Hablar de una bebida alcohólica recién lanzada en un mercado competitivo —donde suelen imponerse las cifras de venta, el volumen del capital invertido y el relumbrón de las figuras mediáticas— podría prestarse a la confusión de un anuncio disfrazado de contenido informativo. Pero no es el caso.
Ron Ozama, proyecto de comercio legítimo impulsado por David Ortiz, rebasa con claridad el propósito estrictamente mercantil. Se eleva hacia la conciencia ambiental, se ancla en una memoria de infancia compartida con el río Ozama y asume el desafío de contribuir a la solución de un problema que nos concierne a todos.

El lanzamiento de Ron Ozama, más allá de introducir una nueva marca nacional de bebida alcohólica, se concibe como una iniciativa con vocación social y ambiental.
El proyecto contempla beneficiar directamente al río que le da nombre mediante aportes financieros a programas de limpieza y rescate, acciones de sensibilización ciudadana y la creación de alianzas entre el sector privado y las autoridades responsables del medio ambiente.
David Ortiz, creador y rostro del proyecto, ha revelado que cerca del 2 % de las ganancias será destinado de manera específica a respaldar esfuerzos de limpieza y recuperación del río Ozama.

Esta contribución puede traducirse en fondos para programas de remediación ambiental —como la extracción de basura y residuos de las aguas y sus riberas— así como en iniciativas comunitarias orientadas a la conservación de este cauce vital.
Ortiz indica que la intención es enfrentar la grave contaminación que sufre el río y, al mismo tiempo, complementar las iniciativas públicas ya en marcha, siempre bajo criterios de transparencia, efectividad y alianzas responsables que garanticen el uso correcto de los recursos.
El nombre Ron Ozama persigue, además, elevar la conciencia pública sobre la importancia del río Ozama como patrimonio natural, histórico y cultural de la nación. Busca movilizar a consumidores y ciudadanos para que se interesen activamente en su preservación, un objetivo clave si se considera que buena parte de la contaminación proviene de prácticas cotidianas arraigadas en comunidades urbanas y barrios aledaños a su cuenca.
El ron toma su nombre del emblemático río Ozama y es elaborado con caña de azúcar dominicana. Está destilado, fermentado y añejado íntegramente en el país, con un mínimo de un año en barricas de roble. Ron Ozama cuenta con la denominación de origen “Ron Dominicano”, garantía de que todo su proceso de producción se realiza dentro de la isla y bajo los estándares que distinguen esta tradición.
Se trata de un ron premium 100 % dominicano, producido artesanalmente en San Pedro de Macorís con caña de azúcar local y disponible en tres variedades: Blanco, Añejo y Gran Añejo. Su propuesta busca realzar la calidad del ron nacional y, al mismo tiempo, vincular esa excelencia con un compromiso tangible a favor del medio ambiente.
El nombre vuelve a honrar al río Ozama como espacio esencial en la infancia de Ortiz, reforzando el vínculo entre memoria personal, conciencia ambiental y orgullo nacional. La elaboración es artesanal, con una fórmula de alta gama que reduce los niveles de azúcar para lograr mayor exquisitez.
Las variedades se distinguen por su carácter: Blanco, fresco y vibrante, ideal para cócteles; Añejo, equilibrado, con notas de vainilla, caramelo y frutos secos; y Gran Añejo, robusto y profundo, con aromas a madera y un final prolongado.
Fue lanzado oficialmente en la República Dominicana en mayo de 2025, luego de su presentación en Boston. La página web del producto ofrece amplia información sobre su historia y características.https://drinkozama.com/es
Ron Ozama se presenta, así, como una marca de ron premium que conjuga tradición, calidad y compromiso social, impulsada por la figura de David Ortiz, quien resume el espíritu del proyecto al afirmar: “La alegría pura de nuestro país se encarna en cada sorbo artesanal. Desde los campos de caña de azúcar, pasando por la línea de producción, hasta las instalaciones y el embotellado, Ozama es un producto dominicano de cuyas raíces estamos orgullosos”.
Y añade: “Se inspira en los muchos días que, cuando era pequeño, pasaba por el río pescando, nadando, atrapando jaibas. El envase es atrevido, el sabor suave y el espíritu, alegre”.
Sostiene, además, que “quería construir algo que celebrara la energía y el alma de la gente, que mostrara al mundo de qué estamos hechos. Para mí siempre ha sido importante hacer las cosas bien y, por eso, esta obra de amor ha sido uno de los proyectos más gratificantes de mi carrera”.
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