Han pasado más de tres años desde el último reajuste general, aplicado  a los  cuadros  activos de las Fuerzas Armadas y buena parte del personal de rangos medios y bajos continúa con ingresos por debajo del costo promedio de la canasta familiar. Si el presupuesto de 2027 vuelve a priorizar equipos, tecnología y gastos operativos, sin reservar una partida  para mejorar sueldos, la modernización militar seguirá dejando fuera a quienes sostienen el servicio diario en las brigadas, batallones y unidades.  

La canasta familiar confirma el rezago. Según el Banco Central, su costo promedio nacional pasó de RD$49,520.42 en junio de 2026 a RD$49,613.15 en julio de ese año. Esa cifra supera el salario base de buena parte del personal militar de rangos medios y bajos, y evidencia la urgencia de un reajuste con miras al presupuesto de 2027. 

La comparación por niveles de ingreso amplía el cuadro. En junio de 2026, la canasta del quintil más pobre fue estimada en RD$29,608.08; la de los hogares medios, en RD$45,504.61; y la del quintil de mayores ingresos, en RD$80,563.09. Incluso la referencia más baja supera el salario base de la mayoría de los oficiales y alistados. 

Alcance y limitaciones del reajuste salarial de 2023 

El reajuste de marzo de 2023 benefició sobre todo a los rangos de conscriptos a sargentos, con alzas entre 15 % y 44 %, según el Ministerio de Defensa. En el caso de un raso, el sueldo pasó de RD$17,053.71 a RD$24,555.90. También recibieron aumentos cabos, sargentos y sargentos mayores. 

Tres años después, ese aumento luce insuficiente. La inflación, los alimentos y los gastos diarios han reducido su efecto real. Si un raso gana RD$24,555.90 y la canasta nacional cuesta RD$49,613.15, su salario base cubre apenas el 49.5 % de ese monto y queda con una brecha de RD$25,057.25, equivalente al 50.5 % restante. 

Presiones económicas asociadas al servicio militar 

El transporte pesa de forma directa en la rutina militar. En mayo de 2026, reportes basados en datos del Banco Central señalaron una variación de 2.16 % en ese grupo, asociada a combustibles, pasajes interurbanos, motoconchos y carros públicos. Para quienes viajan a diario hacia sus puestos de servicio, cualquier alza reduce el dinero disponible para el hogar. 

La presión aumentó con los anuncios de alzas en el transporte público para julio de ese año. La Confederación Nacional de Trabajadores del Transporte informó incrementos de entre RD$5 y RD$25 en 47 rutas urbanas, suburbanas e interurbanas, debido a mayores costos de operación. 

Aunque esas alzas parecen menores por viaje, acumuladas durante el mes afectan los salarios de base. El transporte termina compitiendo con alimentación, medicamentos, útiles escolares y otros compromisos familiares que los militares asumen cada mes. 

La salud agrega otra presión. En el mismo período se reportaron aumentos en productos farmacéuticos. Para una familia militar, una receta o una emergencia menor puede desordenar el presupuesto mensual y provocar deudas que comprometen salarios futuros. 

A ello se suman la comida fuera del hogar, la comunicación, la energía eléctrica, el agua, el gas, el internet y, en muchos casos, el transporte escolar. Informes económicos de 2025 y 2026 señalan que alimentos, servicios y transporte explicaron una parte importante del encarecimiento del costo de vida en los hogares dominicanos. 

Equipos y tecnología frente a una partida salarial pendiente para 2027 

Si el presupuesto de 2027 vuelve a priorizar equipos, tecnología y gastos operativos, sin reservar una partida  para mejorar sueldos, la modernización militar seguirá dejando fuera a quienes sostienen el servicio diario en las brigadas, batallones y unidades.  
Si el presupuesto de 2027 vuelve a priorizar equipos, tecnología y gastos operativos, sin reservar una partida  para mejorar sueldos, la modernización militar seguirá dejando fuera a quienes sostienen el servicio diario en las brigadas, batallones y unidades.


Para 2026 el gasto militar pasó de RD$63,900 millones a RD$68,686,619,634, un aumento de 7.49 %. De acuerdo con datos oficiales, esos recursos se orientaron a defensa terrestre, naval y aérea, educación, entrenamientos y programas sociales, no a un reajuste salarial general.
 

La prioridad presupuestaria parece concentrarse en equipos, aeronaves, tecnología, vigilancia, movilidad y capacidad operativa. Son inversiones relevantes para la defensa nacional, pero contrastan con la espera de mejoras salariales para el personal de base. La pregunta no es si el Estado debe comprar equipos o fortalecer la tecnología militar, sino si esa modernización puede producir mejores resultados cuando buena parte del personal mantiene ingresos por debajo de la canasta familiar. 

