“El sentimiento en este momento es profundamente complejo. Es una mezcla intensa de alivio, shock y tristeza… nuestros cuerpos están aquí, pero nuestras mentes y nuestros corazones siguen allí, en Gaza”, explica Duha, de 32 años, que lleva apenas tres semanas en París. Ella es una de las 13 artistas y científicos gazatíes que llegaron a finales de agosto.
“En diez años hemos acogido a 600 científicos y 150 artistas que han tenido que huir de sus países por amenazas personales o por situaciones de conflicto generalizado”, explica la franco-colombiana Laetitia Braconnier Moreno, responsable de selección y recepción de los científicos y artistas del programa Pause.
“El programa funciona gracias a la movilización de científicos y responsables de centros culturales que quieren apoyar a personas que necesitan exiliarse. Es realmente una solidaridad entre pares”, resalta Braconnier. Un programa al que también se han acogido personas de Latinoamérica como venezolanos, por la situación política, o brasileños amenazados por su actividad en la Defensa del territorio.
Narrar lo indescriptible
El proyecto de Duha es finalizar un libro 'Voces desde debajo de los escombros' que está escribiendo sobre su experiencia de la guerra. Una especie de archivo. “Quería crear un archivo para las generaciones futuras, un archivo en el que nuestras historias queden preservadas y nunca sean olvidadas. Nosotros no somos cifras pasajeras que solo aparecen en la franja de noticias”, explica.
“La realidad en Gaza es extremadamente dura; va más allá de lo que cualquier lenguaje puede describir, y a veces incluso yo misma no encuentro las palabras para describir lo que vivimos”, afirma Duha Abd Allatif.
Parón en las evacuaciones
En el caso de Gaza, la situación desborda todo lo conocido: “Es la primera vez que pasa que tengamos tanta dificultad para ayudar a las personas seleccionadas en el programa a llegar (…) la gente está bloqueada en Gaza, no puede salir y entonces se necesita organizar evacuaciones”, explica Braconnier.
Tras la polémica con una estudiante gazatí de Sciences Po Lille, las autoridades añadieron “controles de seguridad suplementarios”, lo que ha generado “una larga espera” mientras, recuerda Braconnier, “la mayoría de las infraestructuras ya no existen, las 13 universidades han sido destruidas, 80% de las escuelas. La situación hoy en día es dramática”, agrega.
La guerra multiplicó la carga de las mujeres
Antes de la guerra llevaba una vida “ligeramente estable” como profesora y trabajadora comunitaria con mujeres, intentando “construir mejores opciones para las personas con las que trabajaba”. Después, todo se reduce a sobrevivir: “Todo en Gaza se derrumbó. […] Hicimos muchos esfuerzos para ayudar a las personas que nos rodeaban, pero tu trabajo pasa de ser ayuda comunitaria a protección personal. Solo intentas salvar a quienes quieres”.
Sobre las mujeres de Gaza, Duha cuenta que ya tenían roles importantes, pero la guerra multiplicó su carga. “La mujer tiene que ser maestra, porque no hay profesor de escuela para sus hijos; tiene que ser doctora y también terapeuta. Ahora las mujeres enfrentan responsabilidades mucho más difíciles”, explica.
Aunque PAUSE se concibió como una “pausa”, Laetitia Braconnier reconoce que muchas personas no podrán volver y que el programa se convierte en “una etapa para integrarse finalmente en Francia”.
"Gaza es un lugar no apto para que los seres humanos puedan vivir"
Preguntada por el retorno, Duha resume la contradicción entre deseo y realidad: “Me gustaría, de verdad volver, pero quiero regresar a la Gaza que existía antes de la guerra, al lugar donde pueda vivir con mis hijos con seguridad y dignidad”.
Hoy, dice, “Gaza es un lugar que no es apto para que los seres humanos vivan en él”, pero aun así mantiene una esperanza mínima: “A veces solo debes dejar la puerta del retorno abierta, aunque no sepas si algún día podrás cruzarla”.
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Un programa coordinado por Florencia Valdés, realizado por Hadrien Toureaud y Yann Bourdelas.
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