La lista de Patrimonio Mundial de la Unesco reconoce lugares de "valor universal excepcional" y puede catapultar a la fama mundial a pueblos, ciudades o emplazamientos poco conocidos.
Entonces, ¿por qué algunos de ellos piden ser eliminados de la lista?
Situado en las montañas del centro de Eslovaquia, el diminuto pueblo de Vlkolínec es una aldea medieval de postal, con más casas que habitantes.
Sus aproximadamente 20 residentes permanentes viven en 45 edificaciones que parecen sacadas de un cuento de hadas, pintadas de colores vivos y agrupadas en torno a un campanario del siglo XVIII.
Gracias a su distintiva arquitectura, Naciones Unidas incluyó este asentamiento muy bien conservado en la lista del Patrimonio Mundial en 1993.
Desde entonces, más de 100.000 visitantes llegan cada año a la comunidad.
Recientemente, algunos vecinos han argumentado que esa designación y el turismo asociado han generado más problemas que beneficios, por lo que desean que el pueblo sea retirado de la lista.
A unos 7.000 km de distancia, en Tanzania, la Alianza Internacional de Solidaridad Masái también ha solicitado que se elimine de la lista del Patrimonio Mundial el Área de Conservación de Ngorongoro, una zona rica en vida silvestre.
Este territorio alberga comunidades de pastores y ofrece algunas de las experiencias de safari más emblemáticas de África.
Sin embargo, los locales sostienen que las políticas de conservación vinculadas a su estatus de protección internacional han provocado el desplazamiento de residentes de sus tierras de pastoreo ancestrales.
Estas disputas ponen de relieve un debate creciente sobre lo que ocurre cuando los intereses de las comunidades locales chocan con los esfuerzos por preservar lugares considerados importantes para la humanidad.
El poder de la Unesco
La lista del Patrimonio Mundial, en constante expansión, está supervisada por la Unesco, un organismo de Naciones Unidas que identifica y protege lugares considerados de "importancia cultural o natural excepcional para la humanidad".
Desde que inscribió sus primeros 12 sitios en 1978, la lista ha crecido hasta alcanzar los 1.248 repartidos en 170 países.
Estos van desde monumentos famosos, como Machu Picchu y la Gran Muralla China, hasta sitios menos conocidos como las iglesias de madera de Maramureș (Rumania) y los antiguos asentamientos en oasis de Ait-Ben-Haddou (Marruecos).
La lista del Patrimonio Mundial surgió de un esfuerzo posterior a la Segunda Guerra Mundial para proteger lugares de gran valor cultural y medioambiental amenazados por los conflictos, la industrialización y el desarrollo moderno.
Como la designación de la Unesco puede facilitar el acceso a fondos internacionales para la conservación, constituye una de las herramientas más influyentes del mundo para la protección del patrimonio.
Sus defensores citan ejemplos como el Sistema de Reservas de la Barrera de Arrecifes de Belice, retirado de la lista de la Unesco de patrimonio "en peligro" en 2018 tras la implementación de medidas de protección ambiental más estrictas; también Angkor Wat en Camboya, donde décadas de trabajos de restauración y conservación ayudaron a salvar un sitio gravemente dañado por la guerra y el saqueo.
"El principio fundamental de la Unesco gira en torno al patrimonio compartido: conservarlo, celebrarlo y reconocerlo como un logro de la humanidad", explica John H. Stubbs, experto en preservación y exvicepresidente del World Monuments Fund.
Sin embargo, desde los inicios de la Lista del Patrimonio Mundial, el auge de las redes sociales ha hecho que el estatus de la Unesco contribuya cada vez más a preservar un sitio y, al mismo tiempo, a transformar —a través del turismo— las comunidades que viven en sus inmediaciones.
Greg Richards, investigador especializado en turismo cultural y masificación turística, compara la designación de la Unesco con las clasificaciones por estrellas de las guías de viaje que señalan a los turistas los lugares de visita obligada.
Asimismo, destaca que el aumento del número de visitantes es una de las consecuencias más previsibles de la inclusión en dicha lista.
"Creo que existe un consenso entre los principales expertos mundiales: si bien la inclusión en la lista de la Unesco puede derivar en una amplia variedad de situaciones, una consecuencia segura es el incremento de las visitas".
Preservación y "museificación"
Históricamente, los esfuerzos de preservación de la Unesco se centraban sobre todo en proteger estructuras físicas: monumentos, yacimientos arqueológicos y edificios de valor arquitectónico.
Sin embargo, muchos destinos patrimoniales modernos albergan hoy comunidades donde los residentes viven y trabajan.
Venecia (Italia), declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, ha experimentado un aumento del turismo tal que se ha convertido en uno de los lugares de Europa con mayor saturación turística, lo que lleva a cada vez más residentes a abandonar la ciudad.
En la ciudad de Lijiang (China), conocida por su casco antiguo y la cultura indígena naxi, el turismo aumentó tras su designación en 1997, transformando partes del centro en zonas repletas de pensiones y tiendas de recuerdos que, según algunos investigadores y residentes, han diluido la vida local.
En Marrakech (Marruecos) el incremento del turismo y la inversión extranjera en la medina —incluida en la lista de la Unesco— han suscitado debates sobre el aumento de los precios inmobiliarios y la gentrificación.
Los investigadores describen a veces este proceso como "museificación": la transformación gradual de espacios de vida en lugares orientados cada vez más a los visitantes en detrimento de los residentes.
Si bien muchas comunidades históricas ya lidiaban con la escasez de vivienda y los cambios económicos mucho antes del reconocimiento de la Unesco, en algunos casos —como el de Venecia— el turismo simplemente acelera tendencias preexistentes.
