
La ribera del río Ozama, en el sector Nuevo Domingo Savio, presenta hoy una imagen distinta a la que durante décadas caracterizó esta zona de La Ciénaga. Donde antes predominaban viviendas levantadas en áreas vulnerables y calles de difícil acceso, ahora existen senderos, áreas recreativas y espacios abiertos que permiten a los residentes reencontrarse con el río.

La intervención urbana desarrollada por el Gobierno ha cambiado el entorno físico y la forma en que la comunidad utiliza este espacio. Familias, jóvenes y visitantes recorren diariamente la ribera, mientras pequeños negocios de comida aprovechan el aumento del flujo de personas para ofrecer pescado frito, frituras, bebidas y otros platos típicos con vista al Ozama.

Los comerciantes consultados aseguran que la presencia constante de personas ha generado mayor movimiento económico durante los fines de semana y las tardes, cuando muchas familias llegan para caminar o compartir.
Durante un recorrido realizado por ACENTO se observó un ambiente más organizado que años atrás. Residentes destacan que la iluminación, los espacios abiertos y la presencia de personas han contribuido a mejorar la percepción de seguridad en el área.
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También resaltan el trato cercano entre vecinos. Quienes visitan por primera vez el lugar encuentran personas dispuestas a orientar sobre los diferentes espacios del parque, los negocios o la forma de cruzar el río hacia Santo Domingo Este.
Sin embargo, la transformación no ha eliminado todos los problemas.


Los residentes consideran que la recuperación del espacio requiere una mayor conciencia ciudadana para conservar las áreas construidas y evitar que la contaminación vuelva a deteriorar el entorno.
Los yoleros mantienen una tradición de décadas


A pocos metros del parque continúa funcionando uno de los servicios más tradicionales del río Ozama: el transporte en yola entre ambas orillas.
Cada día decenas de personas cruzan el río utilizando pequeñas embarcaciones de madera que conectan La Ciénaga con el sector El Dique, en Santo Domingo Este. El recorrido toma apenas tres minutos y evita un trayecto por carretera que puede superar los 20 minutos.
Uno de esos trabajadores es Ruddy Camacho, quien lleva más de dos décadas realizando esta labor.
"Empecé en esto por necesidad. Era limpiabotas y un amigo me ayudó con una yola", recuerda.
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Camacho explica que actualmente el pasaje cuesta RD$35 por persona.
"En el 2002 el pasaje costaba RD$5. En el 2004 lo subimos a RD$10, en el 2005 a RD$20, en el 2006 a RD$30 y ahora cuesta RD$35″, explicó.
Aunque la tarifa ha aumentado con los años, los usuarios consideran que sigue siendo la opción más rápida y económica para cruzar el río.

Las jornadas comienzan temprano en la mañana y se extienden hasta la tarde. Los yoleros dependen del flujo diario de pasajeros para sostener a sus familias y mantienen un oficio que forma parte de la historia del Ozama.
Una transformación urbana










El proyecto Nuevo Domingo Savio nació para recuperar la ribera del río Ozama y trasladar a miles de familias que vivían en zonas de alto riesgo por las crecidas del afluente.
La intervención incluyó la construcción de espacios públicos, áreas deportivas, senderos peatonales, iluminación, parques y zonas de recreación que hoy forman parte del paisaje del sector.
Entre las obras más conocidas figuran el polideportivo, el parque La Ballena y el malecón peatonal, espacios que han convertido la ribera en un punto de encuentro para la comunidad.
A estos trabajos se suma el proceso impulsado por la Unidad para la Readecuación de Barrios y Entornos (URBE), que desarrolla nuevas etapas para la recuperación del margen oriental del río Ozama. El proyecto contempla estabilización de suelos, áreas recreativas, iluminación, paisajismo e infraestructura urbana, además de un plan de saneamiento ambiental para reducir la contaminación del afluente.
El desafío continúa siendo el río
Pese a los cambios visibles en el entorno, la contaminación sigue siendo uno de los principales desafíos. Diversos estudios han advertido que gran parte de los residuos plásticos que llegan al río Ozama terminan desembocando en el mar Caribe, afectando los ecosistemas marinos y la calidad ambiental de la ciudad.
Mientras la recuperación urbana avanza, los residentes coinciden en que el éxito del proyecto dependerá también del compromiso ciudadano para mantener limpios los espacios públicos y evitar que la basura vuelva a convertirse en parte del paisaje de una ribera que busca escribir una nueva historia.
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La comunidad apuesta por un nuevo comienzo
No todo está perdido. La transformación de Nuevo Domingo Savio también se refleja en su gente. Los residentes destacan que la recuperación de la ribera ha fortalecido la convivencia comunitaria y ha generado un ambiente más acogedor para quienes visitan el sector. La hospitalidad y el trato amable de los vecinos forman parte de la nueva dinámica que se observa en la zona.

Los espacios públicos recuperados son utilizados diariamente por familias, jóvenes y adultos para caminar, conversar o compartir en los negocios de comida ubicados frente al río. Esta presencia constante de personas ha contribuido a una mayor sensación de seguridad y orden en comparación con años anteriores, según expresan residentes y comerciantes.

Aunque la contaminación del río Ozama continúa siendo uno de los principales desafíos, los habitantes consideran que los avances alcanzados demuestran que la recuperación del sector es posible. Sostienen que mantener limpio el entorno y preservar las obras ejecutadas dependerá tanto de las instituciones como del compromiso de la propia comunidad.



EN ESTA NOTA
Ronny Francisco Cruz
Fotoperiodista
Fotógrafo profesional y fotoperiodista especializado en fotografía documental y narrativa visual. Actor y maestro de teatro. Interesado en contar historias humanas a través de la imagen.