Mientras la Inteligencia Artificial (IA) avanza a pasos agigantados permitiendo resolver tareas complejas en segundos, el sistema educativo dominicano carece de la infraestructura técnica para fiscalizarla.
La Acción Empresarial por la Educación (Educa) reconoció que, ante la inviabilidad económica de adquirir software de detección de plagio en las escuelas, la única barrera de contención efectiva es "volver a lo básico": la defensa oral.
En entrevista con este Acento, la entidad que agrupa al sector privado admitió que la batalla tecnológica contra el "copy-paste" automatizado es desigual.
"Existen herramientas para detectar todo este tipo de cosas, lo que pasa es que son costosas y nuestras escuelas no necesariamente las tienen disponibles", explicó Yahaira Brea, representante de la institución.
Este desafío va mucho más allá de una evolución del plagio tradicional de Wikipedia o enciclopedias digitales. A diferencia del "cortar y pegar" de hace una década, donde el docente podía rastrear el origen del texto con una simple búsqueda en Google, la IA generativa crea respuestas únicas, inéditas y adaptadas al contexto, lo que hace que el fraude sea "prácticamente indetectable" sin herramientas especializadas de pago. No es solo copiar información; es simular la estructura misma del pensamiento.
Esta carencia de recursos digitales de fiscalización obliga a un replanteamiento forzoso de la evaluación en el aula.
El estudiante debe defender verbalmente su trabajo. "Párate y resúmelo, dime qué es lo primordial que encontraste y cómo defiendes eso que plasmaste", es la nueva directriz para validar la autoría.
Una brecha dentro de la brecha
La preocupación latente es que la IA convierta las asignaciones escolares en meros trámites. Según lo externado por Educa, un estudiante puede completar análisis sintácticos o ensayos de Ciencias Sociales en menos de un minuto, entregando resultados correctos pero vacíos de razonamiento propio.
Ante la ausencia de regulación oficial o filtros digitales en las plataformas educativas locales, la responsabilidad recae enteramente en el criterio del docente y en la ética familiar, un filtro que la institución considera fundamental, pero difícil de estandarizar.
Si bien la IA promete personalizar la educación y facilitar la planificación docente, su irrupción amenaza con fragmentar aún más el sistema.
La entidad advirtió que la disparidad no es solo entre el sector público y el privado, sino dentro de los mismos colegios privados, donde el acceso a recursos de vanguardia varía drásticamente según la ubicación geográfica y el presupuesto del centro.
Mientras se espera un marco legal que regule el uso ético de estas herramientas, la realidad del aula dominicana es que, paradójicamente, la respuesta a la tecnología más avanzada del siglo XXI está siendo el retorno a los métodos de evaluación del siglo pasado.
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