La producción cinematográfica de la directora Chloé Zhao (Nomadland, 2020) titulada Hamnet se inscribe en la tradición intersemiótica que rompe con la tradición de adaptaciones shakespearianas al desplazar el foco del texto teatral hacia su trasfondo emocional. Chloé no celebra el genio creativo desde una perspectiva heroica, más bien propone una perspectiva del arte fundada en la pérdida.
Basada en la novela de Maggie O’Farrell ´Hamnet´ (2020), la cual también ha sido adaptada al teatro, esta obra reinterpreta la historia desde la posición de Agnes de Arden, la esposa de Shakespeare, enfatizando su experiencia emocional durante la pérdida de su hijo Hamnet en 1596.
El filme le da una vuelta personal a la célebre pregunta existencial de la obra teatral que adquiere aquí resonancia doméstica en la que el “ser o no ser” se enraíza en la experiencia concreta de la muerte infantil y el desgarro familiar.
Al centrar la narración en Agnes y no en el dramaturgo, el filme desplaza el eje biográfico habitual sobre William Shakespeare y construye una lectura íntima del duelo que subyace a la gestación de Hamlet donde, en sus primeras secuencias, se establece una poética de la memoria y la pérdida que articula la experiencia privada con la producción artística.
En su adaptación, la directora opta por una focalización restringida en la que la cámara permanece mayoritariamente junto a Agnes, convirtiendo la ausencia de Shakespeare en un recurso dramático. Por eso, cuando William parte hacia Londres, la cámara enfatiza el vacío afectivo y simbólico que se abre en el hogar radicalizando la marginalización histórica de ella en un dispositivo de encuadre que literalmente la coloca en el centro del campo visual.
Aquí la reivindicación de la agencia femenina se articula a través de gestos, decisiones y silencios, no de discursos explícitos. Su figura emerge como sujeto histórico complejo, cuya influencia en la obra de Shakespeare se sugiere como fuerza latente.
El estilo visual de Zhao, ya reconocible en obras anteriores por su empleo de luz natural y espacios abiertos, encuentra en el paisaje rural del siglo XVI un territorio bastante expresivo en la que los planos generales de los campos contrastan con primeros planos de los rostros, generando una dialéctica entre naturaleza y subjetividad.
La película no presenta la escritura como proceso romántico, sino como transmutación del dolor en lenguaje. El nombre del hijo, casi idéntico al del príncipe danés, opera como puente simbólico entre biografía y ficción, sugiriendo que la obra dramática constituye un espacio de elaboración del trauma.
Independiente de sus virtudes la cinta no está exenta de posibles debilidades que pueden afectar su recepción crítica y su impacto narrativo. Una de las principales objeciones podría radicar en el ritmo contemplativo que caracteriza gran parte del metraje.
La apuesta por la lentitud, coherente con la exploración del duelo, puede derivar en una percepción de estancamiento dramático, al igual que el esfuerzo por descentralizar la figura de William y priorizar la perspectiva de Agnes provoca que el dramaturgo aparezca dramáticamente subdesarrollado, independiente de la decisión ideológica del filme, esto hace que el personaje carezca de un arco transformativo suficientemente articulado, quedando reducido a presencia intermitente más que a contrapunto complejo.
Asimismo, la vinculación entre la muerte de Hamnet y la creación del Hamlet en la obra teatral se construye de manera sugestiva y demasiado elíptica, pues no hay una exploración más concreta del proceso creativo quedándose en insinuaciones percibiéndose como una oportunidad parcialmente desaprovechada.
Es evidente que la actuación de Jessie Buckley como Agnes constituye el eje emocional del filme. Buckley construye un personaje de intensa interioridad, donde la contención corporal contrasta con la profundidad del sufrimiento, aunque la extrema economía gestual se interpreta como distancia emocional.
De manera similar, la interpretación introspectiva de Paul Mescal, centrada en silencios y miradas esquivas, se percibe como insuficientemente articulada en términos dramáticos, especialmente en escenas que demandan confrontación explícita.
“Hamnet” corre el riesgo de ser leída más como ejercicio estético que como relato histórico sustancial, al privilegiar la experiencia sensorial y el duelo íntimo sobre el contexto sociopolítico del siglo XVI.
No obstante, podemos reconocer que esta elección estilística, aunque coherente con la perspectiva íntima adoptada por su directora, expone cómo detrás de una de las obras más influyentes de la literatura occidental late una historia doméstica de amor, duelo y memoria.
Ficha técnica
Título original: Hamnet.
Año: 2025.
Género: Drama.
País: UK.
Dirección: Chloé Zhao.
Guion: Maggie O’Farrell, Chloé Zhao.
Novela: Maggie O’Farrell.
Elenco: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe Alwyn.
Duración: 2 horas 5 minutos.
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