Durante décadas, La Barquita fue uno de los asentamientos más vulnerables del Gran Santo Domingo. Sus habitantes convivieron con inundaciones recurrentes provocadas por las crecidas del río Ozama, viviendas improvisadas, condiciones de insalubridad y una exposición constante a situaciones de alto riesgo.

Para responder a esa problemática, el Estado dominicano desarrolló La Nueva Barquita, uno de los proyectos de reubicación urbana más importantes ejecutados en el país, concebido para trasladar a las familias que residían en las zonas más peligrosas y ofrecerles viviendas, servicios públicos y espacios comunitarios.

La iniciativa representó un cambio significativo para cientos de hogares que, durante años, perdían sus pertenencias o debían abandonar sus casas cada vez que las lluvias provocaban el desbordamiento del río. Sin embargo, casi una década después de su inauguración, el complejo enfrenta desafíos relacionados con el mantenimiento, la seguridad y la conservación de sus instalaciones.

Un proyecto concebido como modelo urbano y social

La Nueva Barquita fue desarrollada durante la administración del expresidente Danilo Medina, bajo la coordinación de la entonces Unidad Ejecutora para la Readecuación de La Barquita.

Posteriormente, la administración de diferentes componentes del proyecto quedó vinculada a la Unidad Ejecutora para la Readecuación de Barrios y Entornos (URBE).

El complejo fue inaugurado en 2016, en el municipio Santo Domingo Norte, sobre una extensión aproximada de 15 hectáreas.

El proyecto permitió reubicar alrededor de 1,400 familias y contempló la construcción de más de 1,700 unidades habitacionales, distribuidas en edificios de varios niveles.

Además de los apartamentos, fueron incorporados una escuela, un centro de salud, un destacamento policial, una iglesia, instalaciones deportivas, áreas recreativas, espacios públicos y obras de drenaje.

La propuesta fue presentada como un modelo de intervención urbana por combinar soluciones habitacionales con servicios sociales y programas comunitarios, en lugar de limitarse únicamente a la entrega de viviendas.

La reubicación redujo el riesgo de inundaciones

Uno de los principales efectos del proyecto fue la reducción del peligro que enfrentaban las familias asentadas en las márgenes del río.

Antes de la reubicación, numerosos hogares quedaban bajo el agua durante temporadas de lluvias intensas, tormentas y huracanes. Las inundaciones ocasionaban pérdidas materiales, desplazamientos temporales y riesgos sanitarios por la acumulación de agua contaminada y residuos.

Con el traslado a La Nueva Barquita, las familias beneficiadas pasaron a residir en apartamentos construidos en terrenos más seguros, con acceso a agua potable, energía eléctrica, saneamiento y otros servicios básicos.

El cambio también mejoró las condiciones sanitarias y redujo la exposición de niños, adultos mayores y personas con discapacidad a emergencias provocadas por las crecidas del río.

El deterioro de espacios comunes genera preocupación

Aunque la construcción del complejo significó una mejora considerable, con el paso de los años surgieron problemas relacionados con el mantenimiento de determinadas áreas comunes.

Residentes y organizaciones comunitarias han señalado períodos de deterioro en el parque y otros espacios recreativos construidos dentro del proyecto, así como una reducción de las actividades dirigidas a niños y jóvenes.

Entre las principales preocupaciones se encuentran la falta de mantenimiento de áreas verdes, el deterioro de instalaciones deportivas y la necesidad de reforzar la seguridad ciudadana.

También se ha planteado la importancia de aumentar la inversión en programas culturales, educativos, deportivos y de prevención de la violencia, especialmente para la población joven.

Para algunos residentes, el reto actual no consiste únicamente en preservar las viviendas, sino en garantizar el funcionamiento adecuado de todo el entorno urbano.

Entregar viviendas no garantiza la sostenibilidad

Los proyectos de reubicación requieren una gestión continua después de su inauguración. La entrega de apartamentos resuelve una parte importante del problema habitacional, pero no sustituye el mantenimiento de la infraestructura, la administración de los espacios públicos ni el fortalecimiento de la convivencia comunitaria.

Especialistas en planificación urbana y organismos como el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) han señalado que la sostenibilidad de estos proyectos depende de varios factores, entre ellos la participación comunitaria, el acceso permanente a servicios públicos y la conservación de las instalaciones.

También resultan esenciales la generación de oportunidades económicas, el acompañamiento social y la creación de mecanismos que permitan a los residentes participar en las decisiones relacionadas con el complejo.

Sin esas condiciones, los espacios públicos pueden deteriorarse, reducirse las actividades comunitarias y aumentar los conflictos relacionados con la seguridad, la convivencia y el uso de las áreas compartidas.

Un referente que todavía necesita atención

La Nueva Barquita continúa siendo uno de los principales referentes nacionales sobre la transformación de asentamientos ubicados en zonas vulnerables.

El proyecto demostró que es posible trasladar comunidades expuestas a inundaciones y ofrecer soluciones habitacionales acompañadas de escuelas, centros de salud y espacios recreativos.

No obstante, su evolución también evidencia que una obra pública no termina con su inauguración. Mantener sus resultados requiere inversión, supervisión institucional, organización comunitaria y políticas sociales permanentes.

Casi una década después, el principal desafío consiste en evitar que el deterioro de los espacios comunes reduzca los beneficios alcanzados por las familias reubicadas.

La Nueva Barquita cambió las condiciones de vida de miles de personas y disminuyó considerablemente su exposición a las inundaciones. Ahora, el reto es preservar ese avance y garantizar que el proyecto continúe funcionando como el modelo urbano y social que prometió ser.

Por: Mally Ogando

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