Por la corresponsal de RFI en Pekín

Xi Jinping desea crear un espacio de cooperación en torno a la inteligencia artificial abierta. Los once países miembros podrían desarrollar y utilizar conjuntamente grandes modelos de lenguaje, es decir, las tecnologías en las que se basan herramientas como ChatGPT.

Pekín también ofrece capacitación, seminarios y la acogida de jóvenes especialistas provenientes de economías emergentes.

Por el momento, esta “zona de código abierto” sigue siendo sobre todo una declaración de intenciones: no se ha anunciado ningún calendario, ni financiamiento, ni proyecto concreto. Tampoco se menciona explícitamente en la declaración conjunta adoptada durante la cumbre.

No obstante, la propuesta le permite a China posicionarse como proveedor de tecnologías y conocimientos para los países del Sur.

Modelos más accesibles y adaptables

Un modelo de inteligencia artificial de código abierto pone a disposición algunos de sus elementos técnicos. De esta manera, una empresa, una universidad o incluso un Estado puede descargarlo, adaptarlo a su propio idioma y utilizarlo sin tener que empezar desde cero.

Con un modelo cerrado, por el contrario, el usuario solo tiene acceso al servicio que ofrece la empresa que lo controla.

Para China, este enfoque constituye una forma de competir con los grandes grupos estadounidenses al ofrecer herramientas menos costosas y más fáciles de adaptar a las necesidades locales. De este modo, Pekín presenta su modelo como más abierto e inclusivo.

Sin embargo, esta cooperación puede generar nuevas dependencias hacia las empresas, los servidores o las tecnologías chinas. Por lo tanto, la apertura de los modelos no significa necesariamente una autonomía tecnológica completa para los países que los utilizan.

La seguridad de la IA, en el centro de la rivalidad entre China y Estados Unidos

El anuncio chino se produce en un momento en que varios líderes estadounidenses del sector de la inteligencia artificial piden que se frene su desarrollo. El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, respaldado sobre todo por Sam Altman y Elon Musk, considera que estos sistemas avanzan demasiado rápido como para que sus riesgos puedan controlarse adecuadamente.

Pero ninguna empresa quiere frenar por su cuenta y correr el riesgo de que sus competidores la superen. En Estados Unidos, Donald Trump también se niega a ceder terreno a China en esta carrera tecnológica.

El enfoque chino complica aún más el debate. Cuando se difunde un modelo abierto, se vuelve más difícil impedir su modificación y su uso con fines maliciosos, especialmente para llevar a cabo ciberataques.

La seguridad de la inteligencia artificial se vuelve así inseparable de la rivalidad entre Pekín y Washington. Estados Unidos quiere mantener su ventaja tecnológica, mientras que China promete a los países del Sur un acceso más amplio a esta tecnología. Cada uno busca así imponer su visión e influir en las futuras reglas globales de la IA.

RFI

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