Yo llevaba apenas 10 minutos en mi primer viaje en un coche sin conductor cuando me di cuenta de que mi vehículo podría estar obstaculizando el paso del presidente de EEUU.

Después de darme cuenta de que iba a llegar tarde a una rueda de prensa paralela a la convención republicana de mitad de mandato en Dallas, solicité uno de los Waymo autónomos que había visto pasar frente a mi hotel. Al principio, el Jaguar — con climatización regulada — estaba avanzando con un ronroneo sereno entre el tráfico del centro. Sin embargo, en plena avenida de seis carriles y con el tráfico fluyendo con rapidez, el vehículo se detuvo en seco. Resultó evidente que el problema radicaba en que los agentes de la policía, situados en la intersección que tenía delante, estaban desviando los coches hacia la derecha mediante enérgicas señales con los brazos. Mi chófer autónomo se negó a obedecer.

"¡Dile al Waymo que tiene que ir hacia la derecha!", gritó el agente que estaba frente a mí. Yo no sabía cómo ni a quién transmitirle ese mensaje, pero, algo avergonzado, repetí la orden en voz alta dentro del coche. No hubo respuesta. El Waymo seguía reproduciendo música jazz reconfortante, indiferente a mis súplicas.

Sin perder la calma, pulsé el botón de "pedir asistencia" en la pantalla, dando por hecho que me atenderían al instante. El teléfono sonó durante lo que pareció una eternidad, mientras el agente que tenía delante se irritaba cada vez más. Otro agente le sugirió a su compañero que el Waymo no se estaba moviendo porque él estaba parado justo delante del vehículo. Se apartó, pero el coche siguió sin moverse; al parecer estaba decidido a no desobedecer los semáforos, que ya se habían puesto en rojo.

Para entonces, mi Waymo era el único vehículo civil en la vía, y comprendí que la urgencia de los agentes podía deberse a la inminente llegada de la caravana oficial que estaba transportando a la figura principal de la convención: Donald Trump. Esto se confirmó poco después con la aparición de un agente del Servicio Secreto, vestido de traje negro y con un semblante aún más sombrío. "Necesito que este vehículo desaparezca de aquí AHORA mismo, o será aplastado", ladró a través de la ventanilla cerrada del pasajero, dando a entender claramente que, de algún modo, la culpa era mía.

En ese momento, quien respondió a la línea de asistencia de Waymo lo hizo con una voz que denotaba una calma absoluta; sugirió que todos se deberían alejar unos 10 pies (tres metros) del perímetro del vehículo. La sugerencia molestó a los agentes del Servicio Secreto, quienes terminaron por obedecer, aunque el coche no se movió de su sitio.

Yo ya había visto suficiente. Haciendo caso omiso de las indicaciones de mi interlocutor remoto, abrí la puerta del pasajero y salí al calor de 38 °C que hacía en Dallas. A mis espaldas, los agentes seguían intentando razonar con el vehículo obstinado. Miré hacia atrás una última vez y vi cómo el coche finalmente comenzó a moverse a un lado lentamente con las luces de emergencia encendidas.

Tras llegar al centro de conferencias en un Uber conducido un humano, recibí una llamada de un representante de Waymo que me dijo: "Realmente no es la experiencia que queríamos que tuvieras".

El departamento de prensa de la empresa explicó más tarde que el coche había reconocido y entendido los gestos manuales de los agentes, pero que, dado que el desvío obligaba a girar a la derecha atravesando varios carriles de circulación, estaba programado para esperar asistencia remota. Dicha asistencia se activó en cuestión de siete segundos, pero el caso se fue elevado a un equipo especializado en gestionar situaciones con personal de emergencia. De ahí la demora.

No está claro con qué frecuencia se ve envuelta Waymo en situaciones de bloqueo con el Servicio Secreto, pero su historial de seguridad es considerablemente mejor que el de los conductores humanos. Sus vehículos operan en más de 15 grandes ciudades de EEUU y, aunque la empresa ha presentado más de 1000 informes de incidentes ante los organismos reguladores, la mayoría se limitan a roces leves.

"Perfeccionamos continuamente el rendimiento de nuestra tecnología para gestionar mejor este tipo de situaciones", me comentó un portavoz de Waymo. "Seguiremos mejorando antes de operar en entornos donde estas situaciones sean más frecuentes".

Uno de los próximos objetivos de Waymo es mi ciudad, Washington D. C., donde los desvíos improvisados para el paso de personalidades importantes son, efectivamente, "más frecuentes". Quizás a la empresa le convenga perfeccionar la capacidad de sus vehículos para desenvolverse entre caravanas oficiales antes de desplegarlos allí.

Joe Miller. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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