Geihsi Pérez ha cruzado los 61 años y hace cuatro que vive a siete mil kilómetros de su pueblo, el Pedernales de la frontera suroeste dominicana con Haití donde nació y creció. Está en Londres, Inglaterra, donde labora. Pero siente tanto como residentes lo bueno y lo malo que sucede en la comarca.
Su estatus económico no le permite viajar a menudo, mas, está al tanto sobre la cotidianidad: la desnaturalización de la ciudad, los ruidos ensordecedores, el caótico tránsito, las drogas, la sepultura de los valores. Cuando no está activo en el almacén de la empresa donde se gana unas cuantas libras esterlinas, afirma, el contacto con los comprovincianos es fluido por las redes sociales.






La nostalgia atrapa a este exlanzador y preciso bateador cuando le cuentan acerca del aspecto de potrero abandonado que tienen los campos de béisbol del municipio capital de la provincia ahora bajo la ejecución de un proyecto de desarrollo turístico. Sostenible, según el Gobierno, que lo ha ideado y desde inicios del 2022 lo ha encaminado solo, a puro pulmón del erario, hasta comenzar este 2026 cuando ha logrado como socio estratégico al Consorcio Cabo Rojo/Grupo Puntacana.
"El plei del pueblo" fue pilar para la socialización de Geihsi, como muchos niños y de la época. La disciplina en la práctica de béisbol ayudó a forjar el ciudadano que es hoy.
Parsimonioso, lamenta: “Jugué pelota en pequeñas ligas desde el 77 hasta el 79, para el equipo azul (Aluminio), y en la liga senior, desde 80 hasta el 82, con los verdes (Bravos)… Ahora estoy en Europa, hace varios años, pero me he enterado que los pleis están muy deteriorados; en aquellos tiempos se mantenían perfectos, gracias a la Alcoa y luego a un ciudadano de bien que se dedicó por entero: Julio Alfredo Pérez (Cucún). La falta de atención provoca que la juventud se vaya por mal camino, como delinquir o caer en la tentación de las drogas”.
Como Geihsi, Ramón Méndez López (Mon bulaca), 76 años, un versátil músico del municipio, director desde hace tres décadas de la academia y de la banda de música.
Mon se ha gastado reclamando a las autoridades nacionales la dotación de todos instrumentos musicales necesarios para seguir apartando niños y jóvenes a las crecientes tentaciones negativas de la calle. Ante la sordera, solo le queda la esperanza en algún pelotero de grandes ligas que se conduela.
Él es hechura de una familia de virtuosos de la música, pero también de los deportes. Se le recuerda como destacado pitcher y outfielder de los Bravos y asiduo volibolista.
Se le zafa una leve carcajada. Y afirma que lo hace para no llorar.
“Mi querido, mi viejo, mire, respecto a los pleis, ya usted sabe, usted tiene fotos del de pequeñas ligas y el superior; están ahí prácticamente abandonado. Al de pequeñas ligas van unos niños, los veo ahí practicando, y el superior está completamente abandonado, no hay nada. Creo que ahora mismo no hay ni siquiera un equipo de beisbol superior en la provincia… El softball lo mantiene la liga añeja, tiene luz, bien bonito. Mire, con lo que le pagan por una hora a uno de esos artistas que traen aquí, ya tú sabes a qué, para la gente que anda por ahí chusmeando a las dos y tres de la madrugada… Con ese dinero, aunque sea se reparan los dos plais y sobra”.
El drama que sufre el pueblo -desde la perspectiva de este pedernalense- lo han agravado tanto que ya luce irreversible.
“Esto está mal; a todo el que usted le plantea que los niños están haciendo esto y aquello, solo responde que yo debo acostumbrarme porque son los tiempos; que si no lo acepto, me jodí. Tanto daño que nos están haciendo el narcotráfico y la drogadicción en toda la región… Cuando más necesitamos la cultura, la música, el deporte, el entretenimiento, nos hemos descuidado… Aquí en Pedernales, creo, este mal no da pa atrás”.
