La guerra se apoderó de él. El portazo o el ruido de los cubiertos al caer lo sobresaltan. El alto el fuego no cambia eso.
"Antes de la guerra, no tenía ningún estrés", dice Ali. "Pero ahora hasta el más mínimo ruido provoca una reacción muy fuerte en mi cerebro".
Aunque solo tiene 15 años, Ali (nombre ficticio) comprende cómo el miedo generado por los sonidos de los ataques aéreos estadounidenses e israelíes contra Irán se instala en la mente y no lo abandona. Esto desencadena una respuesta automática de sobresalto ante cualquier ruido fuerte.
"El sonido de las explosiones, las ondas expansivas y el ruido de los aviones de combate sobrevolando la ciudad pueden tener un efecto muy grave", afirma.
Más del 20% de la población de Irán es menor de 14 años: aproximadamente 20,4 millones de niños.
Lo que Ali y muchos otros experimentan es lo que los psicólogos llaman "hiperactivación", y puede ser una señal temprana de trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Ali observa las reacciones de sus padres ante lo que está sucediendo. Busca la seguridad familiar de la vida en el hogar, pero no la encuentra. Su padre está sin trabajo a causa de la guerra; su madre vive constantemente preocupada.
"Mi madre se queda en casa, y cada vez que pasan aviones de combate, se asusta y se estresa, mostrando claros signos de ansiedad y miedo. En cuanto a mí, tengo mucho miedo", dice.
"No tengo contacto con mis amigos… Debería poder estudiar, trabajar y ser una persona independiente en el futuro. No debería estar constantemente preocupado por la política, viviendo con estrés, pensando en bombas que caen… con miedos interminables".
El mundo de los niños se encogió.
Con las escuelas cerradas, la constante amenaza de ataques de aviones estadounidenses e israelíes —hasta el alto el fuego— y las calles patrulladas por la milicia del régimen, las familias iraníes están confinadas en sus hogares.
No hay nada que hacer excepto esperar y confiar en que el alto el fuego se mantenga.
Una pesadilla para los niños
En toda la región —desde Irán hasta Israel, pasando por los países del golfo Pérsico y el Líbano— la guerra está sembrando el miedo en la vida de los jóvenes.
Con la ayuda de fuentes fiables sobre el terreno, la BBC pudo obtener testimonios de padres y de personas que intentan ayudar a los niños a superar el trauma de la guerra. Algunos nombres fueron cambiados por motivos de seguridad.
En un centro de derechos humanos en Teherán, Aysha (nombre ficticio) atiende por teléfono a una madre angustiada.
"Intenta hacer lo que te comenté para crear un ambiente más tranquilo para él", le dice. "Si es posible, juega con él y manténlo entretenido. Y si aun así no mejora, tráelo de vuelta al centro".
Aysha comenta que el centro está recibiendo numerosas llamadas y visitas de padres preocupados.
"Estamos observando numerosos trastornos del sueño, pesadillas, dificultad para concentrarse e incluso comportamiento agresivo".
"Cuando uno se esfuerza tanto por criar a un hijo, solo para que ese hijo muera —ya sea en protestas o en una guerra como esta—, creo que ningún padre estaría dispuesto a traer un hijo al mundo".
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, que recopila datos de todo Irán, dice que 3.636 personas han muerto en la guerra, 15% de ellas niños.
UNICEF, la agencia de la ONU para la infancia, afirma que más de 340 niños han muerto y miles han resultado heridos desde que Estados Unidos e Israel lanzaron sus ataques contra Irán.
El incidente con mayor número de víctimas infantiles se produjo el primer día de la guerra, el 28 de febrero, cuando un misil impactó contra una escuela primaria en Minab, en el sur de Irán, causando la muerte de unas 160 personas, incluidas 110 niñas.
Los informes apuntan a que Estados Unidos fue el responsable, ya que el ataque tuvo como objetivo una base militar cercana. El ejército estadounidense no ha admitido públicamente haber atacado la escuela, y dice que está investigando el caso.
Niños en el frente de combate
El régimen iraní también ha impulsado una campaña concertada para involucrar a niños en el frente de batalla.
El gobierno instó a los padres a que permitan que sus hijos se unan a la milicia voluntaria Basij —un brazo clave de la seguridad estatal— para ayudar en la vigilancia de los puestos de control.
En un discurso televisado, una figura del régimen exhortó a los padres a "tomar a sus hijos de la mano y salir a la calle".
Comparó la guerra con una prueba de hombría para los niños. "¿Quieren que su hijo se convierta en un hombre? Dejen que se sienta un héroe en el campo de batalla, al mando de la lucha. Madres, padres, envíen a sus hijos por la noche a los puestos de control. Estos niños se convertirán en hombres".
Para Alireza Jafari, de 11 años, el llamado a las armas significó la muerte. Estaba con su padre en un puesto de control en Teherán cuando murió en un ataque con dron el 29 de marzo.
Un periódico local citó a su madre, Sadaf Monfared, afirmando que el niño le había dicho que "quería convertirse en mártir".
Amnistía Internacional acusa a las autoridades iraníes de "pisotear los derechos de los niños y cometer una grave violación del derecho internacional humanitario que constituye un crimen de guerra" al reclutar menores para el servicio militar.
El reclutamiento de menores de 15 años está permitido por la legislación de seguridad iraní, en clara violación del derecho internacional.
Una residente de Teherán, a quien llamamos Noor, tiene un hijo adolescente. Promete mantenerlo alejado del ejército.
"Un niño de 12 años nunca puede tomar decisiones adecuadas. No comprende realmente lo que está sucediendo. Por ejemplo, puede pensar que es un juego.
"Cuando les dan armas y les dicen que vayan a la guerra, se imaginan que están jugando a un videojuego… Cuando un niño toma ese camino, no hay vuelta atrás".
Noor se llevó a su hijo de Teherán cuando comenzó la guerra hace cinco semanas. Es su único hijo.
"Jamás permitiría que mi hijo se involucrara en la guerra. ¿Por qué se explota a los niños?".
"Cuando comenzaron los combates hace aproximadamente un mes, lo primero que hice fue abandonar la ciudad, porque estaba angustiada y preocupada de que mi hijo pudiera salir a la calle y sufrir algún daño, y ni hablar de permitirle ir a la guerra".
Ahora muchos esperan que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán conduzcan a un alto el fuego permanente.
Pero incluso si se logra, el daño infligido a las mentes y los cuerpos de los jóvenes por la violencia de los bombardeos, la militarización de la infancia y la pérdida de seguridad perdurará durante mucho tiempo.
Con información adicional de Alice Doyard
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