La Primera Palabra del Sermón de las Siete Palabras, pronunciada este Viernes Santo bajo la frase “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, estuvo a cargo del R.P. Francisco Benita Alvarado Herrera, Vicario Episcopal de Pastoral de Adolescencia y Juventud, quien centró su reflexión en el perdón, la responsabilidad social, la violencia, la corrupción, la crisis de valores y el papel de la Iglesia y la sociedad ante los problemas actuales.
El sacerdote reflexionó sobre el significado del perdón desde la cruz, señalando que Jesús intercede incluso por sus propios victimarios, mostrando que el corazón divino no se complace en la muerte del pecador, sino en su salvación.
Perdón y autocrítica de la Iglesia
Durante su reflexión, el sacerdote pidió perdón por las veces en que la Iglesia se aleja del Evangelio y de los más necesitados, señalando que en ocasiones puede estar más cerca del poder, del funcionario o del escritorio que del enfermo, el anciano, el inmigrante, el encarcelado o el pecador arrepentido.
También advirtió que la Iglesia debe ser un espacio de seguridad, esperanza y misericordia, y no un lugar que genere angustia o dolor, recordando que el Evangelio invita a la fraternidad y a la igualdad entre todos los seres humanos.
Redes sociales, influencers y crisis de valores en los jóvenes
Uno de los temas centrales de la reflexión fue la influencia de las redes sociales en la juventud. El sacerdote advirtió que muchos jóvenes están siendo arrastrados por lo que llamó falsos profetas digitales, refiriéndose a influencers y contenidos que promueven una falsa idea de felicidad, relativizan la verdad, presentan una concepción errónea de la libertad y fomentan el culto al cuerpo por encima del desarrollo interior de la persona.

Señaló que esto crea una generación que consume contenido vacío que se convierte en dinero para otros, pero que no aporta a la formación de ciudadanos responsables ni al desarrollo humano integral.
Niños y tecnología: advertencia sobre la educación desde las pantallas
El sacerdote también expresó preocupación por la exposición de niños y adolescentes a las pantallas y las redes sociales, señalando que muchos padres han delegado la formación de sus hijos a los dispositivos electrónicos.

Indicó que cuando el principal agente de formación del niño es una pantalla y no la familia, los menores quedan expuestos a contenidos dañinos que afectan su desarrollo humano, emocional y social.
Violencia, feminicidios, armas, drogas y alcohol
Otro de los temas más fuertes de la Primera Palabra fue la violencia en la sociedad, señalando que la violencia en todas sus formas es la mayor amenaza contra la vida humana.
Hizo referencia a la violencia contra las mujeres, indicando que muchos hombres aún no entienden que no son dueños de la vida ni de la libertad de las mujeres, lo que ha provocado feminicidios, hogares destruidos, niños huérfanos y familias marcadas por el dolor y la venganza.

También denunció el fácil acceso a armas, drogas y alcohol, señalando que esto ocurre en parte por la incapacidad o complicidad de sectores responsables del control, lo que permite que armas pasen de mano en mano y terminen en manos de jóvenes o personas sin la capacidad para utilizarlas.
Inmigrantes, pobres, enfermos y abandono social
La reflexión también abordó la situación de los inmigrantes, los enfermos, los pobres y las personas abandonadas por el sistema de salud o la seguridad social.

El sacerdote expresó que Jesús sigue presente en el inmigrante rechazado, en el enfermo que no recibe atención médica, en el moribundo abandonado en las calles y en las personas que sufren la indiferencia de las autoridades.
Criticó además a quienes priorizan la publicidad gubernamental, el poder político, el partido o la institución por encima de la dignidad humana y el servicio a la población.
Corrupción y democracia debilitada
En otro momento de la reflexión, el sacerdote señaló que el país ha promovido directa e indirectamente la corrupción a lo largo de su historia, gobierno tras gobierno y partido tras partido, lo que ha contribuido a debilitar la esencia de la democracia.
Indicó que la sociedad debe reflexionar sobre estas prácticas y asumir una responsabilidad colectiva para cambiar esa realidad.
Medio ambiente, guerras y responsabilidad humana
La Primera Palabra también hizo referencia a los conflictos internacionales, las guerras y el deterioro del medio ambiente, señalando que la humanidad se aleja de la paz y del respeto por la creación.
El sacerdote llamó a reflexionar sobre la responsabilidad humana en el cuidado del planeta y en la construcción de la paz.
Una fe sin compromiso social
Finalmente, el sacerdote criticó lo que llamó una fe solitaria, sin comunidad y sin compromiso social, señalando que hay personas que viven una fe cómoda, sin denuncia, sin compromiso y sin asumir responsabilidades con la sociedad.
Indicó que la fe cristiana no puede ser solo un sentimiento personal para aliviar la conciencia, sino que debe traducirse en compromiso social, justicia, solidaridad y comunidad.
La reflexión concluyó reiterando la frase de Jesús en la cruz:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, como un llamado al perdón, a la conversión y a la responsabilidad colectiva de la sociedad.
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