LA DECADA DE ORO
El ayer deportivo de Pedernales fue diferente. En esta provincia distante 307 kilómetros del Distrito Nacional se juega béisbol desde los 50, y la década de 1970 ha sido hasta ahora la más brillante.
Peloteros de Grandes Ligas como los dominicanos Mateo Rojas Alou, los hermanos Danilo, Rolando Rivas y el gran capitán Pedro González, y estadounidenses como el astro de los jonrones Hank Aaron, de los Bravos de Atlanta, visitaron el pueblo y admiraron el desarrollo deportivo y los niveles de organización.





En el “plei de los grandes”, ahora desastroso, los Bravos y Bizarros captaban la atención de los fanáticos con sus fuertes competencias locales y regionales; en el de softball y luego en el primer parque de pequeñas ligas del país, niños y niñas impresionaban por la disciplina y la pasión con que jugaban béisbol y sófbol.
Los parques de pelota, hoy, excepción el de sófbol, son más paraderos y sitios de pastos de vacas; lugares para relaciones furtivas y transacciones ilícitas. El yerbazo y la destrucción de las escasas infraestructuras en pie del “plei de los grandes” y el de pequeñas ligas del país son la primera señal de que van camino a la desaparición, aunque con la resistencia de jóvenes como Ambiorix Zapata, quien le da un soplo de vida al entrenar a jóvenes y niños en campo y pista y se prepara para impulsar el beisbol. De aquellos años de gloria solo queda el rumor.
Rafael Beltré, corresponsal de Radio Enriquillo y comentarista de radio, no titubea para denunciar la realidad deportiva.
“El plei de los grandes está totalmente abandonado, no tiene condiciones reales para practicar. Eso quita el ánimo, no hay motivación; por eso tú ves que los jóvenes se dedican a otra cosa. Si van cuatro a practicar béisbol es mucho; lo que practican es fútbol, y tú sabes quiénes lo practican: son los vecinos, los haitianos… La mayoría de la juventud entonces se ha alejado, y hasta han abandonado la escuela…”
No siempre fue así. En los años 70 una generación alternó el activismo cultural con béisbol, baloncesto, volibol, karate y campo y pista. Los clubes Socio Cultural, Leo y Leones, sobre todo, vibraban, daban vida a la comunidad; los deportes, también, en los espacios deportivos formales, pero también en las calles anchas del pueblo, como la Juan López.
PERDIDO EL ORGULLO DEL PIONERISMO
Las pequeñas ligas de béisbol de Pedernales fueron creadas el 22 de abril de 1972 y adscritas a la Oficina de Williamsport, Pensilvania, en Estados Unidos.
La minera de Pittsburgh, Pensilvania, Alcoa Exploration Company (Alcoa), que desde finales de los años 50 explotaba los yacimientos de bauxita en la sección Las Mercedes y en Aceitillar, en la Sierra Baoruco, ahora en la mira de Estados Unidos por ser fuentes de tierras raras, registró la franquicia 6740103 que consigna las categorías: 9-12 años (infantil), 13-15 (Senior), 16-18 (grande), divisiones I y II de Softball.
Su proyecto comenzó con exclusividad para hijos de ejecutivos en el plei de softball para ejecutivos de la compañía, 23 kilómetros al sureste de la ciudad Pedernales, en pleno Cabo Rojo, donde operaban las oficinas administrativas y el muelle de embarque y hoy se levanta el resort mientras ya opera, desde 2024, la terminal turística.
El traslado de los muchachos se hacía una vez por semana en las mismas “pasajeras amarillas” (autobuses de 56 pasajeros) en que se transportaba a los empleados. El acceso estaba restringido para otros niños pedernalenses.
En Cabo Rojo, donde vivía, Víctor García Álvarez, encargado del Laboratorio de Química y de Comunicación, formó dos equipos que luego nombró como Aluminio (azul) y Bauxita (rojo). Pero todo quedó en la informalidad, un pasatiempo mientras los padres laboraban. Los más altos ejecutivos de Alcoa residían en aquel lugar, en el hotel Senior Staff, diseñado por el maestro de la arquitectura dominicana, Gay Vega. Un patrimonio que, según prometió hace cuatro años la gestión actual de Gobierno, será convertido en hotel boutique.
