativa. Un acto de justicia histórica. Una manera de recordar que el conocimiento puede vencer la pobreza, que la perseverancia, puede abrir caminos donde antes sólo había barreras, y que una sola persona puede transformar la vida de miles.
La República Dominicana no necesita engrandecer su figura. Su obra habla por ella.
Lo que necesita es recordarla.
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