Este caso pone de manifiesto la batalla tecnológica entre Washington y Pekín, así como el papel estratégico que desempeña Taiwán en la guerra por el control de la inteligencia artificial.
"Taiwán es el escudo de silicio", explica Robyn Klingler Vidra catedrática en Economía Política en el Kings College de Londres. "En el procesamiento de IA, Taiwán concentra el 90 % de los chips más avanzados, principalmente a través de la empresa TSMC", agrega.
Los servidores, que son fabricados por la empresa estadounidense Super Micro y contienen chips B300 de Nvidia, pueden concentrar una enorme capacidad de cálculo, indispensable para entrenar y hacer funcionar modelos avanzados de inteligencia artificial.
Precisamente por este potencial tecnológico y militar, Estados Unidos restringe desde 2022 la exportación a China de los chips de IA más avanzados. Pero, según la Fiscalía taiwanesa, los nueve acusados habrían tratado de esquivar esas restricciones para obtener importantes beneficios económicos.
El supuesto fraude consistía en hacer pasar los servidores como destinados a instalaciones en Taiwán: de los 130 servidores investigados, 74 acabaron llegando a clientes chinos.
"Estos no son ordenadores corrientes porque contienen procesadores avanzados que proporcionan la capacidad de computación necesaria para entrenar y operar los sistemas de IA más sofisticados. Por eso, cada vez más gobiernos, como el estadounidense y el chino, consideran el acceso a esa capacidad de computación una cuestión de seguridad nacional, así como de poder y seguridad económica", añade la especialista.
Al imponer restricciones, el objetivo de Estados Unidos busca poner en dificultad a China, para que le resulte más costoso a Pekín "desarrollar capacidades de IA de punta".
Washington, entre tanto, intenta limitar el acceso chino a los chips más avanzados y Taiwán refuerza sus propios controles para evitar que esta tecnología termine en manos de China.
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