Una niña entre las ruinas de edificios en Gaza.
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Una niña entre las ruinas de edificios en Gaza.

Adam era un niño alegre y conversador, pero a los 5 años y de forma repentina, dejó de interactuar con el mundo.

Su caso no es una excepción. Ante la violencia, destrucción y muerte en Gaza, la respuesta de algunos niños al sufrimiento abrumador ha sido callar.

"No hay ningún niño en Gaza que no esté traumatizado", le dijo a BBC Mundo Katrin Glatz Brubakk.

"Hay más de un millón de niños que han sufrido traumas graves"

La psicoterapeuta infantil de Noruega realizó dos misiones a Gaza en 2024 y 2025 con Médicos Sin Fronteras (MSF) para trabajar con niños que perdieron la habilidad de hablar.

No se sabe con certeza cuántos niños en Gaza dejaron de comunicarse, pero Brubakk relata que encontró decenas de casos. Y médicos locales dijeron a la cadena Al Jazeera que se trata de un "número creciente".

Más de seis meses después del anuncio del alto el fuego en Gaza, la violencia continúa y "los ataques israelíes siguen de forma rutinaria", declaró en abril el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.

Al menos 846 personas -entre ellas muchas mujeres y niños- han muerto en Gaza en ataques israelíes desde el inicio del cese el fuego, según el ministerio de salud local.

Israel, que justifica sus ataques por la necesidad de defender a sus tropas y hacer frente a la amenaza de los militantes de Hamás, afirma, por su parte, que cinco de sus soldados murieron en el mismo período.

Hamás e Israel se han acusado mutuamente de violar el acuerdo de alto el fuego.

Desde octubre de 2023, tras los ataques de militantes palestinos en territorio israelí en los que murieron unas 1.200 personas y más de 200 fueron tomadas como rehenes, según autoridades israelíes, las fuerzas de Israel han matado a más de 20.000 niños en Gaza y han dejado a más de 41.000 heridos, según UNICEF. En total, los ataques israelíes mataron a más de 72.000 personas, la mayoría civiles, e hirieron a más de 172.000, de acuerdo al ministerio de salud de Gaza.

BBC Mundo habló con Katrin Glatz Brubakk sobre el trauma que está llevando a los niños gazatíes a perder el habla, las secuelas en su cerebro, y por qué el camino hacia la recuperación comienza a veces con un primer paso: soplar pompas de jabón.

Katrin Glatz Brubakk soplando pompas de jabón con una niña en el hospital Nasser. La niña, llamada María, tiene 3 años.
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Katrin Glatz Brubakk sopla burbujas con María, de 3 años, en el hospital Nasser en el sur de Gaza. "Yo las llamo pompas de esperanza porque literalmente les infunden esperanza a estos niños".
línea gris
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¿Por qué hay niños en Gaza que dejaron de hablar?

Cuando un niño sufre un trauma grave y vive en condiciones de gran incertidumbre durante mucho tiempo, como les sucede a los niños de Gaza, teme por su propia vida, por la de su familia, amigos y conocidos. Y en Gaza los niños viven así desde hace dos años y medio. El nivel de estrés y el impacto en su sistema nervioso son tremendos.

La reacción de cada niño es diferente. Algunos se vuelven muy agitados o tienen problemas para dormir, se enojan, gritan; es fácil detectar este sufrimiento. Otros, en cambio, se bloquean por completo. Es como si su sistema nervioso dijera: "No puedo más".

Y la forma de protegerse es retrayéndose. El lenguaje forma parte de ello. Para esos niños es una forma de no interactuar con este mundo que no deja de hacerlos sufrir y de infligirles dolor. Así que no es una elección consciente, sino una respuesta neurológica al estrés y al trauma extremos.

Katrin Glatz Brubakk sonríe a la cámara en un campamento de tiendas de campaña en Gaza. LLeva un chaleco con la insignia de Médicos Sin Fronteras
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Katrin Glatz Brubakk realizó dos misiones a Gaza con Médicos Sin Fronteras. La psicoterapeuta infantil es profesora de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, NTNU.

Es difícil para muchos comprender la magnitud de lo que han vivido y viven los niños en Gaza. ¿Podrías darnos una idea del trauma extremo que sufren?

No hay ningún niño en Gaza que no esté traumatizado. Hay más de un millón de niños que han sufrido traumas graves. Claro que hay diferencias, pero han tenido que huir, han perdido sus casas, todos han experimentado la imposibilidad de ir a su escuela porque las escuelas están bombardeadas. Todos perdieron a alguien, como familiares, amigos del colegio, profesores, un vecino. Muchos vieron cuerpos mutilados y sintieron el olor de la sangre derramada. Algunos niños me contaron que ayudaron a recoger restos humanos o partes de cerebro en la calle. Son traumas extremos.

