El viaje oficial de tres días a China es delicado porque Keir Starmer debe conseguir una importante inversión financiera para recuperar su economía sin enfadar a Donald Trump. El viaje se produce días después de que Trump amenazara al primer ministro canadiense, Mark Carney, con imponerle aranceles del 100% si firmaba un acuerdo comercial con China.
Starmer viaja a China con una delegación con los representantes de las 60 principales empresas del país como el banco HSBC, la firma automovilística Rolls-Royce, la petrolera BP o el gigante hotelero IHG. Esto podría ser visto por Trump como una amenaza a la política de aislamiento que quiere imponer a China.
Las relaciones con Trump ya están bajo mínimos después de la oposición de Starmer a su deseo de controlar Groenlandia.
Es el primer viaje de un primer ministro británico a China desde 2018. Las relaciones entre los países están rotas desde que Reino Unido ofreció la nacionalidad británica a millones de hongkoneses, el veto tecnológico y las acusaciones de espionaje.
Starmer acaba de aprobar la megaembajada china e Londres en gesto de buena voluntad, algo que no ha gustado a Trump.
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