¿Cuál es el evangelio de hoy?

El evangelio de este martes 5 de mayo nos sitúa en el corazón del discurso de despedida de Jesús a sus discípulos, en el Evangelio según san Juan. Con palabras cargadas de ternura y firmeza, Cristo les ofrece su bien más preciado antes de la Pasión: la paz.

Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 14, 19-28

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio que se ganaron a la gente, apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dejándolo por muerto. Rodeado por sus discípulos, Pablo se levantó y volvió a la ciudad. Al día siguiente partió con Bernabé hacia Derbe.

Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, animando a los creyentes y exhortándolos a perseverar en la fe con estas palabras: Hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.

En cada comunidad designaron presbíteros y, con oraciones y ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

Salmo Responsorial: Salmo 144 (145)

"Tu reino es un reino eterno, Señor".

Evangelio: Juan 14, 27-31

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde.

Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado". Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo.

Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo.

Palabra del Señor.

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Comentario del Evangelio

La paz que Jesús ofrece a sus discípulos no es la ausencia de conflictos ni la tranquilidad que puede dar el mundo. Es el shalom hebreo en toda su profundidad: una paz que viene de Dios, que habita en el interior de la persona y que ninguna circunstancia exterior puede arrebatar.

Jesús pronuncia estas palabras en vísperas de su Pasión, cuando humanamente todo parecía derrumbarse. Sin embargo, lejos de sembrar miedo, les dice: «Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde». Es una invitación a confiar, a creer que detrás de cada despedida hay un regreso, y que el amor al Padre es el motor de toda su entrega.

La primera lectura refuerza este mensaje: Pablo, apedreado y dado por muerto, se levanta y continúa su misión. La tribulación no es el final del camino, sino parte del trayecto hacia el Reino.

El mensaje para hoy es claro: la fe no elimina las dificultades, pero da la paz y la fortaleza para atravesarlas.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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