Ahí está el contraste principal: el presupuesto crece, la canasta sube y el salario real de la tropa pierde valor frente a la inflación. En los documentos oficiales aumenta el gasto de Defensa; en la economía doméstica del militar común pesan el transporte, la comida, la salud y las deudas. 

La inversión en tecnología mejora vigilancia, comunicación, respuesta y control territorial. Sin embargo, esos recursos pierden alcance si el personal que los opera trabaja bajo presión económica constante. Un soldado mejor remunerado puede reducir distracciones financieras, asumir con mayor compromiso sus funciones y sostener una relación más sólida con la institución. En ese sentido, el reajuste salarial no debe verse solo como gasto corriente, sino como una inversión en disciplina, permanencia, productividad y calidad del servicio. 

Por esa razón, el debate presupuestario de 2027 no debería limitarse a cuánto se destinará a nuevas adquisiciones, mantenimiento o tecnología. También debe definir cuánto se asignará al reajuste salarial del personal militar y asimilado. Una partida separada permitiría medir el compromiso real del Estado con la dignificación del servicio y evitar que el incremento presupuestario se diluya únicamente en gastos operativos o compras de capital. 

Evolución presupuestaria y política salarial entre 2020 y 2026 

Entre 2020 y 2026 el presupuesto de Defensa mantuvo una tendencia ascendente. La mejora salarial general para los rangos inferiores, sin embargo, se concentró en marzo de 2023. Para 2025 el presupuesto militar fue de RD$63,900 millones y en 2026 subió a RD$68,686,619,634, una diferencia de RD$4,786.6 millones, equivalente a un aumento aproximado de 7.49 %. En esos dos años no se documentó otro reajuste general para militares ni asimilados. 

La nómina de sueldo fijo por rango, publicada en el portal de Transparencia del Ministerio de Defensa para julio de 2026, permite aterrizar la discusión. La escala conserva como referencia los montos fijados tras el reajuste de marzo de 2023, salvo compensaciones o incentivos que pueden variar por cargo, riesgo, destino o función. 

  • Raso: RD$24,555.90 mensuales.  
  • Cabo: RD$26,233.36 mensuales.  
  • Sargento: RD$28,765.02 mensuales.  
  • Sargento mayor: RD$30,394.94 mensuales.  
  • Subteniente: RD$30,914.69 mensuales.  
  • Subteniente II: RD$32,846.97 mensuales.  
  • Subteniente III: RD$37,273.07 mensuales.  
  • Segundo teniente: RD$31,510.28 mensuales.  
  • Primer teniente: RD$32,541.78 mensuales.  
  • Capitán: RD$34,575.75 mensuales.  
  • Mayor: RD$35,615.53 mensuales.  
  • Teniente coronel: RD$39,234.81 mensuales.  
  • Coronel: RD$42,907.52 mensuales.  
  • General de brigada: RD$50,275.72 mensuales.  
  • Mayor general: RD$60,049.00 mensuales.  
  • Viceministros, comandantes generales de fuerzas e inspector general de las Fuerzas Armadas: RD$65,147.50 mensuales.  

En términos porcentuales, la escala muestra que buena parte de los rangos operativos se mueve entre el 49 % y el 72 % de cobertura frente a la canasta nacional. Esa proporción revela que el problema no es solo la distancia en pesos, sino la pérdida de capacidad real para cubrir gastos básicos. 

Brecha entre  salarios militares y el costo de la canasta familiar 

La inversión en tecnología mejora vigilancia, comunicación, respuesta y control territorial. Sin embargo, esos recursos pierden alcance si el personal que los opera trabaja bajo presión económica constante.
La inversión en tecnología mejora vigilancia, comunicación, respuesta y control territorial. Sin embargo, esos recursos pierden alcance si el personal que los opera trabaja bajo presión económica constante.


La comparación con la canasta nacional de julio de 2026, estimada en RD$49,613.15, deja claro el rezago. Desde raso hasta coronel, todos los sueldos fijos del listado quedan por debajo de esa referencia. El raso cubre el 49.5 % de la canasta; el cabo, el 52.9 %; el sargento, el 58.0 %; el sargento mayor, el 61.3 %; el capitán, el 69.7 %; el mayor, el 71.8 %; y el coronel, el 86.5 %. Solo el general de brigada la supera ligeramente, con RD$50,275.72, apenas un 1.3 % por encima de la canasta nacional.
 