Y esto no ha ocurrido solo una vez, sino muchísimas veces para la mayoría.

Pero además, han perdido toda sensación de seguridad. Para tener un buen desarrollo los niños necesitan tener cierta confianza en el mundo: la creencia de que el mundo puede ser bueno, que la gente no quiere hacerte daño. Esta sensación de seguridad ha desaparecido por completo debido a la magnitud de la destrucción, que afecta absolutamente a todo el mundo en Gaza.

Ningún niño en Gaza puede acostarse con la certeza de que despertará al día siguiente. No tienen una habitación a la que puedan entrar, cerrar la puerta y saber que nadie puede alcanzarlos. Así que esta guerra no solo causa trauma, sino que afecta a toda su visión del mundo.

¿Podrías contarnos sobre algunos de los niños que trataste en Gaza?

Me gustaría hablarles de Adam, un niño de 5 años. Era un niño muy vivaz, alegre, hablador y activo. Le encantaba estar al aire libre y jugar. Después del comienzo de la guerra en 2023, la familia fue forzada a huir y mudarse a una tienda de campaña. Sus abuelos vivían un poco más lejos, también en una tienda de campaña.

Un día, Adam y su padre quisieron visitar a sus abuelos, en una zona que no tenía orden de evacuación y se suponía era segura. Pero sin aviso previo un proyectil impactó muy cerca de ellos e hirió gravemente a Adam y a su padre. Los llevaron de urgencia al hospital, pero como suele suceder cuando hay estos ataques, hay tantas víctimas que si no hay camas libres muchas personas son colocadas en el suelo.

Adam y su padre estaban en el piso de la sala de emergencia esperando ser evaluados cuando el niño vio y oyó cómo su padre, a su lado, exhalaba su último aliento. Adam también resultó gravemente herido: perdió una pierna y la otra estaba herida. Tras presenciar la muerte de su padre, el niño dejó de hablar. A veces lograba susurrar alguna palabra suelta a su madre, pero no quería hablar con nadie. Apenas comía. Era un niño en estado crítico.

Un niño de unos  o  años llora desesperado en Gaza con el rostro compungido por el dolor
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La doctora Katrin Glatz Brubakk asegura que ante el trauma la forma de los niños de protegerse es retrayéndose.

¿Qué secuelas pueden dejar estos traumas en el futuro?

Cuando un niño como Adam deja de interactuar y de hablar, también deja de desarrollarse. Un niño de 5 años debería practicar sus habilidades lingüísticas con otros niños y adultos para aprender, practicar la resolución de problemas, aprender normas sociales a través del juego. Todo esto se interrumpe. El lenguaje es una señal, pero su desarrollo se detiene por completo.

Lo que he observado repetidamente es que si esta situación se prolonga, afecta físicamente al cerebro de estos niños. Sabemos que en los niños que sufrieron un trauma grave, la amígdala, la parte del cerebro responsable de emociones intensas, aumenta de tamaño. Esto se puede medir. Es más grande en niños traumatizados.

Y la corteza prefrontal, la parte del cerebro que se desarrolla más tarde y que es responsable de funciones como la planificación, la resolución de problemas, la interacción social y la regulación emocional, aspectos fundamentales de la vida, se encuentra subdesarrollada. Es más delgada y tiene menos conexiones neuronales.

Si un niño permanece en un estado como el de Adam, retraído, sin desarrollo ni lenguaje, si se le deja en esa situación de estrés extremo durante mucho tiempo, tendrá problemas más adelante en la vida. Nunca se recuperará.

El mejor ejemplo que tengo es mi propio hermano. Fue adoptado en 1974, tras la guerra de Vietnam. Creció como crecen ahora los niños de Gaza, con bombardeos constantes, mucha incertidumbre y escasez de alimentos, lo que también afecta al desarrollo cerebral.

Cuando mi hermano llegó a mi familia en Noruega, aunque era un lugar seguro y tenía acceso a todos los alimentos que necesitaba, tardó años en dejar de esconder la comida detrás de libros en la estantería, porque no se sentía seguro.

Es lo que llamamos "lesiones cognitivas de la guerra", invisibles, que en muchos casos acompañarán a estos niños, posiblemente, durante toda su vida.

Katrin Glatz Brubakk junto a un niño herido en una cama de hospital soplando pompas de jabón
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Si la situación de estrés extremo se prolonga durante mucho tiempo afecta físicamente al cerebro de los niños.

