Desde aquel estreno de la seminal Iron Man en 2008 de Jon Favreau el cine de superhéroes se situó en la cúspide del producto cinematográfico de gran demanda. Pero desde esa época hasta nuestros días, el subgénero de aventura ha sufrido un duro agotamiento y desgano tanto de público como del nivel artístico.
Para Marvel todo fue fiesta de taquillas durante una década, en la que el UCM se expandió hasta tocar los limites de las narrativas para estos relatos, aunque para DC no fue de tanto provecho como su rival, admitiendo ciertos errores al mezclar sus mas icónicos personajes en un solo escenario.
Ahora con el resurgimiento de Supergirl, introducida en los postcréditos de Superman (2025), el reinicio del universo DC bajo la supervisión y dirección de James Gunn, otrora amo y señor de los terrenos de Marvel, las apuestas no estaban del todo clara si era el momento para revivir a ese familiar inconexo del plantea de Krypton.
Para justificar su presencia, esta historia se basa en la nueva adaptación inspirada en la miniserie de cómics Supergirl: la mujer del mañana (2021-2022), escrita por Tom King e ilustrada por Bilquis Evely.
La responsabilidad de su adaptación fue para Ana Nogueira, una actriz, dramaturga y guionista que ha tenido un corto desarrollo profesional como guionista y que en esta oportunidad se infiltra en la escritura de un subgénero tan peligroso como traicionero y mas cuando su fuente principal ya proviene de un material ya escrito y esbozado en su estructura de personajes y narrativa.
Lo que se puede dilucidar este esta historia es la vaga sensación de que lo que cuenta es tan banal como la misma justificación que la trama ofrece. Todo se centra en la búsqueda de Kara Zor-El / Supergirl, interpretada por Milly Alcock, quien viaja a contra reloj por la galaxia, para encontrar al responsable de haber envenenado a su perro y recuperar el antídoto teniendo solo tiene tres días para esta misión.
En adición a esto, ella se hace acompañar de otro personaje de nombre Ruthye (Eve Ridley) y quien a su vez busca al mismo villano para cumplir su venganza por la muerte de su familia.
La idea primaria de esta propuesta es diferenciarse de las anteriores adaptaciones del personaje al ofrecer una protagonista con un desarrollo emocional más complejo quien a lo largo de la historia, se explora el conflicto entre su identidad kryptoniana y su deseo de encontrar un lugar en un mundo que no es el suyo.
No obstante, el resultado de este largometraje dirigido por Craig Gillespie (I, Tonya, 2017) arrastra problemas de ritmo, textura visual simple y llana y flashbacks que tratan de explicar el trasfondo de la historia de Kara, pero que no terminan de sincronizarse con lo que la narrativa desea ofrecer.
En determinados momentos, la historia dedica demasiado tiempo a desarrollar conflictos secundarios que aportan poco a la trama principal como la que aporta Ruthye que más que verse como una acompañante que suma a las intenciones de Kara, se percibe como un lastre dentro de la historia.
Sumado a esto, el regalo que ofrece la película con la participación de Jason Momoa como Lobo, se convierte en una presencia con poca relevancia dentro de la trama general.
Otro aspecto discutible es la construcción del antagonista Krem (Matthias Schoenaerts), aunque sus motivaciones son comprensibles en términos ordinarios, el guion no profundiza lo suficiente en su personalidad ni en su evolución. Como consecuencia, el enfrentamiento final pierde parte de la fuerza dramática que podría haber alcanzado.
Supergirl intenta ser una película entretenida y visualmente ambiciosa, pero sus fallos claramente definidos la despojan de su potencial de haberse erigido como un paso importante para el personaje dentro del universo cinematográfico de DC dejando una base poco prometedora para futuras historias.
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