“De familia de mi papá, yo estoy sola. Y lo estamos buscando, pero no aparece todavía. Por la lista de las familias, faltan 28 todavía en el edificio”, dice a RFI Angely León.
En la zona cero de desastres, donde más muerte dejó el doble terremoto en Venezuela hace dos meses, la búsqueda de cuerpos no termina.
Angely León todavía busca a su padre. Viajó casi 600 kilómetros desde Monagas hace 60 días, poniendo su vida en pausa.
"Todos los lunes me estoy yendo, porque es fuerte uno vivir con eso de que no encontró su familiar. Cuando lo encuentre, me voy”, explica a RFI.
Francisca Muñoz espera por el cuerpo de su sobrino. “Ya lo que hay es huesos. Lo que digo es que tengo que encontrarlo para poder tener paz", dice.
Por parte, Aura Marina Medina busca a su pareja. “Estoy aquí hasta lo último: hasta después de encontrarlo, sacarlo y darle sepultura al lado de su mamá, seguiré apoyando”.
José Pulido es rescatista voluntario. Ha trabajado en tres edificios derrumbados y sacado decenas de fallecidos sin pausa.
“Aquí lo que hay que buscar es cadáver, y ayudando a la familia para que vayan a descansar”, cuenta Pulido.
En otros puntos, el transporte público se ha reactivado, y algunos comercios, de los pocos que quedaron en pie, han comenzado a abrir, aunque las ventas sean mínimas.
“Se paran, y me dicen si les puedo vender una cerveza, como si fuera un pecado. El estado está satanizado". Del 100% que se hacía, Lorena Valdez calcula que se está haciendo un 20%.
“Yo paso aquí todo el día para vender un refresco, un agua. Al no estar permitidas las playas, esto está solo”, relata Celina da Silva.
"Tenemos que buscar otro medio para ir sobreviviendo”
La normalidad está muy lejos. La Guaira perdió 80% de su actividad económica, sus playas están vacías, el aeropuerto apenas está retomando actividades y el luto todavía embarga a un sinfín de empresas y comercios.
“Abajo la infraestructura, los módulos, todo se cayeron. La mayoría trabajábamos en la parte playera, pero tenemos que buscar otro medio para ir sobreviviendo”, dice Daneska Rodríguez.
6.438 es la cifra oficial de muertos por el doblete sísmico. Y es solo un número pues no hay una lista centralizada de quienes fallecieron. Tampoco es un dato certero sobre cantidad de desaparecidos, que sobrepasan las 1.500 según un cálculo preliminar del gobernador de La Guaira.
El gobierno venezolano ya mira hacia adelante. Los reportes han pasado de ser diarios a ser semanales, y en ellos ya también dejaron de incluirse cantidades de damnificados. El último dato fue de 18.000.
Ahora, las autoridades se concentran en mostrar que han entregado 335 viviendas a personas que quedaron sin hogar, que han evaluado la habitabilidad de 59.000, y que han recogido medio millón de toneladas de escombros, mientras avanza la construcción de nueva infraestructura, mientras se van realizando demoliciones controladas de estructuras desahuciadas.
En La Guaira, como en Caracas y otras zonas de Venezuela, todavía se sienten réplicas, y el miedo no deja de estar presente.
Pero también otros sentimientos, algunos de ellos tatuados por la respuesta gubernamental a la emergencia de aquel 24 de junio.
“Pero como hubo tanta dejadez, eso lo que da es rabia, dolor e impotencia. No se puede sentir otra cosa sino decepción, por la mala acción hasta del mismo gobierno", opina Aura Marina Medina.
Compartir esta nota