¿Cómo intentaste ayudar a Adam?

Trabajando en un contexto como el de Gaza, hay muchas cosas que no podemos hacer. Lo que estos niños realmente necesitan es un lugar seguro donde vivir, una vida cotidiana estructurada, poder volver a la escuela, jugar sin miedo. Pero afortunadamente hay cosas que sí podemos hacer.

Y lo más importante es que estos niños sepan que, aunque el mundo entero no sea un lugar seguro para ellos ahora mismo, existen pequeños espacios seguros. Que hay personas que los rodean aquí y ahora que los apoyarán. Al principio Adam no quería hablar con nosotros, pero seguíamos yendo a su habitación todos los días y hablábamos con su madre.

Hablábamos con ella sobre el esposo que había perdido, pero también sobre los buenos recuerdos, sobre los sueños que tenía para el futuro, cosas que podrían darle a Adam un poco de esperanza de que este no era el final, sino que vendrían tiempos mejores.

Y un día, cuando yo estaba allí, de pronto Adam le susurró a su madre: "Haz que se vaya esta mujer, no me gusta".

Fue un rechazo pero yo estaba muy, muy contenta porque significaba que Adam empezaba a interactuar con lo que sucedía a su alrededor. Unos días después me miró, cosa que no había hecho antes. Fue solo un instante, pero aproveché la oportunidad y le dije: "¡Guau, tienes unos ojos marrones enormes! Son preciosos. Los míos son totalmente diferentes, son azules. ¿Los has visto alguna vez?". Y eso despertó la curiosidad de aquel niño de 5 años.

Ese fue el comienzo de cómo, poco a poco, pudimos lograr que confiara en la gente, que nos hablara brevemente, que volviera a alguna normalidad aunque no de forma permanente, porque carga con todos esos traumas.

¿Hablabas con Adam en árabe o a través de un intérprete?

En Gaza hay mucha gente muy educada. Con la madre de Adam hablaba inglés, ella tiene un doctorado en física. Para el niño había un intérprete. Y debo añadir que, cuando trabajo en proyectos como este, dirijo un equipo de psicólogos y trabajadores sociales locales. Yo aporto conocimiento, pero el trabajo principal, que continúa luego, lo realiza nuestro equipo de MSF en el terreno.

Foto panorámica que muestra la devastación en Gaza. Se ven edificios derruidos y escombros
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En el hospital Nasser también trabajaste con niños con graves quemaduras …

Cuando una bomba impacta produce una enorme ola de calor que afecta a todos los que están cerca, y el grupo de edad más numeroso que atendíamos era el de niños de 4 a 6 años. Esto se debe simplemente a que son demasiado grandes para que sus padres los levanten cuando ya cargan niños menores, pero sus piernas aún son demasiado cortas como para correr lo suficientemente rápido. Esto pone de manifiesto que ningún niño está a salvo en Gaza.

Y los niños son muy conscientes de ello. El miedo por la propia vida sigue siendo una realidad cotidiana para los niños en Gaza.

¿Cómo logras trabajar con estos niños en estado de gran sufrimiento físico?

Las quemaduras son extremadamente dolorosas. Son tan dolorosas que cosas tan simples como cambiar los vendajes tienen que hacerse bajo anestesia. La recuperación es larga, y cuando no se tiene suficiente comida tarda aún más, lo que significa que los niños permanecen en ese sufrimiento atroz durante más tiempo.

Una de las niñas que llegó a nuestro departamento era Mona, de 6 años. Tenía quemaduras en todo el cuerpo. Tenía tantos vendajes que lo único que podíamos ver eran sus ojos y sus fosas nasales.

Al inicio todo giraba en torno a la parte médica, porque había que asegurarse de que sobreviviera. Así que no llegué a conocer a Mona hasta que empezaron a quitarle algunos vendajes y vi su rostro con muchas cicatrices.

Una madre en Gaza muestra las extensas cicatrices de quemaduras en el tórax y abdomen de su hija pequeña
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"Cuando una bomba impacta produce una enorme ola de calor…El grupo de edad más numeroso que atendíamos con quemaduras era el de niños de 4 a 6 años".

¿Qué había sucedido con Mona?

Su familia fue forzada a desplazarse y vivió al principio en una tienda de campaña. Pero luego los bombardeos parecieron desplazarse a otra zona y pensaron que era seguro volver a su casa derruida.

