Medusa Irukandji en un vial.
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Medusa Irukandji en un frasquito.

Los principales candidatos a la picadura más desagradable van desde las hormigas bala hasta las avispas guerreras y diminutas medusas. Para descubrir cuál es la más doloroso, algunos expertos aventureros han pasado su vida dejándose picar.

¿Preferirías recibir un golpe del boxeador Mike Tyson o que te aplicaran un martillo neumático en los riñones? Así se sienten dos de las picaduras más dolorosas del mundo. Cuando se trata de cuál es la peor, todo es cuestión de gustos.

Los animales que pican -desde los insectos que zumban en el jardín de la casa hasta curiosas criaturas marinas- utilizan un cóctel de defensas químicas que incluye neurotoxinas y agentes inflamatorios para defenderse o someter a sus presas.

Mientras que los que muerden (como arañas y serpientes) usan sus bocas con colmillos para administrar veneno, en el caso de los que pican es del otro extremo de su cuerpo del que deberías mantenerte alejado.

Consultamos a expertos sobre las picaduras más dolorosas del reino animal, dejando de lado la letalidad. Esta es su clasificación.

Insectos que pican: avispas, hormigas y abejas (¡ay, ay, ay!)

El padre del campo moderno de "dejarse picar a propósito" fue Justin Schmidt, un entomólogo de Arizona que desarrolló un índice de dolor por picadura que lleva su nombre, sometiéndose a los pinchazos de al menos 96 especies de insectos, incluidas abejas, avispas, avispones y hormigas.

Clasificó las picaduras en cuatro niveles de dolor, añadiendo descripciones evocadoras, casi líricas, de cada sensación única (por suerte para nosotros, Schmidt era un entomólogo con alma de poeta).

El primer nivel alberga lo trivial. La picadura de una abeja anthophorini por ejemplo, es "casi agradable, como si un amante te hubiera mordido el lóbulo de la oreja un poco demasiado fuerte".

El nivel 2 reúne a algunos pesos pesados, como la avispa melífera: "Picante, abrasadora. Un hisopo empapado en salsa de habanero ha sido empujado por tu nariz". Y la feroz avispa negra Polybia: "Un ritual que salió mal, satánico. La lámpara de gas de la vieja iglesia explota en tu cara cuando la enciendes".

Las siete especies del nivel 3 llevan a Schmidt a una auténtica tortura: hormiga de terciopelo de Klug. "Explosiva y duradera, suenas como un loco cuando gritas. Aceite caliente de freidora derramándose sobre toda tu mano".

Solo tres especies llegaron a recibir una designación de nivel 4 por parte de Schmidt.

El primer nivel 4 de Schmidt fue la hormiga bala, un artrópodo de unos 2,5 cm de las selvas tropicales de Centro y Sudamérica, a menudo llamada la "hormiga de las 24 horas" por el tiempo que dura el tormento de su picadura. "Dolor puro, intenso, brillante. Como caminar sobre brasas con un clavo de tres pulgadas incrustado en el talón".

Luego viene la avispa caza tarántulas, una avispa cazadora de arañas de unos 77 milímetros y con distribución casi mundial. "Cegador, feroz, sorprendentemente eléctrico. Un secador de pelo encendido ha caído en tu baño de burbujas", escribió Schmidt, señalando que el efecto duraba solo unos minutos.

Finalmente, la avispa guerrera (Synoeca septentrionalis), una avispa que vive en colonias y es nativa de Centro y Sudamérica. "Tortura. Estás encadenado en el flujo de un volcán activo. ¿Por qué empecé esta lista?".

La picadura del avispón gigante japonés, también conocido como el "avispón asesino", ha sido comparada por Coyote Peterson con "un puñetazo en la cara de Mike Tyson".
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La picadura del avispón gigante japonés, también conocido como el "avispón asesino", ha sido comparada por Coyote Peterson con "un puñetazo en la cara de Mike Tyson".

Schmidt murió en 2023 debido a complicaciones del Parkinson. Quien parece estar destinado a sucederlo es Coyote Peterson, una personalidad de YouTube que se ha sometido a las picaduras de especies que Schmidt nunca llegó a clasificar.