La comparación por quintiles precisa el alcance. Raso, cabo y sargento quedan por debajo de la canasta del primer quintil, estimada en RD$29,661.74; sus salarios cubren aproximadamente el 82.8 %, el 88.4 % y el 97.0 % de esa referencia. Desde sargento mayor hasta mayor quedan por debajo del segundo quintil, de RD$38,669.02. Teniente coronel y coronel también quedan por debajo del tercer quintil, de RD$45,580.94; el coronel alcanza cerca del 94.1 % de ese nivel. La mayoría de la escala ordinaria no alcanza el costo promedio de una familia de ingresos medios. 

Situación salarial de los asimilados militares 

El caso de los asimilados merece una lectura aparte. Según denuncias del sector, acumulan casi dos décadas sin un reajuste general, pese a cumplir funciones administrativas, técnicas, profesionales y de apoyo dentro de la institución. Su situación amplía el problema más allá de los rangos militares tradicionales. 

El rezago salarial afecta más que el ingreso mensual. También incide en la estabilidad familiar, la motivación y la percepción de justicia interna. Si la modernización militar busca ser integral, los asimilados no pueden quedar fuera de una revisión salarial amplia. 

La inversión humana como condición de eficacia operativa 

El capital humano sigue siendo el centro de la eficacia militar. 
El capital humano sigue siendo el centro de la eficacia militar.

El aumento del gasto militar abre una discusión de prioridades. La seguridad nacional requiere vigilancia fronteriza, movilidad, tecnología, entrenamiento, salud militar y mantenimiento de equipos. Pero cuando el presupuesto sube y el salario de base no acompaña el costo de vida, la distribución interna del gasto queda bajo examen. 

Modernizar la defensa implica comprar equipos, fortalecer la formación y ampliar capacidades operativas. También implica mejorar las condiciones laborales de quienes sostienen el servicio. Una institución puede disponer de mejores vehículos, sistemas de vigilancia y herramientas tecnológicas, pero si el personal no percibe una mejora proporcional en su calidad de vida, la modernización queda incompleta. El capital humano sigue siendo el centro de la eficacia militar. 

El presupuesto de 2027 como prueba de voluntad salarial 

Las Fuerzas Armadas y el Poder Ejecutivo tienen pendiente una respuesta presupuestaria concreta. Más que anunciar intenciones generales, el proyecto de presupuesto de 2027 debería consignar una partida destinada al reajuste salarial de militares y asimilados. Esa asignación permitiría precisar qué parte del gasto se orientará a mejorar el ingreso del personal, cuántos miembros serían beneficiados y bajo qué criterios se aplicaría el aumento. 

Un aumento general para militares y asimilados no depende solo del Ministerio de Defensa. Debe venir del Poder Ejecutivo e incorporarse al presupuesto de Defensa con respaldo financiero y aplicación efectiva. Por eso persiste la pregunta de fondo: si hay recursos para renovar equipos, incorporar tecnología y ampliar capacidades operativas, ¿por qué el presupuesto de 2027 no habría de reservar una proporción específica para fortalecer el ingreso del personal que hace posible esos resultados? 

La dimensión interna de la modernización militar 

Un aumento general para militares y asimilados no depende solo del Ministerio de Defensa. Debe venir del Poder Ejecutivo e incorporarse al presupuesto de Defensa con respaldo financiero y aplicación efectiva.
Un aumento general para militares y asimilados no depende solo del Ministerio de Defensa. Debe venir del Poder Ejecutivo e incorporarse al presupuesto de Defensa con respaldo financiero y aplicación efectiva.


El país suele discutir la frontera física, el control territorial, la seguridad nacional y los desafíos migratorios. Dentro de los cuarteles, sin embargo, existe otra frontera menos visible: la distancia entre el discurso de modernización y la realidad económica del militar de rango medio y bajo.
 

Un raso con salario por debajo de la canasta familiar enfrenta una presión que rebasa lo individual. Esa realidad puede afectar la moral, la estabilidad familiar, la permanencia en la carrera y la confianza en la institución. 

El aumento del presupuesto de Defensa puede responder a necesidades estratégicas del Estado. Su legitimidad social, sin embargo, se fortalece cuando también mejora la vida de la tropa y de los asimilados. La modernización militar no debe medirse solo por equipos, aeronaves, instalaciones o tecnología, sino también por la capacidad de garantizar dignidad salarial a quienes sirven desde la base.  

Por eso, el presupuesto de 2027 representa una oportunidad decisiva: incluir una partida específica para reajustar salarios sería una señal de prioridad humana, motivación institucional y búsqueda de mejores resultados en el servicio. Si el presupuesto crece y el ingreso del personal sigue rezagado, el problema deja de ser contable y se convierte en una decisión de prioridades públicas. 

Julián P. Herrera

Periodista

Periodista. Reportero de Acento.com.do

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