El debate se vuelve aún más complejo a medida que evolucionan las ideas sobre autenticidad y preservación.
"Este es uno de los grandes debates en la conservación del patrimonio", afirma Richards.
Considera que "la autenticidad es una palabra muy peligrosa, ya que puede interpretarse de muy diversas maneras".
Explica que lo que un grupo percibe como una preservación auténtica, otro podría verlo como una reconstrucción artificial.
Los sitios de la Unesco no tienen prohibido modernizarse, pero se espera que cualquier desarrollo preserve lo que la organización denomina el "valor universal excepcional" del lugar, es decir, aquellas cualidades distintivas que motivaron su designación inicial.
En la práctica, esto puede generar tensiones entre la preservación y las necesidades contemporáneas, especialmente en comunidades que requieren viviendas e infraestructuras actualizadas.
Richards señala también que las redes sociales han acelerado enormemente el ritmo al que se intensifica la presión turística.
Antes de plataformas como TikTok e Instagram, los viajeros solían recurrir a guías impresas o a información turística oficial.
"Ahora, cada vez más, uno sigue a otros turistas", comenta.
El nuevo enfoque de la Unesco sobre el turismo
Los representantes de la organización afirman que la Unesco es cada vez más consciente de que los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad son propensos a sufrir saturación turística.
"Sin duda, reconocemos que el turismo ha cambiado drásticamente en los últimos 10 o 15 años", afirma Peter DeBrine, especialista en turismo sostenible de la Unesco.
Añade que la organización solicita ahora a los sitios que elaboren planes de gestión de visitantes para prepararse ante el crecimiento del turismo y encontrar formas de reducir las aglomeraciones y la presión sobre las zonas sensibles.
"No pretendemos en absoluto desalentar el turismo, sino ayudar a que contribuya a la conservación y al patrimonio", señala.
Alega que "los sitios del Patrimonio Mundial pertenecen a todos; son para toda la humanidad. Queremos que la gente los visite y los viva".
Este cambio refleja una evolución más amplia en el enfoque de la Unesco.
Según DeBrine, en los primeros documentos orientativos de la organización sobre el Patrimonio Mundial, el turismo se mencionaba solo brevemente y, en gran medida, en el contexto de sus posibles repercusiones sobre la conservación.
Hoy en día, la Unesco considera cada vez más el turismo tanto un desafío como una oportunidad: una fuerza capaz de impulsar la conservación y las economías locales si se gestiona de forma adecuada.
Sin embargo, las inquietudes surgidas en Vlkolínec y Ngorongoro quedan fuera del ámbito de competencia del sistema del Patrimonio Mundial.
Si bien la Unesco puede evaluar y responder a amenazas que comprometan la conservación de un sitio, su papel resulta menos claro cuando la queja no deriva de daños al lugar en sí, sino de la situación de las personas que lo habitan.
Al preguntarle si la Unesco puede intervenir cuando los residentes locales sienten que el turismo o las políticas de preservación perjudican sus vidas, DeBrine respondió: "En realidad, no disponemos de un mecanismo para ello".
A pesar de las peticiones de Vlkolínec y del grupo de defensa de los masáis de Ngorongoro para reconsiderar su estatus de Patrimonio Mundial, no se prevé que el Comité del Patrimonio Mundial aborde la situación de ninguno de los dos lugares en su próxima sesión.
Actualmente, la Unesco puede evaluar si un paisaje, monumento o ecosistema cuenta con la protección adecuada.
Tiene la facultad de incluir sitios en la lista de "Patrimonio en peligro" debido a factores como los conflictos armados, el cambio climático o el desarrollo descontrolado.
Asimismo, puede exigir medidas de conservación o —en casos excepcionales— retirar la designación por completo.
No obstante, no puede catalogar un sitio como "en peligro" a causa del turismo que el propio organismo contribuyó a generar.
Cómo perder el estatus de Patrimonio Mundial
Hasta la fecha, la Unesco solo ha retirado tres sitios de la Lista del Patrimonio Mundial, y en todos los casos el motivo principal fue la conservación.
En 2007, el Santuario del Oryx de Arabia se convirtió en el primer sitio excluido después de que Omán redujera drásticamente el área protegida debido a planes de exploración petrolera.
En 2009, el Valle del Elba en Dresde perdió su estatus tras la construcción de un puente que, según la Unesco, alteraba fundamentalmente el paisaje.
Por último, en 2021, la zona de Liverpool-Puerto Mercantil Marítimo fue retirada de la lista a raíz de disputas sobre la reurbanización de su frente marítimo.
Curiosamente, la pérdida del reconocimiento de la Unesco no siempre ha conllevado un descenso drástico del turismo.
Liverpool siguió atrayendo visitantes gracias a su identidad musical, deportiva y cultural tras perder el estatus de Patrimonio Mundial, y Dresde también se mantuvo como un importante destino turístico después de su exclusión de la lista.
A pesar de que los residentes de Vlkolínec y Ngorongoro abogan por ser retirados de la lista, Stubbs sostiene que es poco probable que ello conduzca a cambios significativos.
"Me parece muy bien que estas peticiones para retirar sitios de la lista pongan de relieve los problemas del turismo masivo", indica.
Sin embargo, agrega, "en cuanto a la solución real que beneficie tanto a los habitantes locales como al monumento, esta vendrá de una planificación inteligente de la conservación que tenga en cuenta todos los factores: desde la economía y la ubicación hasta la población local".
Más de medio siglo después de que la Unesco comenzara a preservar sus primeros sitios, estos debates sugieren que salvar un lugar no es lo mismo que salvar una comunidad, y que esto último puede resultar mucho más difícil.
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