La realidad y la necesidad estratégica de la minera estadounidense de estrechar vínculos con la comunidad obligaron a abrir el abanico. Había un sindicato de trabajadores de Alcoa muy activo, el Sitralcoa, y entidades sociales de presión como el Movimiento de Acción Máximo Gómez, que reclamaban beneficios concretos para los obreros y la provincia en vista de la explotación de sus recursos naturales.
En 1973, en el municipio fueron creados por primera vez dos equipos de beisbol infantil: Aragonita (amarillos) y Alúmina (los verdes, dirigidos por el autor de este reportaje, quien también fungía como jugador).
En la primavera de 1973 fue realizado el primer torneo cuadrangular entre Aluminio (azul), Bauxita (rojo), Aragonita (amarillo) y Alúmina (verde).
Los verdes se llevaron la corona y el manager-jugador obtuvo el título de campeón bate y bases alcanzadas, lo cual le valió para integrar la selección nacional con los Piratas de Vivo (de la capital) que participó en la Serie Latinoamericana de Pequeñas Ligas, en San Juan, Puerto Rico. García Álvarez decidió la integración para el viaje de dos “peloteritos”: Alfredito Féliz y el competitivo Randall Fernández.
Lalo Maldonado, primer entrenador, reafirmó que “esa expansión surgió por la presión de ustedes, los muchachitos del pueblo, que querían jugar y los otros se burlaban; entonces, Héctor Cruz y yo le hablamos a Víctor, y él llevó la inquietud a la Gerencia, y ésta lo aceptó… Yo estaba muy empapado en eso de pelota; nota que ahí se comenzó a poner madrinas a los equipos”.
El éxito siguió con la consistencia de Julio Alfredo Pérez (Cucún), quien se había ganado con García Álvarez la categoría de entrenador. Cucún alternaba sus días entre el plei y la pintura de “brocha gorda”, en la que era diestro y se había ganado buena clientela. De la pintura salía parte del dinero para vivir, sobre todo en cada diciembre cuando las familias del pueblo acostumbraban a pintar, aunque fuese los frentes de las viviendas.
Hoy, desaparece a golpe de abandono el parque de pequeñas ligas, que se inauguró en los 70 con la presencia de la estrella Hank Aaron y las autoridades de la Alcoa encabezadas por su gerente general Patrick N. Hugson. Y el plei de los grandes ya es propiedad de las vacas hasta que lo invadan para hacer casuchas o revenderlo.
El director provincial del Ministerio de Deportes (Mide), Helin Manuel, dejó esperando para dar la versión oficial. Vive en el distrito municipal Juancho, 62 kilómetros al este de la capital de la provincia.
Cucún, el fiel entrenador de decenas niños y niñas, entretanto, anda por ahí, siempre con ánimo, aunque ya las rodillas le impiden “gabearse” en las escaleras y los techos con la agilidad de otros tiempos. Sin trabajo ni una pensión que sirva para comprar siquiera algunos de los fármacos que aquieten los achaques de la edad.
Y a unos cuantos pasos al norte de su casa del barrio Miramar, el techado de la escuela primaria es un monumento a la desidia y la indolencia. Espera por el rescate de parte del Instituto de Formación Física Escolar (Inefi).
El director del centro educativo estatal, Wilton Alberto Féliz Pérez (Birula), sostiene que el abandono cumplirá tres años sin que nadie explique la causa. Asegura que siente impotencia ante la indiferencia.
“Las autoridades se han hecho los chivos locos. Hicieron un aguaje hace como año y medio: pusieron cuatro vigas de metal y ya… Eso está abandonado completamente. Uno se cansa de investigar y exigir a las autoridades y nadie dice nada. El presidente Luis Abinader había autorizado hacer ese multiuso, y mira cómo está a esta fecha, mientras la juventud está tentada a perderse”.
La provincia Pedernales, con cerca del 60% de empobrecimiento sobre el lomo, sigue viviendo el día a día sobre el comodín del conformismo, con el orgullo perdido hasta de los hechos en los que ha sido pionera. Está pasiva, esperando “las riquezas” del turismo y de las tierras raras.
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