Lo que a Peterson le falta en formación científica formal, lo compensa con su disposición a sacrificar su antebrazo izquierdo por la educación y el entretenimiento de los millones de personas que lo ven retorcerse, sudar y gritar en su canal, Brave Wilderness.

Peterson usó el índice de dolor de Schmidt como hoja de ruta, con el objetivo de "crear la versión cinematográfica" del libro de Schmidt de 2016, Sting of the Wild, según dice.

"Honremos la escala del 1 al 4, pero averigüemos qué otros número cuatro hay por ahí".

Tras viajar por el mundo para experimentar las picaduras de 30 especies, Peterson propone dos más para el estatus de nivel 4: el avispón gigante japonés, popularizado en 2020 como el "avispón asesino", y la avispa verdugo (executioner wasp).

"El avispón gigante japonés fue, sin duda, el peor en el impacto, como recibir un golpe en la cara de Mike Tyson", dice Peterson. "Me quedé en blanco. Fue instantáneo y explosivo". Nativo de Asia, este avispón tuvo una breve pero llamativa presencia en el noroeste del Pacífico de Estados Unidos entre 2019 y 2024.

La avispa verdugo (Polistes carnifex), sin embargo, es para Peterson la ganadora absoluta. "El dolor duró quizá unas 12 horas", dice, pero fueron los efectos posteriores del veneno los que se quedaron con Peterson… literalmente.

"Había algunas propiedades necróticas que dejaron un agujero como una marca de viruela, como un hoyo en mi antebrazo. Esa es la única picadura que literalmente devoró tejido, y todavía tengo una cicatriz… como una quemadura de cigarrillo".

Los científicos aún no han determinado la composición del veneno de la avispa verdugo, pero algunos de sus parientes utilizan enzimas que dañan los tejidos al activar la respuesta inmunitaria.

Medusas: más aguijón que gelatina

Pero los insectos no tienen el monopolio del arte de picar.

Las medusas poseen diminutas células en forma de arpón llamadas nematocistos, que inyectan cargas de veneno realmente castigadoras.

Un roce con la medusa Irukandji -pequeñas medusas cuyo cuerpo gelatinoso puede ser tan pequeño como un dedal, pero cuyos tentáculos pueden alcanzar un metro de largo- puede desencadenar un síndrome que suena a tortura medieval.

La picadura en sí es un no-evento. La mayoría de la gente ni siquiera la nota, explica Lisa-ann Gershwin, investigadora de medusas que clasificó y nombró 14 de las 16 especies de Irukandji durante su doctorado sobre estas crípticas medusas en la Universidad James Cook, en Queensland, Australia.

De hecho, esta aparición tardía de los síntomas hizo que los médicos pasaran décadas sin poder identificar qué estaba causando tanto sufrimiento a los bañistas veraniegos.

El misterio solo se resolvió cuando un médico local llamado Jack Barnes pasó cuatro años buscando al culpable y, finalmente, cerró el caso en 1961 al picarse deliberadamente a sí mismo, a su hijo de diez años y a un socorrista.

Un cartel amarillo con la imagen de una medusa y el mensaje de que hay presentes animales marinos que pican.
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Las picaduras de la diminuta medusa Irukandji pueden dejar a las desafortunadas víctimas con un dolor agonizante que puede durar décadas.

Gershwin ha entrevistado a más de 50 personas diagnosticadas con el síndrome de Irukandji y ha leído al menos un centenar de informes históricos de casos.

Aunque pocas picaduras derivan en este síndrome tan insoportable -y la experiencia puede variar enormemente, señala Gershwin-, un caso típico se desarrolla más o menos así:

Tras unos 20 minutos, el primer síntoma es una sensación de agotamiento o malestar general, seguida rápidamente por una sensación similar a un martillo neumático golpeando los riñones, que puede durar hasta 12 horas. Luego, las víctimas soportan un desfile de síntomas, como sudoración profusa que empapa las sábanas varias veces por hora y vómitos incesantes cada pocos minutos durante hasta 24 horas.

Y todo eso es "solo el calentamiento" antes del síndrome de Irukandji completo, dice Gershwin.

Explica que la persona sufrirá entonces "oleada tras oleada tras oleada de verdadera agonía", con calambres y espasmos por todo el cuerpo que cada vez "redefinen el dolor" a medida que siguen intensificándose.

