En San Francisco de Macorís no solo murió un hombre. Murió una forma de entender el progreso.
Don Héctor José Rizek Llabaly, conocido como el "Mecenas del Cacao" y una de las figuras más emblemáticas del sector agroindustrial dominicano, falleció el sábado 28 de marzo de 2026 a los 95 años por complicaciones de salud. Su partida dejó en duelo a toda una región que lo reconoce como el hombre que llevó el nombre del Nordeste a los mercados más exigentes del mundo.
Nacido el 3 de marzo de 1931 en la Ciudad del Jaya, hijo de los inmigrantes palestinos Nazario Rizek Rizek y Badia Llavabaly de Rizek, don Héctor dedicó más de seis décadas al cultivo, procesamiento y exportación de cacao al frente de Rizek Cacao (Nazario Rizek C. por A.), consolidando uno de los grupos exportadores más importantes de la República Dominicana.
Un puente entre el campo y el mundo
En los campos de Duarte, Hermanas Mirabal y María Trinidad Sánchez, el cacao no es solo cultivo: es identidad. Y durante décadas, ese producto encontró en Rizek a su principal traductor.
Él tomó un fruto local y lo convirtió en lenguaje global. Bajo su liderazgo, el cacao dominicano dejó de ser materia prima anónima para convertirse en un producto de cacao fino y orgánico, altamente valorado en los mercados de Europa y Norteamérica. Como destacó EDUCA al lamentar su fallecimiento, su compromiso trascendió lo empresarial y alcanzó la educación y el desarrollo social.
Pero lo verdaderamente singular no fue la exportación. Fue el orgullo. Antes de él, el cacao era trabajo. Después de él, fue prestigio.
Un duelo que desborda lo institucional
Desde el lunes, las banderas nacional y municipal ondean a media asta en San Francisco de Macorís. El alcalde Alex Díaz Paulino declaró tres días de duelo municipal y definió a don Héctor como "un hombre visionario, emprendedor y comprometido con el desarrollo económico y social" de la ciudad y del país.
Las principales organizaciones de la región han emitido declaraciones por separado expresando su pesar: la Unión de Empresarios y Comerciantes del Nordeste, la Cámara de Comercio y Producción de la Provincia Duarte, el Grupo Médico Unido y Centro Médico Siglo XXI, la Asociación de Cronistas Deportivos de la provincia y el Consejo Regional de Desarrollo, entre otras.
El senador por la provincia Duarte, Franklin Romero, lo describió como "un gran ser humano: visionario, emprendedor y de gran compromiso social", y afirmó que "su dedicación y legado seguirán inspirando a futuras generaciones".
También la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) expresó su solidaridad con la familia Rizek y con la organización de los Gigantes del Cibao, franquicia cuyos principales ejecutivos —Samir y Héctor Rizek, hijos del empresario, y su nieto Alfredo Aceval Rizek— continúan el legado familiar.
Más que un empresario: un estabilizador social
El vacío más profundo no está en las oficinas del grupo empresarial, sino en algo más difícil de reemplazar: la interlocución social. No por casualidad, don Héctor formó parte de espacios de decisión económica nacional, como la Junta Monetaria, durante décadas.
El Nordeste dominicano es una región económicamente activa, socialmente intensa y profundamente marcada por la migración. En ese contexto, figuras como Rizek cumplían una función que no aparece en los manuales: la de estabilizadores sociales.
Su impacto no fue solo generar empleos o exportaciones. Fue sostener una cadena humana: productores pequeños que dependían de precios justos, familias vinculadas a la agroindustria, iniciativas culturales, deportivas y educativas que recibían apoyo silencioso. Ese tipo de liderazgo —discreto pero constante— es el más difícil de sustituir, porque no se decreta ni se hereda automáticamente.
El silencio del cacao
En el Nordeste, el cacao tiene un sonido particular cuando se seca al sol. Es un crujido leve, casi imperceptible. Hoy, ese sonido parece distinto.
Porque detrás de cada saco exportado había una historia que don Héctor ayudó a construir: la de un país que aprendió a valorar lo suyo y a venderlo con dignidad al mundo.
Su muerte no solo cierra una vida. Cierra una etapa en la que el Nordeste tuvo una voz clara en el escenario global. Y ahora, más que nunca, el desafío no es recordarlo. Es estar a la altura de lo que dejó.
El velatorio se realizó el domingo en la Funeraria Blandino y la sepultura tuvo lugar el lunes en el Cementerio Puerta del Cielo.
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