Apenas dos días después de regresar a la casa, una bomba impactó en el apartamento. Dos de sus hermanos murieron al instante, pero la explosión incendió un tanque de gas, lo que provocó un incendio generalizado: las cortinas, el sofá, los colchones estaban en llamas, y estaban las tres niñas en esa habitación.

El padre logró milagrosamente sacar a las tres niñas del apartamento. Mona tenía quemaduras por todo el cuerpo; su hermana mayor, que estaba en la cama de al lado, también tenía quemaduras y sufría un dolor intenso. Su hermana del medio estaba en cuidados intensivos porque inhaló tanto aire caliente que también tenía quemaduras internas.

Así que Mona no solo lidiaba con su propio dolor, sino que además estaba preocupada por si su hermana sobreviviría.

La familia de Mona la apoyaba muchísimo y comenzó a recuperarse. Y lo que realmente me impresiona son estos padres, no solo los padres de Mona, sino los padres de tantos niños en Gaza, que presencian cómo sus hijos sufren, están heridos, ellos mismos están traumatizados por todos los bombardeos, la muerte, la destrucción, y aún así tienen la capacidad de brindarles a estos niños un cuidado, calidez y amor excepcionales para que puedan recuperarse lo mejor posible.

¿Cómo lograste ayudar a Mona?

Una de las cosas que hago cuando trabajo con los niños es jugar mucho, porque el juego es el lenguaje de los niños. A través del juego aprenden habilidades prácticas, aprenden a resolver problemas, a interactuar socialmente, a expresar sus sentimientos.

Y con Mona empezamos con pompas de jabón. Yo las llamo "pompas de esperanza" porque literalmente les infunden esperanza a estos niños. Y lo que hace que las pompas de jabón sean tan fantásticas es que, para empezar, si ves algunas pompas de jabón flotando en la habitación, es imposible no mirarlas porque atraen la atención. Son hermosas. Te calman. Y si tengo un niño muy alterado le pregunto: "¿Ves cuántos colores hay en una sola pompa?". Porque si te fijas bien, son todos los colores del arcoíris.

Esto ayuda al niño a pasar de ese estado de estrés a algo más tranquilo, más suave, a cambiar el enfoque. Porque el trauma funciona de tal manera que quedas atrapado en ese estado.

Otra cosa mágica de las pompas de jabón es que si quieres tener burbujas grandes, tienes que soplar lo más despacio posible. Porque si soplas rápido solo obtienes burbujas pequeñas o ninguna. Pero si soplas despacio obtienes burbujas bonitas. Y respirar lenta y profundamente calma el sistema nervioso.

Katrin con el brazo extendido hacia una niña en el hospital Nasser, intentado atraer su atención con burbujas de jabón
MSF
"Si quieres burbujas grandes tienes que soplar lo más despacio posible. Y respirar lenta y profundamente calma el sistema nervioso".

¿Qué efecto tiene esto en el cerebro de los niños?

Lo que hago es, básicamente, darle a la amígdala, el sistema de alarma del cerebro, la posibilidad de calmarse. Así, la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada de la resolución de problemas y la regulación, tiene la oportunidad de desarrollarse mejor. Claro que no soluciona el problema por completo, pero les da a estos niños mejores posibilidades de reducir los efectos a largo plazo del daño cognitivo que pueden sufrir a causa de la guerra.

Un día Mona dijo "Me gustaría una casa de princesa", y me explicó que hablaba de una casa de muñecas. Claro que eso no se consigue en Gaza, pero encontré cartón, cinta adhesiva y algunos colores para pintar, y juntas construimos una casa. Mona quería que fuera de dos pisos y la decoró muy bien. Ella y su hermana estaban jugando con una casa de muñecas cuando cayó la bomba.

Y aunque parezca algo simple, esa fue la primera vez que Mona pudo contarme lo que le había pasado y lo preocupada que estaba por sus hermanas. Solo a través del juego pudo encontrar las palabras para expresarse. Así que el juego puede ser una forma de procesar el trauma, de encontrar el lenguaje para las experiencias vividas.

La casa de muñecas hecha con cartón y cinta adhesiva que decoró con colores Mona, en la que se ven dos camitas para muñecas
Katrin Brubakk/MSF
Mona, de 6 años, tenía graves quemaduras. Un día pidió una "casa de princesa" y solo a través del juego pudo encontrar las palabras para expresarse.

¿Podrías explicarnos el concepto que usas a menudo de "sufrimiento silencioso"?

En un contexto como el de Gaza, todo es un caos. Hay mucho ruido, niños gritando con ataques de pánico, padres gritando preocupados por sus hijos, gente llorando de dolor.

