La exposición de niños y niñas a prácticas de disciplina violenta disminuyó de 46 % a 32 % entre 2,216 familias dominicanas que participaron en un programa de formación sobre crianza consciente impulsado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (Inaipi) y el Ministerio de Educación.
Los resultados muestran además que las prácticas de crianza basadas en el diálogo, el afecto y el respeto aumentaron hasta alcanzar el 87 % de las familias que completaron el proceso formativo.
Según Unicef, estos cambios evidencian que fortalecer las habilidades de crianza puede contribuir a reducir la violencia contra la niñez desde los primeros años de vida. La organización sostiene que acciones como escuchar, conversar, jugar y establecer límites sin recurrir a castigos físicos o verbales favorecen el desarrollo emocional de los niños y fortalecen los vínculos familiares.
"Detrás de estas cifras hay vivencias de transformación. Madres que ahora dialogan antes de castigar. Padres que participan por primera vez en actividades de estimulación temprana", afirmó Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana.
La entidad explicó que la violencia contra la niñez no se limita a las agresiones físicas. También incluye gritos, humillaciones, amenazas y otras formas de maltrato emocional que pueden afectar el aprendizaje, la autoestima y la salud mental de niños y niñas.







Los datos disponibles en República Dominicana reflejan la magnitud del problema. De acuerdo con la encuesta ENHOGAR-MICS 2019, el 50 % de los niños y niñas entre 1 y 14 años ha sido víctima de agresiones psicológicas y el 46 % ha experimentado castigos físicos en el hogar.
En el marco del Mes de la Crianza y del Día Internacional del Juego, que se celebra el 11 de junio, Carrera destacó que el juego constituye una herramienta esencial para el aprendizaje, la comunicación y la prevención de la violencia, al facilitar relaciones más cercanas entre adultos y niños.
La organización considera que promover entornos familiares basados en el afecto, el respeto y el diálogo es una de las estrategias más efectivas para romper ciclos de violencia y garantizar un desarrollo saludable para la niñez.
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