El filósofo Pablo Mella, autor de la obra Los espejos de Duarte, sostiene que el acceso de la sociedad al pasado está condicionado por los intereses de la historiografía tradicional.
En un análisis sobre la Anexión a España de 1861, se destaca que el derribo de la Palma de la Libertad fue un acto deliberado para suprimir la memoria de la emancipación social.
Este símbolo vegetal, instaurado originalmente en 1804, representaba para las mayorías populares el ideal republicano frente a la opresión del sistema monárquico.
Según explica Mella, las versiones del pasado que hoy se consumen son narrativas mediadas por las élites para proyectar una identidad hispanista en la nación.
Esta mediación se evidencia en la iconografía oficial de Juan Pablo Duarte, la cual fue estilizada para modificar sus rasgos físicos hacia una estética europea.
Para la población negra y mulata del siglo XIX, la destrucción de la palma simbolizaba el retorno inminente a la esclavitud y la pérdida de la autonomía política.
El levantamiento armado en el sector de Los Minas surgió como una respuesta directa a la eliminación de estos iconos de libertad individual.
En el marco del Caribe decimonónico, la existencia de la palma diferenciaba el sistema dominicano de las colonias españolas que aún mantenían el régimen esclavista.
La preferencia de las clases dominantes por los símbolos hispánicos buscaba borrar la influencia de la cultura popular en la formación del Estado nacional.
Mella concluye que la historia dominicana debe ser reexaminada para rescatar las voces de los sectores populares que fueron silenciadas por el discurso oficial.
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