Es fácil ignorar a niños que sufren en silencio, no porque a la gente no le importe, sino porque hay demasiadas cosas que acaparan la atención y muy pocos recursos para todo lo que hay que hacer. Pero un niño silencioso que no expresa su sufrimiento, que no pide ayuda, también es un niño que sufre y necesita tanta atención como aquellos que lloran a gritos.

Porque de lo contrario, en el peor de los casos, pueden permanecer en este sufrimiento silencioso durante mucho tiempo. Yo he visto casos extremos, no en Gaza, pero en Moria, el campo de refugiados en Grecia.

Es un síndrome llamado "síndrome de resignación", con el que los niños se bloquean por completo. Dejan de hablar, de comer, ni siquiera abren los ojos, apenas responden cuando intentas tocarlos. Y si no reciben ayuda, permanecerán en esa condición durante años. Por eso es crucial que niños como Adam y Mona puedan reintegrarse a la vida.

Estuviste en muchas zonas de conflicto. ¿Por qué dices que Gaza no se compara con nada?

Trabajé durante los últimos 12 años en el Congo, en Líbano, en Egipto con refugiados traumatizados, en un barco de rescate en el Mediterráneo, en Turquía después de un gran terremoto.

Pero el nivel de trauma que vi en Gaza y el nivel de destrucción es simplemente incomparable a cualquier otra cosa que haya visto en esos 12 años. Absolutamente todos en Gaza están afectados.

Y no hay escapatoria, no hay ningún lugar seguro al que ir. Todo el país está hecho pedazos. Y además el sistema de salud fue atacado sistemáticamente, los hospitales bombardeados. [Israel justifica los ataques contra instalaciones médicas alegando que grupos armados como Hamás utilizan hospitales con fines militares].

¿Esperas volver a Gaza? Israel restringió el acceso de agencias de ayuda.

Por el momento no me permiten entrar.

Tenemos 1.600 empleados locales, y estoy segura de que están haciendo un trabajo increíble, pero el personal internacional no tiene permiso de entrar desde el 1 de enero. Realmente espero que eso cambie. Si pudiera ir a Gaza, iría en un abrir y cerrar de ojos; es el único lugar donde quiero estar.

Katrin con una colega que forma parte del personal local de MSF planeando un taller. Ambas están dialogando sentadas a una mesa
MSF
La doctora noruega afirma que desea regresar a Gaza para continuar ayudando.

Los niños de Gaza siguen sufriendo violencia. El 9 de abril, por ejemplo, una niña de 9 años, Ritaj Rihan, murió según la ONU cuando fuerzas israelíes dispararon contra la tienda de campaña que albergaba su aula improvisada. Los otros niños en la clase fueron testigos. El ejército israelí dijo a BBC Mundo sobre el incidente que "las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) trabajan para desmantelar las capacidades militares de Hamás" y "respetan el derecho internacional y toman precauciones viables para mitigar los daños a la población civil".

Lo único correcto y lo que los niños de Gaza necesitan ahora es que pongamos todo nuestro empeño, dentro de nuestras posibilidades, en brindarles una paz verdadera. Devolverles la vida, darles la posibilidad de vivir en lugares seguros, de ir a la escuela.

Esa es la única manera de que tengan un futuro digno. Y seas político, estudiante o lo que sea, les díría: usa tu voz para que la presión sea suficiente y esta paz llegue por fin a Gaza. De lo contrario, estaremos destruyendo a toda una generación de niños.

¿Qué te llevó a dedicar tu vida a niños que sufren circunstancias traumáticas?

Crecí escuchando historias de guerra toda mi vida. Mi madre es alemana, nació en el 42. Cuando era niña y sonaban las alarmas, la bajaban al sótano y dormía sobre sacos de patatas. Y contaba que los soldados regresaban del frente sin una pierna o un brazo.

Para ella era realmente importante intentar comprender cómo pudo ocurrir un genocidio, cómo pudimos permitirlo. Y una y otra vez nos recalcó a nosotros, sus hijos, "nunca más", que algo así jamás debía volver a suceder.

Y luego yo, por supuesto, con mi hermano, vi de cerca el trauma y el daño que la guerra causa a un niño. Mi trabajo en Gaza es mi versión de "nunca más". Ningún niño debería experimentar este trauma. Me parte el corazón.

Katrin sonríe a la cámara con una niña en brazos en el hospital Nasser en Gaza
Katrin Brubakk/MSF
"Para estos niños, dejar de hablar es una forma de no interactuar con este mundo que no deja de hacerlos sufrir y de infligirles dolor".
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