En su primera entrevista extensa como presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, el obispo de San Francisco de Macorís sorprendió con una autocrítica inédita: la Iglesia dominicana no cuenta con suficientes hogares de acogida para mujeres violadas ni para los hijos nacidos de esas circunstancias, como en otros países. "Nos hemos descuidado", admitió. Y eso, dijo, es una deuda que la institución tiene pendiente con las mujeres dominicanas.

Monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera llegó a la presidencia de la Conferencia del Episcopado Dominicano en un momento que él mismo describe como de alta tensión institucional: elecciones nacionales en el horizonte, "una reforma fiscal que no termina de cuajar", un Código Penal que lleva 27 años en debate y una sociedad que, según su diagnóstico, se está quedando sin paciencia y sin cordura.

Exrector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, obispo de la diócesis que cubre San Francisco de Macorís, Nagua, Cabrera y Samaná, De la Cruz Baldera no es un prelado de perfil bajo. Y lo demostró en la entrevista extensa en el programa Mirada Femenina, donde habló con una franqueza poco habitual en la jerarquía eclesiástica dominicana: reconoció que la Iglesia tiene deudas con las mujeres, matizó la postura institucional sobre las tres causales del aborto, se mostró abierto a incluir educación sexual en el currículo escolar y disparó un diagnóstico sobre las redes sociales que resume en una sola frase: "Estamos viviendo el síndrome del like".

Julio sangriento: 40 homicidios y dos feminicidios en 15 días solo en Nagua

El punto de partida de la conversación fue realista en su concreción. Más de 40 homicidios en los primeros días de julio en todo el país, según datos de las autoridades de seguridad. En la provincia María Trinidad Sánchez —la diócesis que encabeza De la Cruz Baldera, conocida como tierra del merengue y la bachata—, siete personas fueron asesinadas en apenas 15 días. Dos de ellas, en feminicidios.

"Una gran preocupación que noto es la cantidad de homicidios que han habido durante estos meses", admitió el obispo, quien el pasado domingo, antes de la entrevista, había celebrado una misa en Nagua donde habló directamente del tema con los feligreses.

Para De la Cruz Baldera, la violencia tiene raíces múltiples y entrelazadas: la cultura de la inmediatez, la presión económica que obliga a muchas familias a sostener tres o cuatro trabajos, la falta de espacios públicos amigables, el miedo colectivo que encierra a la gente en sus casas y una comunicación que, en sus palabras, "a veces fomenta la violencia y enaltece el mal comportamiento cívico".

Puso un ejemplo concreto y cotidiano: un hombre que mata a otro en San Francisco de Macorís porque creyó que se le adelantó en una fila. "¿Qué le hubiese costado decir, bueno, pase?", preguntó. Y contó su propia experiencia: alguien se le adelantó en una fila institucional, él guardó silencio, y cuando el guardia reveló que era el obispo, el infractor fue a pedirle disculpas. "Yo le dije que no debía disculparse porque yo sea obispo, es porque soy persona", subrayó.

La verdad incómoda sobre la seguridad: "Se fueron los delincuentes por la vuelta a México"

El obispo también abordó el fenómeno del miedo colectivo: la percepción generalizada de inseguridad que lleva a las familias a no salir de sus casas, incluso en barrios que objetivamente son seguros. "No pongamos que todos son inseguros", dijo, y relató cómo sus propios vecinos se escandalizaron al verlo caminar solo dos cuadras de noche para visitar a una familia.

Pero fue más lejos. Con una honestidad que sorprende viniendo de un alto prelado, De la Cruz Baldera señaló que parte de la reducción de la criminalidad en zonas como San Francisco de Macorís no se debe exclusivamente a políticas públicas exitosas, sino a un fenómeno migratoriomuchos delincuentes emigraron hacia México y Estados Unidos a través de la ruta irregular conocida como "la vuelta a México".

"Hay que ser claro y transparente. Se fueron muchos de las personas que eran delincuentes. No hubo política pública que hiciera una contingencia real ante la delincuencia. Hubo intentos, pero no fueron suficientes", afirmó, en un señalamiento directo al Estado que contrasta con el discurso oficial sobre los logros en materia de seguridad.

Al mismo tiempo, valoró un programa de mediación de conflictos que su diócesis impulsó junto al Ministerio de Interior y Policía y la Procuraduría General de la República, con participación de juntas de vecinos, líderes comunitarios, jóvenes y estudiantes. "Tres cortes de formación de líderes en resolución de conflicto, y eso ha ayudado bastante", afirmó.

Feminicidios y masculinidad: "Ahí comienza el control"

Cuando la conversación giró hacia los feminicidios y los casos recientes de violaciones grupales, De la Cruz Baldera no esquivó el tema. Señaló a la educación —en la familia, en la escuela y en los medios— como el eje central del cambio cultural necesario.

"La forma como educamos al varón tiene que cambiar", dijo, y recordó cómo en su generación era común que a un niño desnudo no se le dijera nada, mientras que a una niña se le reprendía por mostrar el cuerpo. "Ya ahí empieza la violencia y la cultura violenta", señaló.

El obispo también alertó sobre las señales tempranas de violencia en el noviazgo: el control del teléfono, la revisión de mensajes, las restricciones sobre la ropa. "Ahí comienza el control. Tenemos que hacer que la mujer tome conciencia de detectar a tiempo esas señales de ese hombre posesivo, de ese hombre que cree que la mujer es un objeto de satisfacción sexual y nada más".

