Usted, paciente fiel, acostumbrado a enviarle un audio de dos minutos a su médico a las 11 de la noche describiendo un dolor en el pecho "que no es nada, doctor, pero por si acaso", tiene una noticia: eso se acabó.
El nuevo Código Penal de la República Dominicana (Ley 74-25), que entró en vigencia el 3 de agosto de 2026, ha producido en tiempo récord uno de los fenómenos más curiosos de la medicina dominicana moderna: el médico que escribe más de lo que prescribe.
Circulares. Comunicados. Avisos formales. Todo, menos una receta por chat… ¿Le ha pasado?
El diagnóstico del problema (que tampoco le van a dar por WhatsApp)
La Ley 74-25 introduce disposiciones que ponen bajo la lupa penal el ejercicio médico. Los artículos que más han encendido las alarmas en los consultorios son:
- Artículos sobre homicidio y lesiones culposas por imprudencia o negligencia profesional, que elevan las penas cuando el daño es causado por un profesional en el ejercicio de su oficio. Bajo el nuevo código, un error médico, real o percibido, puede derivar en responsabilidad penal agravada, no solo civil
- Disposiciones sobre el deber de cuidado profesional, que exigen que el acto médico se realice con los estándares clínicos debidos: historia clínica, examen físico, evaluación directa. Recetar sin ver al paciente, o modificar un tratamiento vía mensaje de texto, podría interpretarse como una violación a ese deber
- Artículos relativos a la falsedad documental y emisión irregular de certificados, que complican la firma de informes, certificados médicos o resultados sin el respaldo de una consulta presencial debidamente registrada.
En decir: si usted le manda una foto de su análisis de sangre por WhatsApp y el médico le dice "suba la dosis" y algo sale mal, el doctor podría terminar no solo perdiendo su licencia, sino enfrentando cargos penales.
Guía práctica para el paciente dominicano de la nueva era
Dado que su médico ya no puede, o no quiere, atenderle por los canales digitales de siempre, Acento le ofrece esta guía de adaptación a la realidad post Código Penal:
- Aprenda a hacer citas. Sí, como antes. Con fecha, hora y todo. El WhatsApp ahora es solo para eso: coordinar cuándo va a ir a que lo vean en persona, escribe un reputado cardiólogo dominicano, de los primeros en enviar la circular a sus pacientes..
- Describa sus síntomas en vivo y en directo. Ese audio dramático de madrugada ya no tiene destinatario médico. Guárdelo para sus historias de Instagram. Hay psiquiatras que han colocado horarios de atención.
- No espere que le interpreten su ecocardiograma, u otra prueba, por mensaje. Si le mandaron hacer un cateterismo, los resultados se discuten frente a frente. Con bata, estetoscopio y todo el debido ritual.
- Las urgencias siguen siendo urgencias. Esto no cambió: si siente que se muere, vaya a emergencias. No le mande un voice note a nadie, el equipo médico, escribe el reputado cardiólogo, coordinará con emergencias.
- Acepte que su médico también tiene miedo. Y es completamente comprensible. El Código Penal no distingue entre el galeno negligente y el que simplemente respondió un mensaje con buena fe a las 10 de la noche.
Un sistema que busca mayor formalidad
El sistema de salud dominicano funciona, en gran medida, gracias a esa informalidad, nos narra la psiquiatra. El médico que atiende por WhatsApp no siempre lo hace por descuido: muchas veces lo hace porque el paciente no tiene cómo pagar otra consulta, porque vive lejos, porque el sistema público está colapsado, o porque simplemente confía en ese médico de toda la vida.
La Ley 74-25 llega a regular un ejercicio profesional que, en efecto, necesitaba marcos más claros. Pero su aplicación en el contexto de la salud plantea la pregunta: ¿Estamos criminalizando la medicina informal sin haber resuelto primero el acceso formal a la salud?
Porque una cosa es proteger al paciente de la negligencia real. Otra, muy distinta, es dejar a miles de dominicanos sin la única consulta que podían costear: la del audio de WhatsApp.
El médico tiene razón. Y también el paciente que tiembla.
Los galenos que han comenzado a circular comunicados no están siendo dramáticos ni exagerados. Están siendo, por primera vez en mucho tiempo, legalmente cautelosos. Y eso, en principio, es bueno.
Pero el Estado dominicano tiene ahora una deuda pendiente: abrir —de verdad, con presupuesto y voluntad política— la puerta de la medicina con accesos garantizados. Mientras eso no ocurra, el nuevo Código Penal habrá logrado algo histórico: convertir el estetoscopio en un objeto de alto riesgo jurídico.
La medicina no comienza en un chat, dice el comunicado que circula. Tiene razón.
Pero tampoco puede terminar en un tribunal.
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