El Centro de Investigación en Educación y Desarrollo Humano de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (CIEDHUMANO-PUCMM) propuso establecer un sistema público y permanente para medir las horas de docencia que reciben efectivamente los estudiantes dominicanos, más allá de los días establecidos en el calendario escolar.
La propuesta parte de que el calendario permite conocer cuánto tiempo de enseñanza está previsto, pero no cuánto se imparte realmente durante el año lectivo. Las suspensiones por lluvias, paros docentes, problemas de infraestructura, falta de personal, seguridad y otras dificultades operativas pueden reducir las horas de clases sin que exista un registro público integrado de su impacto.
En el número 6 de su publicación EN CLAVE, titulado El calendario escolar no cuenta toda la historia, el centro dirigido por el educador Radhamés Mejía sostiene que el país necesita pasar del simple registro de las suspensiones a una medición del tiempo efectivo de docencia.
El análisis advierte que no todas las interrupciones tienen el mismo impacto. Una suspensión que afecta durante varias semanas a un centro educativo no equivale a otra que paraliza miles de escuelas durante una jornada. Tampoco una salida anticipada o una reducción del horario representa necesariamente un día completo sin clases.
Como ejemplo, el boletín cita las suspensiones por las lluvias de finales de octubre, que, según datos del Ministerio de Educación reportados públicamente, comprendieron 3,898 centros educativos y una matrícula de 1,165,586 estudiantes en once provincias, además de suspensiones en el Distrito Nacional.
Sin embargo, CIEDHUMANO aclara que esas cifras corresponden a la matrícula potencialmente afectada y no significan que todos esos estudiantes hayan perdido clases durante la misma cantidad de días.
Qué información debería publicar el Ministerio de Educación
El centro reconoce que existen antecedentes de seguimiento a las interrupciones escolares. Entre ellos menciona el monitor de suspensiones de clases desarrollado por EDUCA y los controles internos del Ministerio de Educación sobre la pérdida de docencia y sus causas.
No obstante, considera que todavía hace falta un sistema de información pública, permanente e integrado que permita conocer el tiempo de enseñanza efectivamente impartido y verificar qué ocurre con las horas que se pierden.
La propuesta plantea que las autoridades publiquen periódicamente información sobre:
- Las horas de docencia programadas y las efectivamente impartidas.
- Las suspensiones totales o parciales y sus causas.
- La cantidad de estudiantes potencialmente afectados y las medidas de continuidad pedagógica aplicadas.
- El tiempo de docencia recuperado y las horas que permanecen pendientes.
El seguimiento, según el planteamiento, permitiría conocer el recorrido entre el tiempo programado, el impartido, el interrumpido y el recuperado, así como el saldo que todavía no se ha repuesto.
Reabrir las escuelas no significa recuperar las clases perdidas
Uno de los puntos centrales del análisis es que el retorno a las aulas después de una suspensión no garantiza que los estudiantes hayan recibido las horas de enseñanza que dejaron de impartirse.
CIEDHUMANO plantea que, luego de cada interrupción, debe determinarse si se repuso el tiempo perdido, si se mantuvo alguna modalidad de continuidad pedagógica y si los estudiantes pudieron reincorporarse efectivamente a las actividades escolares.
La publicación reconoce que algunas suspensiones son inevitables y están justificadas por razones de seguridad, especialmente cuando las condiciones meteorológicas representan riesgos para estudiantes y docentes.
El cuestionamiento, en esos casos, no se dirige a la decisión de suspender las clases, sino a la capacidad del sistema educativo para registrar las consecuencias de la interrupción y organizar posteriormente la recuperación de la docencia.
El boletín resume ese planteamiento con una pregunta: cuántas horas de enseñanza llegaron realmente a cada estudiante y qué ocurrió con las que no se impartieron.
El tiempo de clases no equivale al aprendizaje
El centro también advierte que las horas de docencia no deben confundirse con los aprendizajes alcanzados. Aunque el tiempo de enseñanza es una condición importante para aprender, los resultados educativos dependen también de la calidad de la enseñanza, las prácticas docentes, el currículo y las condiciones en que se desarrolla el proceso educativo.
Por esa razón, propone medir directamente el tiempo efectivo de docencia y utilizar otras evidencias para evaluar los aprendizajes.
El análisis deja abierta otra cuestión: si las comunidades con mayores rezagos educativos también pierden una proporción más alta de su tiempo efectivo de clases. CIEDHUMANO presenta esta posibilidad como una hipótesis que requiere investigación, no como una conclusión comprobada.
La propuesta fue difundida en el sexto número de EN CLAVE, publicación del Centro de Investigación en Educación y Desarrollo Humano de la PUCMM dedicada a examinar problemas y desafíos del sistema educativo dominicano.
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