Sobre la posibilidad de incluir educación con perspectiva de género en el currículo dominicano —una medida que sectores de la Iglesia han resistido históricamente—, De la Cruz Baldera marcó una distinción importante: la Iglesia no se opone a la educación sexual ni a enseñar la complementariedad entre hombres y mujeres. Lo que genera resistencia, explicó, es la "ideologización" del término "género" en ciertos movimientos.

"Si hay palabras que definen bien una situación, ¿por qué no usarla?", preguntó, y se mostró abierto a sentarse a dialogar durante su presidencia del Episcopado para avanzar en ese tema dentro del currículo. Incluso citó al Papa Francisco: "El mismo Papa reconoció el aporte que dan los movimientos feministas en el mundo de hoy. Gracias a ellos se está hablando de que la mujer no es un objeto, sino un sujeto".

"El síndrome del like": los medios como principal educador —y como amenaza

Uno de los pasajes más contundentes de la entrevista fue el diagnóstico que hizo De la Cruz Baldera sobre las redes sociales y la desinformación. "Estamos viviendo el síndrome del like", afirmó, y describió cómo personas buscan fama a través del morbo, de denuncias sin fuentes y de contenidos que enaltecen la violencia.

"Hay gente que busca hacerse famoso y cuando no encuentra cómo hacerlo por la parte normal, acude al morbo. Afirman que tienen fuente segura cuando no tienen ninguna. La fuente son ellos", dijo.

El obispo citó el mensaje del Papa León XI a los comunicadores del mundo: "Detrás de cada palabra hay un rostro, y detrás de cada rostro hay una voz, la cual hay que respetar". Y fue categórico: los medios de comunicación son hoy el principal educador de los niños, por encima de la familia y la escuela. "En vez de ponerle el chupete, le ponen el celular", graficó.

Fue también explícito sobre la distinción entre error, falsedad y mentira en el ejercicio periodístico: "El error es algo que uno comete y puede corregir. La falsedad es cuando afirmo el error. La mentira es cuando lo sigo afirmando sabiendo que es falso". Una taxonomía que, en el contexto dominicano actual, debe llamar a reflexión directa a varios actores del ecosistema mediático.

Las tres causales: "La Iglesia jamás ha dicho que se mueran los dos"

En uno de los momentos más esperados de la entrevista, De la Cruz Baldera fue consultado sobre si la Iglesia estaría dispuesta a reunirse con el movimiento de mujeres para abordar el tema de las tres causales del aborto, en el marco del debate sobre el nuevo Código Penal.

Su respuesta fue de apertura al diálogo, pero con una posición doctrinal clara. "Como Iglesia no podemos negarnos a ningún diálogo con ningún sector de la vida nacional", dijo. Sin embargo, explicó la distinción que hace la institución entre aborto —definido como la interrupción intencional del embarazo para eliminar al feto— e interrupción del embarazo por causas médicas que ponen en riesgo la vida de la madre, amparada en el principio teológico del "doble efecto", formulado desde la escolástica medieval.

"La Iglesia jamás ha dicho que se mueran los dos. Eso jamás", subrayó. Pero también reconoció el temor institucional de que una apertura legal sea aprovechada de forma abusiva en un país donde, dijo, "las leyes no son tan buenas".

Sobre la violación y el incesto, fue directo: "Son pecado gravísimo. Pero nosotros como Iglesia decimos: no podemos a un dolor añadirle otro dolor". Y ahí llegó la autocrítica más llamativa de toda la entrevista.

La autocrítica que nadie esperaba: "No lo tenemos"

Ante la pregunta de qué propuesta concreta tiene la Iglesia para garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, De la Cruz Baldera respondió sin rodeos: la Iglesia dominicana no tiene casas de acogida para mujeres víctimas de violación ni para los hijos nacidos bajo esas circunstancias, como en otros países.

"¿Cuántos centros tenemos nosotros de acoger madres que han sido violadas? No lo tenemos. ¿Cuántos hogares de acogida de niños nacidos bajo esas circunstancias tenemos en la Iglesia dominicana? No lo tenemos. Como Iglesia dominicana nos hemos descuidado un poquito de eso", admitió.

La declaración es significativa: la Iglesia dominicana ha sido uno de los actores más activos en la oposición a las tres causales del aborto durante décadas. Que su máxima autoridad reconozca públicamente que la institución no ofrece alternativas concretas a las mujeres en situación de vulnerabilidad es, cuando menos, una fisura en el discurso oficial.

De la Cruz Baldera llamó a construir esa red de apoyo como condición necesaria para sostener la postura institucional con coherencia: "Tiene que haber personas, manos amigas que le digan: ven, ten tu niño, que nosotros vamos a ayudarte a asumir esa responsabilidad".

Una luz para RD hoy: "Volver al recogimiento espiritual"

Al cierre de la entrevista, De la Cruz Baldera dejó un mensaje que sintetiza su visión pastoral para los próximos tres años al frente del Episcopado: "Nuestro país necesita volver al recogimiento espiritual. Ante las situaciones adversas, recordar que somos personas, que el mundo continúa. Buscar siempre la paz. Pero para esto necesitamos primero vivir en paz con nosotros mismos".

Dos o tres minutos al día de silencio y reflexión, propuso. En un país donde, según él mismo describió, la gente acelera cuando ve una direccional puesta, eso ya sería un comienzo.

Vea la entrevista completa

https://youtu.be/YnIWilZcjcs

Indhira Suero y Elvira Lora

Periodistas

Periodistas y conductoras de Mirada Femenina, matutino de Acento TV; de lunes a viernes a las 7:00 a.m.

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