Mientras esperaba el conocimiento de la medida de coerción contra su expareja, Jaime Gabriel Vizcaíno, la joven Macier Guerra denunció públicamente haber sido víctima de violencia de género y cuestionó la falta de protección efectiva para las mujeres que atraviesan este tipo de situaciones.
Guerra explicó que contra Vizcaíno existía una orden de arresto emitida desde 2024 que, según afirmó, no había sido ejecutada hasta esta semana, pese a la denuncia presentada en su contra.
Durante declaraciones ofrecidas a la prensa en las afueras del tribunal, aseguró que fue víctima de violencia verbal, física, psicológica y sexual durante la relación, situación que la mantiene viviendo bajo temor constante.
“Es un caso de violencia de género que ya pasó todas las barreras de lo que se permite. He sufrido todo tipo de violencia. Lo único que faltaría sería que me quitaran la vida, porque ya todo lo que ustedes puedan imaginarse ha pasado”, expresó.
La joven relató que el pasado 8 de mayo su expareja se presentó sin previo aviso en su residencia con la intención de que retirara la denuncia que había interpuesto en su contra.
Según dijo, utilizó a su hija de 10 años para que la llamara y así obligarla a conversar con él.
“Me dijo que esa era la única forma de que yo no pudiera negarme a hablar. Quería que quitara la denuncia y que lo acompañara”, narró.
Indicó que el temor que le provocó ese encuentro la llevó a acudir nuevamente ante la Fiscalía para verificar la situación judicial del caso y buscar respuestas sobre una posible orden de arresto pendiente.
“Fue por el miedo que yo tenía que salí a buscar respuestas, para saber qué estaba pasando y si había algo planeado. Con todo lo que hemos vivido, cualquier situación me mantiene en alerta”, manifestó.
Guerra sostuvo que durante la relación fue sometida a humillaciones, maltratos y diversas formas de control emocional, aprovechándose de una etapa especialmente vulnerable de su vida tras el fallecimiento de sus padres.
“Él utilizaba como escudo que mis padres habían fallecido y que yo dependía de él en ese momento. Ustedes se pueden imaginar todo lo que viví y todo lo que no he contado todavía”, afirmó.
Asimismo, criticó la forma en que la sociedad y el sistema suelen cuestionar a las víctimas, sin importar las decisiones que tomen.
“Realmente nosotras no tenemos escapatoria, porque si denunciamos corremos peligro; si no denunciamos, nos preguntan por qué no denunciamos; cuando denunciamos, cuestionan por qué lo hicimos tarde. Es como si la víctima fuera siempre culpable de todo, incluso hasta de querer salvar su vida”, expresó.
La joven también recordó que su familia continúa marcada por el asesinato de su prima, Yecairy Alismel Valenzuela, ocurrido el pasado 25 de enero en el Parque Mirador Sur, una experiencia que, asegura, incrementa su preocupación ante cualquier situación de riesgo.
“Ya tenemos un precedente en la familia que nos afectó profundamente y que todavía nos sigue afectando. Por eso vivo con miedo y en constante alerta”, concluyó.
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