Pero las medusas Irukandji también abren otra dimensión del dolor: la existencial. Su sello distintivo es una abrumadora sensación de fatalidad, descrita como la convicción absoluta de que la muerte es inminente. Esto es independiente de la gravedad del resto de los síntomas, subraya Gershwin.

"Los pacientes han llegado a suplicar a sus médicos que los maten porque están tan seguros de que van a morir, que solo quieren acabar con todo", afirma.

Gershwin dice que aún no tenemos una comprensión completa del contenido del veneno ni de cómo provoca el síndrome de Irukandji, pero sí contamos con algunas pistas.

El veneno de las medusas contiene toxinas llamadas porinas, que perforan las membranas celulares, lo que provoca la muerte de las células y un caos bioquímico cuando gran cantidad de moléculas -usadas para activar distintas funciones del organismo- se liberan de golpe y sin control.

Los investigadores que estudian el síndrome de Irukandji sospechan que el veneno de estas medusas también podría afectar los canales de sodio en las neuronas, lo que hace que adrenalina, noradrenalina y dopamina inunden el sistema; un proceso que probablemente contribuye tanto a los síntomas psicológicos como a los relacionados con el corazón.

Contrario a esa intensa sensación de fatalidad, la mayoría de las personas se recupera por completo. El tratamiento consiste principalmente en analgésicos de alta potencia, como la morfina, para ayudar a sobrellevar las oleadas de dolor.

El pez piedra suele permanecer camuflado entre rocas y grietas, lo que facilita que los bañistas desprevenidos lo pisen.
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El pez piedra suele permanecer camuflado entre rocas y grietas, lo que facilita que los bañistas desprevenidos lo pisen.

Hay varios candidatos más en la categoría de criaturas marinas que pican, empezando por la cubomedusa australiana, considerada la medusa más letal del mundo.

Sus tentáculos, que pueden alcanzar hasta 3 metros de largo, dejan largas franjas en sus víctimas. "Te quedan marcas de látigo por toda la piel, como si te hubiera atacado un cat-o'-nine-tails (suerte de látigo usado para torturar en el Medioevo)", dice Gershwin. "Se siente como aceite hirviendo".

El gusano de fuego, un gusano marino erizado que parece un ciempiés, se defiende usando pelos urticantes: diminutas espinas que se desprenden y quedan incrustadas en la piel de cualquiera lo bastante imprudente como para tocarlo (algunos buzos lo llaman el "gusano de fibra de vidrio").

Los científicos creen que tanto la estructura de las espinas como el veneno que transportan contribuyen al dolor insoportable y ardiente, que según se informa puede durar horas.

El pez piedra se hace pasar por una roca en aguas poco profundas, arrecifes de coral y pozas intermareales. Bañistas desprevenidos a veces pisan sus afiladas espinas dorsales, que inyectan una potente carga de veneno de tono azul glaciar.

Un dolor ardiente que puede durar hasta 48 horas viene acompañado de una hinchazón dramática. Según la Universidad de Florida, el entumecimiento y el hormigueo pueden persistir durante semanas.

¿Cuál es "el peor"?

Para poder coronar a un rey definitivo del aguijón en tierra, aire y mar, algún alma temeraria tendría que ofrecerse a cruzar categorías -experimentar tanto la peor picadura de insecto como la peor de una criatura marina-, y Peterson dice que ese no será él.

Afirma que las medusas son simplemente demasiado peligrosas y conllevan un riesgo real de muerte, añadiendo que algunas especies son "horriblemente poco recomendables de enfrentar".

Gershwin y Peterson coinciden en que sería imprudente buscar deliberadamente una picadura de una medusa Irukandji, ya que algunas especies pueden provocar reacciones potencialmente letales, como hemorragias cerebrales y fallos cardíacos.

Entonces, ¿cómo sabremos alguna vez cuál es la peor?

Quizá la única manera de averiguarlo sería invitar a un sobreviviente del síndrome de Irukandji a una gira mundial del dolor para experimentar las picaduras de nivel 4 de Schmidt.

Suena como un posible documental de BBC Earth.

Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.

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